El equipo de Luis de la Fuente arrasó en el primer tiempo y se durmió después. Golazo de Lamine Yamal. Rodri anotó una diana y Mikel Merino apagó le incertidumbre.
España derrotó este sábado a la República Checa y confirmó su pleno de triunfos en la Fase de Grupos de la Liga de Naciones. Además, alcanzó ya la increíble cifra de 41 partidos seguidos sin conocer la derrota. Este monto nunca visto en la esfera de selecciones nacionales contiene, como es lógico, rendimientos elevados y discretos. Todos ellos muy competitivos. Son muchos encuentros a las espaldas, por lo que es razonable que en ese largo recorrido (no pierden desde 2023) haya habido victorias menos lustrosas. Pues bien, la de esta fecha es una de ellas. Después de redondear un primer tiempo sensacional, en el que pudo golear, la campeona del mundo se relajó y el colista de su grupo le dio un susto notable.
Esta es la primera ocasión en la que Luis de la Fuente se ha encontrado con una ventana de cuatro partidos. Diez días es la horquilla temporal en la que han tenido que afrontar estos compromisos, por lo que el seleccionador ha entendido como obligado aplicar rotaciones. Esta noche, en la que el fútbol de la selección española regresó a Oviedo tras 11 años de ausencia, parecía la más indicada para revolucionar el once. Primero, porque se medían al rival más débil y, en segundo término, porque la siguiente cita será en Croacia. Así pues, la alineación desplegó hasta nueve cambios. Sólo repitieron Álex Baena y Lamine Yamal. A pesar de padecer cinco bajas, el estratega confió en que el modelo se impone a los nombres que lo ejecutan. Y antes del descanso así fue: 70% de posesión, 13 remates realizados, siete de ellos a portería y un único chut concedido, el que atinó a concretar Ondrej Lingr desde larga distancia que se marchó por encima del larguero de la meta defendida, hoy, por David Raya.
España empieza arasando
Si hay algo por lo que deba sentirse satisfecho de la Fuente es que sus muchachos entran a los partidos con la motivación por las nubes. Aun cuando vienen de alzar la Copa del Mundo y de haber ganado ya todo lo ganable, los jugadores españoles mantienen la llama en los prólogos y se han adelantado en el marcador pronto en estas semanas de partidos exigentes. Y es Lamine Yamal el que porta esa bandera. El genio juvenil sigue con hambre y contagia esa actitud. En este choque avisó en el segundo minuto con un zurdazo asistido por el indispensable Dani Olmo, que se fue cerca de la madera, y en el minuto seis hizo diana. El 1-0 nació de una circulación prolongada en la que Pedri dividió y Olmo conectó con Lamine, que recibió en el pico del área. El artista azulgrana controló, recortó en diagonal y clavó un trueno por la escuadra en una maniobra frenética. Imparable.

Yamal está volando en busca de su Balón de Oro (suma ya 12 goles y siete asistencias en este inicio de curso) y con este astro en este estado todo es más sencillo. Porque además de dañar y de regalar a la grada regates, taconazos y controles preciosistas, presiona con todo tras pérdida. No economiza su sudor y eso es una maravilla para el funcionamiento del colectivo. España golpeó y siguió apretando, robando a toda velocidad en campo rival y amenazando, con un ritmo de pase ágil y armonioso que le ofreció a Olmo tres remates propicios, aunque el mediapunta los estrelló en una zaga checa que yació sin respuestas hasta bien entrada la media hora. En ese segmento la movilidad interior de Baena, Olmo y Pedri les puso en muchas dificultades. Ese dinamismo fue capaz de colapsar Wembley hace días y en el Tartiere bordeó la goleada. A pesar de competir con tantos secundarios y de alinear a dos debutantes, Iván Fresneda (lateral diestro y doble campeón con el Sporting de Portugal) y Roberto Fernández (goleador enrachado del Espanyol que ha anotado seis goles en siete jornadas de Liga disputadas), el estilo se mantiene y gobierna si la intensidad es la recomendable. Y las ocasiones se generan de manera natural. A Baena se le escaparon dos antes del cuarto de hora, la más destacada en un centro-chut que sacó lo mejor del meta Antonin Kinsky (que regresaba a territorio español después de haberse derrumbado en el Metropolitano, en marzo, cuando sus errores le llevaron a encajar tres goles en 15 minutos).
La impotencia era total en el bloque preparado por Santi Denia. La federación checa ha dado un giro y ha apostado por el entrenador manchego, el primer extranjero en la historia del seleccionado centroeuropeo. Los directivos checos aspiran que el equipo dé un salto (qué lejos queda el subcampeonato de Europa de 1996, con Pavel Nedvev, Patrick Berger, Karel Poborsky, Miroslav Kadlec o Vladimir Smicer) y confían en este técnico desarrollado a la sombra de De la Fuente en Las Rozas para acometer la evolución anhelada. No le está resultando sencillo, pues el goleador referencial Patrik Schick renunció a ser convocado después del Mundial, ha sufrido ocho bajas desde que anunció su convocatoria (se han caído los fundamentales Pavel Sulc y Adam Karabec) y quiere establecer una paleta de juego que rompe con la tradición del país. En este torneo se saben inferiores, mas miran al medio plazo. Y en este evento, como en los anteriores frente a ingleses y croatas, saldados con derrotas escuetas, demostró sus intenciones, colocando a la defensa muy adelantada, en contraposición con el 'catenaccio' mostrado este verano en Estados Unidos. Y en la primera mitad casi se lleva un buen rapapolvo ya que los españoles no frenaron. En el 18 Pedri se coló con un eslalon maravilloso mas chutó centrado; en el 28 Aymeric Laporte cabeceó desviado un córner bien lanzado por Baena; a continuación Olmo perdonó un intento solitario desde el punto de penalti, propiciado por una asociación excelsa de Rodri, Pedri y Baena; y el atacante colchonero probó a Kinsky en el 33.
Susto final en Oviedo
La superioridad española era total y se plasmaría en el electrónico en el minuto 36, cuando Fresneda cortó una transición visitante, Fran García (de vuelta a un seleccionado al que no pertenecía desde 2023) cedió para Rodri y el mediocentro activó una transición fulgurante en la que puso en vuelo a Pedri, recogió un despeje desafortunado de Michal Macek y marcó a placer. Con 2-0 y las sensaciones globales a favor, parecía que el reparto de puntos estaba resuelto, pero los españoles mantuvieron la energía y coquetearon con la goleada, amortizando la valentía posicional oponente. En el 37 Lamine guió un contragolpe claro en el que Baena dibujó una vaselina con poco ángulo que leyó bien Kinsky; y en el minuto 45 Fran García recuperó la redonda arriba y el cerebro del Atlético asistió a Yamal, que cruzó demasiado un zurdazo nítido. Únicamente un par de pérdidas de Pedri, que no tuvo su día y justificó su suplencia con respecto a Fabián Ruiz, dio aire a una República Checa amordazada. Denia también había rotado, con hasta seis variantes que dejaron a su centro del campo predilecto en el banquillo. España se había aplicado más en la parcela de las faltas tácticas que en los partidos previos y el agobio llegó a ser absoluto para un combinado que tardó 24 minutos en poder concatenar tres pases seguidos. Pero Chequia sobrevivió y en la reanudación daría un paso al frente. Plasmarían las ideas de su seleccionador, con más pelota, más presión en campo contrario, en un crecimiento patrocinado por la indolencia local. Ese mal que tanto está intentando neutralizar de la Fuente (sabe que es el único ingrediente que puede erosionar a su magnífica obra) hizo acto de presencia.

No ayudó la entrada al campo de Víctor Muñoz y Yeremy Pino, ya que relevaron a Lamine y a Baena. Comparecieron desde vestuarios dos extremos puros y se marcharon dos perfiles más asociativos, que ayudan a controlar la trama. Ese mayor vértigo llevó al favorito a perder dominio y de repente la República Checa se le subió a las barbas. El aviso llegó rápido, en el minuto 48, cuando el fino Lukas Ambros lanzó una falta lateral y Lingr no llegó a embocar la pelota suelta de milagro. La falta de contundencia de la defensa española fue el indicio de lo venidero. La intensidad y el ritmo se desplomaron en la trinchera ibérica, en un apagón similar al que casi les cuesta la racha triunfal en Londres. En el 55 Rodri intervino, bien colocado, para cortar un centro de Matej Radosta después de que Ladislav Krejci hubiera evidenciado su facilidad para salir desde atrás. Denia leyó la oportunidad y pasó a jugar con una doble delantera que colocó al talentoso Adam Hlozek en su mejor posición, como segundo punta. Asimismo, fue introduciendo a sus centrocampistas preferidos, Michal Sadilek y Lukas Cerv. El aire del encuentro había cambiado y mutado hacia un intercambio de golpes en el que a la potencia de Víctor Muñoz le faltó finura en la finalización, Roberto Fermández (trabajador incansable) estrenó su producción con un remate astuto que detuvo Kinsky -minuto 50-, Pedri siguió deshaciéndose en imprecisiones y pérdidas, y los checos llamaron a la puerta. En el 64 Hlozek frotó su lámpara y encontró sólo a Radosta, que controló mal cuando encaraba a Raya.
Los indicios ya eran síntomas, por lo que De la Fuente metió en cancha a la electricidad de Mikel Merino y Fermín López. Mas se topó el seleccionador con que sus peones seguirían compitiendo por debajo de las pulsaciones exigibles y Hlozek no perdonó. Examinó a Raya en el 68 y en el 70 hizo caja de una pérdida de Pino, dividiendo en transición y abriendo, en el momento perfecto, a la llegada del lateral zurdo Jiri Slama, que descerrajó un latigazo cruzado de zurda que se coló por el segundo poste. La República Checa había recortado distancias y disponía de la iniciativa. España, que seguía contragolpeando sin colmillo por medio de Muñoz, había perdido la pelota (su herramienta predilecta) y no presionaba (el antídoto cuando baja el ratio de posesión). En ese escenario se desarrollaría un desenlace incierto, en el que Pino remató angulado un intento que se fue cerca de la madera y los checos apretaron con todo, presionando a cancha completa. Raya tuvo que multiplicarse y al suplente de Unai Simón le temblaron las piernas un tanto. En el 72 ejecutó un despeje defectuoso y le salvó que Lingr conectase el rechace a puerta vacía sin fuerza; y en el minuto 80 se le escapó un cabezazo bombeado de Krejci y Ryan Naderi anotó el empate. Sin embargo, el colegiado señaló una falta previa en el bloqueo de la falta lateral de la que brotó el sobresalto de la tribuna. El VAR decidió que la acción sobre Robin Le Normand era punible y mantuvo la ventaja española en el marcador.
Ya con Zubimendi en el campo, con el fin de añadir un gestor de la pelota al esquema, la selección española subió las orejas al fin y evitó el descalabro (empatar en casa ante la 50º del ranking FIFA lo habría sido). Una nueva transición hacia Víctor Muñoz derivó en un remate del extremo del Liverpool que se marchó cerca del palo y en el minuto 90 el canterano merengue se escapó a la carrera, falló el cara a cara ante Kinsky pero Mikel Merino apareció con inteligencia para abrochar el rechace y la victoria. Para sacar brillo a una dinámica histórica que sostiene el pleno en esta Liga de Naciones aunque en las últimas horas se hayan caído de la convocatoria pilares como Fabián, Ferran Torres y Nico Williams. España, esta vez humanizada, sigue en la cima.
Ficha técnica
3- España: Raya; Fran García, Laporte, Le Normand, Fresneda; Rodri (Zubimendi, min. 77), Pedri (Mikel Merino, min. 67); Dani Olmo (Fermín López, min. 67), Baena (Víctor Muñoz, min. 46), Lamine Yamal (Yeremy Pino, min. 46); y Roberto Fernández.
1- República Checa: Kinsky; Slama, Krejci, Chaloupek, Sacek; Ambros (Naderi, min. 57), Alex Kral (Sadilek, min. 73), Roman Macek (Cerv, min. 57); Radosta (Bucha, min. 73), Ondrej Lingr y Hlozek (Vitik, min. 87).
Goles: 1-0, min. 6: Lamine Yamal; 2-0, min. 36: Rodri; 2-1, min. 70: Slama; 3-1, min. 90: Mikel Merino.
Árbitro: Vassilis Fotias (Grecia). Expulsó a Krejci (doble tarjeta amarilla, min. 85) y amonestó a Sadilek, Santi Denia (en la banda), Lingr, Chaloupek, Kinsky y a Fermín López.
Incidencias: partido correspondiente a la 3ª jornada de la Fase de Grupos de la Liga de Naciones, disputado en el estadio Carlos Tartiere (Oviedo).