Decía Chesterton que el principio de la propiedad privada es un principio humano, ontológicamente hablando y aplicable a la humanidad. La propuesta distribuista de Chesterton y Hilarie Belloc no niega que haya Estado, sino que el papel del Estado debe de consistir en restaurar paulatinamente la propiedad de los muchos. El Estado debe crear leyes que favorezcan al pequeño propietario y al pequeño distribuidor de tal manera que la verdadera democracia y libertad vayan tomando cuerpo, y vayan asentándose verdaderos hombres y mujeres libres que no estén bajo el yugo del capitalismo salvaje o la sumisión a un subsidio, a un partido, a una casta o una ideología, y puedan decidir sobre sus vidas y tener poder real en la decisión sobre la cosa común.
Todo el mundo debería tener tres acres y una vaca, ese era el lema del distributismo de comienzos del siglo XX y, creo firmemente, que es en el distributismo donde podría estar la solución al problema de la vivienda en España y me atrevería a decir que en toda Europa y o en el mundo entero.
La solución al problema de la vivienda en España no se resuelve expropiando a unos para dárselo a otros, eso ya sabemos lo que es: socialismo, estalinismo, chavismo y castrismo, que consiste en hacer a todos los ciudadanos menores de edad, esclavos de una elite. La solución ha de pasar por un reparto de la propiedad justo, esto es, del poder construyendo una verdadera democracia. Para repartir la propiedad justamente el Estado debería crear decretos y leyes sí, no para salvar a una viejecita que ha vivido setenta años digamos simplemente que bien, sino para que cada ser humano, en el ejercicio de su libertad y de su dignidad, pueda adquirir una casa con el fruto de su trabajo, para crear un hogar, y que ese pequeño reino de libertad sea intocable.
El dique de contención contra los grandes monopolios se resolvería si la mayoría de los ciudadanos fuesen pequeños propietarios, siendo al unísono apoyo mutuo y obstáculo mutuo -como los ladrillos en un arco romano-, ante cualquier ataque de avaricia venga de quien venga. En la actualidad el Estado español, no protege a los pequeños propietarios de los lobbies, sino que por un lado los fomenta y, por otro, pretende desposeer a los pequeños propietarios y que sean estos los que solucionen el problema de la falta de pisos en España, cediendo su pequeña propiedad a gente vulnerable, a okupas desocupados, o familias quebradas que no llegan a fin de mes.
Así las cosas, la situación del problema de la vivienda en España actualmente es un desafío no solo político, económico sino también moral. El asunto no se puede abordar desde un único plano, sino que tiene muchas aristas. La primera y principal es que en España entran al año quinientas mil personas y se construyen unas cien mil viviendas al año cuando debería construirse un millón. Ya con esas cifras los números no cuadran, la cantidad de personas que aspiran a una vivienda crece de manera exponencial respecto a la capacidad que tiene el país para construir vivienda para toda esa gente. La capacidad para hacer frente a este reto, no solo se necesita una voluntad política real de hacerle frente- que no existe -sino que es imprescindible un estudio serio, diseñado por diferentes expertos de distintos órdenes, para ver si realmente somos capaces y, sobre todo si es física, material y económicamente posible. El problema de la vivienda en España está íntimamente ligado al de la inmigración, y a la concentración de la mayoría de la población en los núcleos urbanos y las grandes capitales. Para este problema también la postura distributista apunta una solución, proponiendo la elaboración de leyes que permitan paulatinamente un equilibrio entre la ciudad y el campo. Hoy en día con el alto desarrollo tecnológico, sería muy fácil hacer leyes que faciliten a los ciudadanos la posibilidad de irse a vivir fuera de los centros urbanos e ir repoblando pueblos y pequeñas ciudades que se están muriendo por falta de vida. Esta sana emigración de la ciudad al campo podría formar parte de un proyecto ético político y educativo en el que interviniesen diferentes sectores de la sociedad.
Chesterton, en su libro, Lo que está mal en el mundo, escribía indignado por la defensa del pelo de una pequeña niña pelirroja, por un decreto que salió en Londres que pretendía rapar el pelo a todas las niñas pobres por una plaga de piojos en vez de acabar con la pobreza. El gobierno actual por el desalojo de Maricarmen, pretende quitarle a todo el mundo su casa, y, por ende su libertad, en vez de buscar la solución al problema le genera el problema a todo el mundo. Así no hay problema. Al igual que Chesterton clamaba entonces, por el pelo rojo de una golfilla del arroyo prenderé fuego a toda la civilización moderna, los hombres y mujeres libres de España, clamamos por la defensa de la pequeña propiedad privada, del derecho a la gente a tener un hogar , por su derecho a ser libres, prenderemos fuego a cualquier decretazo del Dr. Sánchez hecho solo para perpetuarse eternamente en el poder.