Pedro Sánchez no encuentra una fecha favorable para convocar las elecciones. Ahora, el PSOE se hundiría sin remisión. Y si espera demasiado, quizás el resultado sería aún peor. Según todas, absolutamente todas las encuestas rigurosas e independientes, el PP obtendría una holgada victoria y con la suma de los escaños de Vox, superaría los 200 diputados. Los socialistas alcanzarían con dificultad los 100 asientos en el Congreso. Y el declive de sus socios también parece imparable.
El desastre de la gestión de la invasión de Ceuta y su inadmisible pasividad vacacional parecen ser su tumba política. Demasiadas mentiras, demasiada violencia en las calles de la ciudad autónoma y demasiada impotencia y desinterés para expulsar, como prometió el Gobierno, a las decenas de miles de inmigrantes que siguen deambulando por las calles, desatando altercados, atacando al Ejército, ocupando las playas con sus chabolas y desesperando a los vecinos. La situación empeora cada día. Y el PSOE se desangra en toda España por la imposibilidad de ocultar la catástrofe humanitaria que ha provocado su inacción, incompetencia, cobardía y complicidad con Marruecos.
Hasta ahora, hasta el rejonazo del Tribunal Supremo suspendiendo la ley de nietos, el Gobierno confiaba en contar con los votos de los descendientes de los exiliados para revertir la situación. Sánchez y Bolaños presionan a la desesperada para que el Alto Tribunal resuelva pronto y permita que el pucherazo siga su curso. También esperaba el Gobierno que sonara la flauta para aprobar los presupuestos, lo que sería un hito en su legislatura. Pero esa flauta está oxidada. El dilema, pues, resulta imposible de resolver. El presidente y su partido están en un atolladero. No hay esperanzas de encontrar una fecha electoral que le permita mantener el poder.
Nunca hay que descartar que guarde un as en la manga. Pero esa carta le obligaría a agujerear la Constitución e inventarse una excusa para prolongar sine die la legislatura mediante una suerte de estado de excepción y aferrarse al poder suspendiendo la convocatoria electoral. O, peor, terminar de desguazar la Carta Magna y poner en marcha un proceso constituyente para cambiar el régimen basado en la Monarquía Parlamentaria. Resulta inimaginable que hoy emprenda ese camino. Pero nada se puede descartar teniendo en cuenta los antecedentes políticos y, cualquier día, penales de Pedro Sánchez. Y no hay que olvidar que sus siniestros socios, todos, le acompañarían en ese viaje.
Pero si se atiene a la ley, si respeta las normas democráticas, si convoca las elecciones generales cuando le corresponda, Pedro Sánchez es un cadáver político. Ahora se estrellaría y se vería obligado a salir de Moncloa por la puerta de atrás. Si espera mucho, puede dejar la bancada socialista como un solar. Pero se lo ha buscado. Y se merece pasar a la historia como el peor presidente de la democracia, incluido Zapatero con el joyero y todo lo demás. Se merece ser triturado por las urnas. ¿Pero cuándo?