Ni los Campos Elíseos son el Paseo de la Castellana, ni Macron es Sánchez. Está claro que esta visita del Papa a Francia, tras las de san Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, con tres etapas, París Lourdes y Metz, reviste un carácter especial pues se va a encontrar con una nación que, según muchos, se está haciendo preguntas sobre la sociedad, la humanidad y la vida, la mismo tiempo que se va a encontrar con el papel que desarrolla la Iglesia en la sociedad francesa, que intenta responder a los desafíos de hoy.
León XIV se va a encontrar en París con las autoridades galas y con ellas hablará, seguro, del grave problema de la inmigración o lo que es lo mismo, de la presencia de cientos de miles de personas que dejaron sus hogares para viajar a Francia. También el Papa va a hablar en la sede de la UNESCO, un lugar, donde se supone que se reflexiona sobre la historia de la humanidad y sobre su futuro, al mismo tiempo que se discute acerca de la importancia de conservar el medio ambiente. La última etapa de este viaje del Pontífice estará centrada en la ciudad de Metz donde se abordará el tema de pasado y el futuro de Europa.
Si al inicio decíamos que “París no es Madrid”, no lo apuntábamos como diferencias significativas de la peregrinación de León XIV a España, sino porque hay variables o posibles similitudes importantes, como pueden ser el futuro político de Francia con la aparente y posible llegada de la extrema derecha al poder, o con las dificultades de la Iglesia francesa, que atraviesa un profunda transformación marcada por el descenso en el número de vocaciones sacerdotales y de religiosos y una reorganización del tejido parroquial. Así la Santa Sede ha publicado un análisis estadístico sobre la evolución de la Iglesia Católica en territorio francés desde 1980 hasta 2024. Según este informe, el descenso del número de sacerdotes representa uno de los desafíos más importantes pues se ha pasado de 38.876 a 12.590, mientras que las de parroquias se han reducido de 38.391 a 10.925 y aunque la cifra absoluta de católicos bautizados asciende a 49.720.000, en un país con 66.352.000 habitantes, ha bajado del 84,72% al 74,93%. Sin embargo, el área educativa destaca como un punto a su favor, pues el volumen de estudiantes matriculados en instituciones de carácter católico se ha incrementado de 1.959.480 a 2.234.563, en tanto que en el ámbito caritativo la Iglesia gala sostiene a 1.119 instituciones de asistencia y beneficencia.
Esa es la Iglesia con la que se encuentra el Papa, en este viaje que se produce en un momento particularmente revelador para el catolicismo europeo. O lo que es lo mismo, a una sociedad donde la Iglesia ha perdido buen parte de su influencia social que durante siglos acompañó con su presencia.
Es decir, lo mismo en París que en Madrid. Multitudinaria presencia de personas en los actos presididos por el sucesor de Pedro, para luego caer en un olvido no buscado, pero muchas veces propiciado por gentes de uno y otro signo que buscan divisiones y no la unidad necesaria.
De ahí, que ahora mismo, esas gentes hagan quinielas inútiles de sedes episcopales o de amiguismos interesados que no van a ninguna parte.
Pensemos en la unidad y recemos para el viaje de León XIV tenga los mismos frutos en París, como los que hubo, suponemos en Madrid.