www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

EDITORIAL

Las posibles consecuencias catastróficas del poder omnímodo de la Inteligencia Artificial

EL IMPARCIAL
viernes 18 de septiembre de 2026, 08:11h
Actualizado el: 18/09/2026 08:23h

En los últimos meses, empresas tecnológicas punteras en inteligencia artificial, como Open AI o Anthropic, vienen denunciando una serie de ciberataques cada vez más preocupantes. Por supuesto, la culpa nunca es suya. Los ingenieros sociales asumen el papel de salvadores.

Esa narrativa que mana desde Silicon Valley resuena como un miedo creciente a oídos de los ciudadanos: "La inteligencia artificial avanza imparable, demasiado tal vez, debemos frenar su desarrollo; hay que erigir murallas, ya amenaza la propia supervivencia de la especie". Eso último, por cierto, sí es verdad. Pues la inteligencia artificial ha sido, desde su mismo origen, una tecnología que atenta contra la misma esencia del ser humano.

Debemos preguntarnos, ¿qué podría llevar a todos esos popes de la posmodernidad digital, como Dario Amodei (Anthopic), Sam Altman (Open AI), Elon Musk (xAI) o Bill Gates (Microsoft), a ponerse de acuerdo para renegar de su divina obra, implorando a la vez a los estados que regulen su creación, supuestamente desatada?. Guardan silencio todavía otros prebostes, como Jeff Bezos (Amazon) o Sundar Pichai (Google); y ya se ha pronunciado en contra el siempre poco empático Mark Zuckerberg (Facebook).

Los avisos sobre el presunto poder omnímodo de la inteligencia artificial no son, ni mucho menos, nuevos. Muy al contrario, una nutrida pléyade de genios lleva años alertando sobre sus potenciales consecuencias catastróficas. Tal es el caso de Geoffrey Hinton (Premio Nobel de Física 2024, habitualmente conocido como el "padrino de la IA"), Demis Hassabis (creador de Google DeepMind, Premio Nobel de Química 2024), Yoshua Bengio (Premio Princesa de Asturias 2024 y Premio Turing), Stuart Russell o Nobert Wiener, por citar sólo algunos. Nadie les ha hecho caso.

¿Por qué entonces los mercaderes de la IA salen en tromba ahora, vistiéndose de santos? Presumimos un puñado de razones. La primera y más obvia es económica: la rentabilidad. Hasta ahora, la inteligencia artificial ha sido un pozo sin fondo, ya lleva acumulados billones de inversión y están firmándose contratos que elevan más y más el riesgo financiero. Jamás en la historia del capitalismo se ha invertido tanto en menos tiempo. Los centros de datos pululan por el globo a fin de satisfacer la insaciable demanda y requieren de esfuerzos denodados. Pero los inversores empiezan a dudar de un supuesto valor de retorno que todavía no han visto.

La IA requiere ingentes capacidades de cómputo y almacenamiento. Sin embargo, los fabricantes de semiconductores no son capaces de alcanzar a la demanda. Por poner un ejemplo, los precios de la memoria RAM se han multiplicado por 4,5 en un año. Micron, Samsung y SK Hynix, únicos fabricantes de este tipo de bienes, ya tienen reservada toda su producción hasta 2027. Las previsiones dicen que la RAM costará el doble antes de fin de año...

Cobra quizá mayor razón, visto lo visto, que el líder de Open AI, Sam Altman, anunciase hace pocos días que pospondrá hasta 2027 la esperada salida a bolsa de su empresa, prevista para este último trimestre de 2026. Altman justificó su decisión refiriéndose, precisamente, a los riesgos de seguridad que entrañan los modelos avanzados de inteligencia artificial. ¿Casual?


No debe soslayarse en ningún caso el injustificable empeño del presidente de EEUU, Donald Trump (el mismo que rechaza poner puertas al campo de la IA), por encarecer el precio de los combustibles (y, a fin de cuentas, de la vida), a través de su guerra con Irán. Algo que estos actores, tan necesitados de energía, tendrán a buen seguro muy presente.

Por otro lado, ¿quién será responsable si mañana un ciberataque de IA colapsa uno o varios países? ¿Quién pagará? La inteligencia artificial va convirtiéndose en el chivo expiatorio perfecto para el mal. Pero aún hay que añadir una última capa (y hay mil razones más, que ni intuimos) a este análisis: la petición de ayuda al sector público. Que varias compañías tan señeras pidan regulación debe ponernos siempre alerta. Que ese selecto grupo esté formado únicamente por las grandes tecnológicas (las de la IA, de frontera, las del transhumanismo, las que aspiran a convertir al hombre en máquina), puede hacernos temblar...

Los clásicos motivos tras un mensaje así suelen sintetizarse en torno a aspectos empresariales tales como estabilidad, reducción de riesgos, confianza del consumidor, seguridad jurídica... El exanalista de la NSA, Edward Snowden, nos reveló hace mucho lo lejos que penetran los estados en su afán por vigilar hasta los corazones. La libertad vuelve a perder.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)

+
0 comentarios