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TRIBUNA

¡Oh, esas “absurdas” ideas de Trump sobre Groenlandia!

sábado 26 de septiembre de 2026, 19:08h

Hace una semana, concretamente el día 18 de septiembre, apareció una noticia impactante: Groenlandia estaba pasando bajo el control de los Estados Unidos. Y cinco días más tarde, en el seno de la ONU, ha sido firmado oficialmente un Acuerdo al respecto entre el presidente estadounidense y los primeros ministros de Dinamarca y Groenlandia.

¡Qué sorpresa! Un asunto que parecía ya olvidado y que, según numerosos analistas y los medios antitrumpistas, no tenía visos de una solución amable y sin enfrentamiento entre las partes involucradas, se acabó pacífica y amistosamente. Y con gran satisfacción de todas las partes, de lo que hablaré más adelante

Vale recordar cómo empezó todo y qué follón y avalancha de los comentarios, burlas, anécdotas, caricaturas, incluso insultos, había provocado la primera alusión del presidente norteamericano Donald Trump a su intención de “comprar” Groenlandia para pasarla al control de los Estados Unidos, siendo esa enorme isla glacial un punto de importancia vital para la seguridad nacional estadounidense, ante las amenazas de China y de su aliada Rusia a establecerse en este punto crucial de la defensa estratégica occidental.

La primera noticia apareció en agosto de 2019, cuando el presidente norteamericano encomendó a sus asesores investigar la posibilidad de una “compra” de Groenlandia, como históricamente estaba ocurriendo con la compra por los Estados Unidos de algunos territorios de sus futuros “Estados” que en algún momento no formaban parte de la Unión. Por ejemplo, LUISIANA (comprada a Francia), FLORIDA (cedida por España), ALASKA (comprada a Rusia) o las ISLAS VÍRGENES (compradas a la propia Dinamarca). A nadie en aquellos tiempos la idea de compra/venta de los territorios parecía absurda y descabellada. Al entonces Gobierno de Dinamarca tampoco.

Pero esta vez sí. “¡Qué idea tan absurda del presidente de los Estados Unidos!” – había declarado la primera ministra de Dinamarca, bajo cuya jurisdicción se encuentra la isla con un territorio 50 veces superior al de la propia metrópoli

Ante la negativa del gobierno danés a negociar una propuesta tan “absurda”, Trump suspendió su previsto viaje a Dinamarca, calificando la postura de la mandataria danesa como “estúpida” o ha empleado algún adjetivo semejante, no me lo acuerdo con exactitud. Con ese “no”, parecía que el asunto estaba zanjado y nadie hablaba más sobre el tema.

Pero, el 22 de diciembre de 2024, antes de su segunda inauguración, como presidente electo, Trump se volvió al tema, declarando que la adquisición y el control de Groenlandia es un asunto imprescindible desde el punto de vista de la seguridad nacional de los Estados Unidos. Y en enero de 2025, ya después de su inauguración, en una conferencia de prensa en la Casa Blanca, contestando a la pregunta de un periodista, le confirmó que tiene una firme decisión de llegar al control de Groenlandia, sin descartar el empleo de cualquier método para conseguirlo.

Y de nuevo empezaron a llover las críticas de todos lados hacia el presidente estadounidense.

“Es un atentado contra la soberanía de un país aliado de los Estados Unidos y el miembro de la OTAN” – gritaban los “expertos” en las relaciones internacionales.

“Sólo a un profano e ignorante en la política y en la diplomacia puede surgir un planteamiento como este” – repetían unos tras otros los analistas y los políticos antitrumpistas en el mundo entero.

Algunos países miembros de la OTAN (7 en total) incluso han enviado a sus militares a defender el enorme glacial, con unos 50 mil habitantes, dadas las supuestas amenazas a su soberanía. La operación conjunta se denominó “La resistencia Ártica” y fue compuesta por un “ejército” de … ¡37! efectivos, entre ellos: 1 procedía de la Gran Bretaña, otros 15 envió Francia, unos 13 vinieron de Alemania y los restantes llegaron desde otros cuatro países.

¡Que tiemblen los que aspiran a apoderarse de Groenlandia! Aquí está Europa para defenderla.

Hubo varias declaraciones de algunos líderes europeos que consideraban “seriamente” que la intención del presidente estadounidense de quedarse, de una u otra forma, con la isla en cuestión, después de que la primera ministra danesa había declarado “valiente y categóricamente” que Groenlandia no estaba en venta, podría romper la propia OTAN, al haberse llegado a una confrontación directa entre los dos miembros de la misma Alianza.

¡Qué horror!

El entonces primer ministro alemán Olaf Scholz declaró: “Las fronteras entre los países no se las puede mover por la fuerza”. Presidente francés, Emmanuel Macron, viajó a la capital de Groenlandia, en junio del 2025, y declaró que la isla no estaba en venta y no se la podía captarla.

Surgieron críticas y el rechazo a la idea de Trump en los propios Estados Unidos. El líder de los demócratas en el senado llamó las aspiraciones del Presidente respecto a Groenlandia como “unas andaduras quijotescas” (por lo visto quería decir “irreales” o “fantasiosas”). Incluso el veterano senador republicano Mitch McConnell se opuso a la idea de su Presidente, diciendo que las amenazas a Groenlandia son “tanto indecentes como contraproducentes”.

El comienzo de la guerra entre los Estados Unidos (junto con Israel) contra Irán, su desarrollo y las consecuencias que afectan militarmente a todos los países del Golfo Pérsico y económicamente a medio mundo, que depende del petróleo procedente de la región vía el Estrecho de Ormuz, han acaparado toda la atención de los medios, políticos, analistas y periodistas, casi olvidando de las pretensiones groenlandesas del presidente Trump.

Y, ¡Oh, sorpresa! En pleno conflicto en el Oriente Medio, con las tensiones en el Estrecho de Ormuz y bajo el fondo de la campaña electoral que ha empezado el Partido Republicano cara a las elecciones parciales al Senado y el Congreso estadounidense, de repente (como ya he comentado al principio), hace muy pocos días, aparece en “Truth Social” (red social) de Donald Trump un anuncio de la firma de un Acuerdo con Dinamarca y Groenlandia, que otorgaría a los Estados Unidos un “control permanente sobre la seguridad y todas las demás necesidades en esa zona”.

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen dijo que el acuerdo “fortalecerá la seguridad en el Ártico y la zona del Atlántico Norte”.

Trump indicó que el acuerdo estipula que “ningún adversario de EE.UU. podrá mantener presencia militar en Groenlandia ni realizar inversiones sensibles sin la aprobación expresa por escrito de la Casa Blanca”. O sea, los Estados Unidos están obteniendo un control absoluto sobre la Isla. Lo que fue el objetivo principal de Trump cuando empezaba hablar de la “compra” del glacial. Ahora tiene el control que pretendía sin desembolsar ni un sólo dólar del erario público estadounidense. Y, como vemos, a plena satisfacción de las partes implicadas en el “trato”.

El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, afirmó que los términos del acuerdo benefician a los tres gobiernos y reconocen “los intereses de Groenlandia”.

Trump anunció que “comenzaremos inmediatamente el proceso de desarrollar una gran presencia militar en la zona apropiada de Groenlandia y trabajaremos con el pueblo de Groenlandia en su desarrollo y construcción”. O sea, la isla va a recibir un empujón en su desarrollo económico, con las inversiones estadounidenses, del que sus habitantes no podían ni soñar, viviendo hasta ahora sólo de la pesca y de las escasas dotaciones del gobierno danés en el desarrollo económico e industrial del glacial.

Todos contentos y satisfechos en un proyecto que al principio a tantos les parecía ridículo, absurdo y soberbio. ¿Cómo lo ha conseguido Trump y su equipo?

Pues, negociando, como es propio de un presidente, quien escribió hace muchos años un libro que se titula “El arte de negociar”, que fue un “best seller” y cuyas recetas su autor está aplicando para llegar a unos acuerdos económicos para el beneficio de su propio país y para acabar con los conflictos bélicos y de otro tipo en los diferentes rincones del mundo. El tema de Groenlandia es un ejemplo más de que la política negociadora, “del trato”, de Trump está funcionando.

Y que algunos, bastantes, antes de ponerse a ridiculizar las iniciativas del presidente norteamericano, se enteren mejor de qué él realmente pretende y cuáles son sus verdaderos objetivos. Y si no lo entienden, que esperen con sus comentarios, para no quedarse ellos mismos, no Trump, en un ridículo monumental.

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