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ORIENT EXPRESS

España y Pakistán: 75 años de amistad

Ricardo Ruiz de la Serna
domingo 04 de octubre de 2026, 20:22h

Este año se cumplen los 75 años de las relaciones diplomáticas entre España y Pakistán. El 17 de septiembre de 1951, mediante canje de notas, los dos Estados se reconocían mutuamente y establecían unas relaciones que, al cabo de 75 años, viven un momento magnífico.

En el origen estuvieron dos grandes hombres de Estado. Por una parte, Sir Muhammad Zafarullah Khan (1893.1985), primer ministro de Asuntos Exteriores del Pakistán nacido en 1947. Desde el comienzo, el joven Estado tuvo que hacer frente a formidables desafíos de seguridad. En el contexto de la Guerra Fría, Pakistán buscó construir alianzas y trabar relaciones con países ajenos a los conflictos regionales que debía afrontar el recién nacido Estado. Por otro lado, España sufría todavía el aislamiento a que intentaron someterla después de la II Guerra Mundial y que la diplomacia española supo romper desarrollando relaciones con los países hispanoamericanos y con el mundo árabe. El artífice de esa estrategia fue el ministro de Asuntos Exteriores Alberto Martín-Artajo, que vio en el mundo islámico, el Oriente Próximo y el norte de África espacios propicios para las relaciones diplomáticas. No se trataba sólo de acercarse al mundo árabe, donde a su vez ya se sentía el pulso panarabista, sino también a otros países islámicos. Entre ellos destacaba por derecho propio Pakistán.

Al reconocimiento mutuo y el establecimiento de relaciones diplomáticas fue seguido de la apertura de la embajada de España en 1953 primero en Karachi y, después en Islamabad, y por la firma en 1957 de un Tratado de Amistad que sentaría las bases para el desarrollo de las relaciones. Pakistán abriría su embajada en Madrid en 1956 aunque desde años antes estaba abierta una Legación del país.

Sin embargo, España y Pakistán no compartían todavía algunos de los campos comunes de relación en nuestro tiempo: los intercambios económicos en el marco del mundo globalizado, los desafíos comunes de seguridad y los flujos migratorios. Todo esto cambiaría a partir del año 2001. El despliegue de tropas españolas en Afganistán llevó al estrechamiento de relaciones militares y de seguridad entre los dos países de modo que la estabilidad de Pakistán se convirtió en estratégica para España al mismo tiempo que el país asiático devenía un aliado poderoso en la lucha contra el terrorismo. Las grandes empresas españolas en sectores como el textil empezaron a invertir en Pakistán y comerciantes pakistaníes dedicados a la importación y exportación se establecían en España. Hoy Barcelona, por ejemplo, acoge a una notable comunidad pakistaní arraigada en la Ciudad Condal. Las dos economías son complementarias no sólo en la producción de bienes, sino también en la oferta de servicios ligados a la economía del conocimiento como la programación.

Así, aprovechando la condición del país asiático como potencia algodonera mundial, las grandes multinacionales de la moda española han reconfigurado el tablero industrial; un movimiento liderado por el gigante Inditex que consolidó su posición estratégica sobre el terreno mediante la apertura de una oficina comercial permanente en Karachi. Lejos de limitarse a la compra directa, la hoja de ruta de las corporaciones españolas se centra en financiar la producción vertical, blindar las cadenas de suministro y fiscalizar los estándares laborales en los centros de producción. Este compromiso corporativo ha quedado sellado con el respaldo en bloque de las marcas españolas a la renovación del Acuerdo de Pakistán sobre Salud y Seguridad en la Industria Textil, un tratado que busca garantizar la seguridad en las plantas de gigantes locales de la manufactura. La consecuencia directa de esta alianza es una estrecha vinculación de la moda de España con el aprovisionamiento pakistaní de denim, prendas de punto y ropa de hogar, consolidando esta red de aprovisionamiento como el auténtico motor de los flujos económicos bilaterales.

Por otra parte, la economía del conocimiento y el desarrollo tecnológico se consolidan como la nueva y más dinámica frontera en las relaciones entre España y Pakistán, un eje estratégico propulsado por la explosión del desarrollo de software, la programación y el trabajo remoto. Con una cantera de talento que supera los 20.000 graduados anuales en ingeniería e informática, el país asiático se ha posicionado en el radar de un ecosistema tecnológico español que sufre una acuciante escasez de perfiles técnicos nacionales. Para amortiguar este déficit, las firmas digitales en España recurren de forma masiva a la externalización de servicios informáticos, delegando el soporte en la nube y la arquitectura de sistemas en agencias y programadores independientes pakistaníes. Esta simbiosis transcontinental, vertebrada por herramientas de gestión digital y canales ágiles de pago transfronterizo, permite a equipos de Madrid, Barcelona o Islamabad cooperar en tiempo real en el diseño de aplicaciones móviles y entornos web corporativos, inyectando una fuerte dosis de competitividad y agilidad a la agenda de innovación de ambas naciones.

Sin embargo, sería un error pensar que, antes del establecimiento de relaciones diplomáticas, españoles y pakistaníes habían vivido de espaldas. La amistad de Asín Palacios (1871-1944), príncipe de los arabistas españoles, con el gran poeta Muhammad Iqbal (1877-1938) llevó a que éste visitase España en 1933. Fruto de aquella visita fue el sentido poema que escribió con ocasión de su visita a la mezquita de Córdoba. Al calor de la tradición musical andalusí llegó a España en esa misma década de los años 30 Aziz Balouch, “Marchenita”, nacido en Sindh, afincado en el Campo de Gibraltar y apadrinado por Don José Marchena. Casi nada. Hoy se está trabajando en una biografía de Marchenita tan prometedora como libro que se acaba de publicar en Lahore sobre Iqbal, donde su visita a España ocupa un lugar central. La cultura fue, una vez más, por delante de la diplomacia y la política.

Así, de los vínculos culturales y las circunstancias geopolíticas se fue forjando una amistan materializada en varias visitas de alto nivel. Los encuentros comenzaron tempranamente con la visita oficial a Madrid del presidente pakistaní Iskander Mirza en noviembre de 1957, seguida décadas más tarde por las visitas de los primeros ministros Benazir Bhutto en 1994 y Yousaf Raza Gillani en 2010, así como el viaje oficial del presidente Pervez Musharraf en abril de 2007. Por la parte española, destacan la primera visita oficial de un ministro de Asuntos Exteriores, realizada por José Manuel Albares a Islamabad en septiembre de 2021, y la primera visita de una delegación parlamentaria del Senado español a Pakistán en noviembre de 2024. Se ha consolidado así un diálogo político constructivo y una cooperación creciente entre ambos países.

Las relaciones económicas entre España y Pakistán se desarrollan bajo las garantías del Acuerdo para la Promoción y Protección Recíproca de Inversiones (APPRI) y un convenio bilateral para evitar la doble imposición. Según los últimos registros comerciales, el intercambio comercial entre ambas naciones ha consolidado su tendencia al alza al alcanzar la cifra récord de 1.969,6 millones de euros, un balance marcado por un pronunciado déficit comercial para España. Esta brecha responde al fuerte dinamismo de las importaciones procedentes de Pakistán —que sumaron 1.724,1 millones de euros—, fuertemente impulsadas por las ventajas arancelarias que otorga el programa de la Unión Europea GSP+. Mientras que las compras españolas exhiben una altísima concentración en el sector textil y de confección (representando más del 75% del total), la corriente exportadora de España hacia el mercado pakistaní diversifica sus prioridades estratégicas en los sectores de productos químicos, bienes semielaborados mecánicos, maquinaria industrial y componentes plásticos.

Así, este año en que España y Pakistán celebran el 75º aniversario de sus relaciones diplomáticas, los dos países consolidan una alianza que ha sabido evolucionar desde los primeros contactos formales en 1951 hasta convertirse en un entramado estratégico de profundas relaciones. Lo que comenzó como un acercamiento fundamentalmente político y consular es hoy un ecosistema vivo donde la robusta maquinaria de suministro del sector textil, el flujo del talento tecnológico en la economía del conocimiento y una vibrante comunidad de la diáspora actúan como los verdaderos motores de la cooperación bilateral. Mirando hacia el futuro, el desafío de ambas naciones radica en aprovechar este andamiaje histórico no solo para equilibrar y diversificar sus balanzas comerciales, sino también para transformar los puentes culturales edificados durante tres cuartos de siglo en una plataforma de innovación compartida ante los retos mundiales del siglo XXI.

 

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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