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Novela

Ian McEwan: Lo que podemos saber

domingo 13 de septiembre de 2026, 22:20h
Ian McEwan: Lo que podemos saber

Traducción de Eduardo Iriarte Goñi. Anagrama, 2026. 384 páginas. 21,90 €. Libro electrónico: 11,99 €. El escritor británico, cerca de los ochenta años, demuestra que no ha perdido ni un ápice de su talento narrativo, Nos regala una tan singular como fascinante distopía

Por Carmen R. Santos

Mucho, y bueno, se ha escrito en el género distópico, desde títulos clásicos como, entre otros, Un mundo feliz, de Aldous Huxley, 1984, de George Orwell, Fahrenheit 45, de Ray Bradbury, y la muy celebrada El cuento de la criada, de Margaret Atwood, centrada en la opresión a las mujeres, hasta más recientemente, La constelación del perro, de Peter Heller, llevada a la pantalla por Ridley Scott.

Ahora nos llega Lo que podemos saber, de Ian McEwan (Aldershot, Reino Unido,1948), uno de los nombres más extraordinarios del british dream team, como los denominó su editor en español, Jorge Herralde, y que cuenta con figuras como las de Julian Barnes; Martin Amis. o Kazuo Ishiguro.

En Lo que podemos saber, McEwan nos propone una tan singular como fascinante distopía, que sitúa en un mundo postapocalíptico de 2119, tras un devastador accidente nuclear y un poderoso tsunami, que, entre otras consecuencias, han producido grandes zonas inundadas. Millones de personas, en el llamado “Desarreglo”, han emigrado de África a varios lugares de Europa, y Nigeria se ha convertido en un país hegemónico.

En este escenario, el investigador y profesor Thomas Metcalfe, especialista en literatura desarrollada entre 1990 y 2030, se obsesiona en realizar exhaustivas pesquisas en torno a lo que ocurrió en la Segunda Cena Inmortal, acaecida en 2014, y así llamada en referencia a la Primera Cena Inmortal, que reunió en 1817 a excelentes poetas, entre otros, William Wordsworth, John Keats y Charles Lamb. Para las investigaciones sobre la Segunda Cena indagada por Metcalfe, McEwan se ha inventado un poeta, Francis Blundy, quien convocó un encuentro para leer a los asistentes ‘Una Corona para Vivean’, un emotivo poema de amor formado por varios sonetos en honor y homenaje a su esposa, Vivien, a quien se lo regaló con motivo de su cumpleaños. Apunta McEwan que la novela tuvo su origen en ‘Marston Meadows. A corona for Prue’, ‘Los prados de Marston. Una corona para Prue’, poema del británico John Fuller durante la pandemia, escrito a raíz de sus sesenta aniversarios de boda.

La cuestión es que la pieza poética elaborada por Francis Blundy, que se supone maravillosa, y leída en esa Segunda Cena Inmortal ha desaparecido y no se conserva ninguna copia. Así, Thomas Metcalfe se traslada el 20 de mayo de 2119 a la existente en la realidad Biblioteca Bodleiana de Sonowdonia, donde se custodian millones de documentos. Aunque McEwan la cambia de lugar en la ficción para ubicarla en las montañas galesas y se accede a ella mediante un funicular. Precisamente en ese viaje comienza su relato Metcalfe, que es el narrador en primera persona de la primera parte de Lo que podemos saber.

El investigador está convencido de que su labor proporcionará datos reveladores sobre el pasado y muy especialmente en torno a la relación de Blundy con su mujer, preguntándose por qué no se conserva el poema e incluso si escondía algún mensaje cifrado. Y piensa que “La Corona era más hermosa por no ser conocida. Como el juego de luces y sombras en las paredes de la caverna de Platón, mostraba a la posteridad la forma pura, el ideal de toda poesía”. A Thomas Metcalfe le acompaña su colega y después pareja Rose Church, que mantiene una postura distinta.

Thomas Metcalfe se sumerge en archivos digitales, en toda la información que se aloja en internet y comenta: “La investigación histórica prolongada es un baile con desconocidos que he llegado a querer, y todavía faltan dos invitados por llegar”. Pero llega a la conclusión de que la Red más que otra cosa brinda especulaciones y además, dada la situación, quizá pueda colapsar. En la Biblioteca Bodleiana encuentra el diario de Vivien, la mujer de Francis Blundy, a la que iba dirigido el poema desaparecido. Y en él, una clave esencial para acceder ¿al poema? Lo que hallan Thomas Metcalfe y Rose Church no es tal, sino un valiosísimo y significativo documento, dentro de una caja de acero enterrada en un bosque. Este documento fue escrito por Vivien Blundy, lo conocemos en la segunda parte del libro, y otorga un giro sorprendente a la historia. Y esta ahí puedo leer.

Asuntos de máxima actualidad, como el cambio climático, o la Inteligencia Artificial – recordemos su Máquinas como yo-, surcan las páginas de una obra que nos plantea grandes interrogantes, algo habitual en McEwan, pues quizá solo alcanzamos “lo que podemos saber”, quizá no es posible conocer la verdad, ni mucho menos comprender en toda su complejidad al otro, quizá todos somos narradores no confiables, aunque sí parece claro que detrás de lo que se quiere hacer pasar por bellas historias, como ese poema de amor de Francis Blundy a su esposa, se agazapan pasiones humanas, muy humanas, y hasta mezquindades y miserias.

Con resonancias de Pálido fuego, de Nabokov y del propio McEwnan en su genial Expiación, el escritor británico, cerca de los ochenta años, demuestra que no ha perdido ni un ápice de su talento narrativo. Nos regala una obra que se puede disfrutar como una novela filosófica y de ideas, metaliteraria, de suspense… y con su punto de retranca: ‘Lector interesado, haga el favor de tener en cuenta que no hay nada relacionado con esta novela enterrado en ninguna parte”, leemos en una ‘Nota del autor”. Entren al universo McEwnan. No se arrepentirán.

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