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JORNADA 4

Liga de Naciones. España baja al barro, toma Split y se mete en cuartos por la puerta grande

Liga de Naciones.  España baja al barro, toma Split y se mete en cuartos por la puerta grande
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(Foto: EFE)
martes 06 de octubre de 2026, 23:23h
Actualizado el: 10/07/2026 05:33h
La selección española pagó un inicio flácido ante una Croacia volcánica que se adelantó. Cuando despertaron, los favoritos se impusieron y Mikel Merino selló la remontada.

España sobrevivió este martes a la hirviente ciudad de Split, pudo ampliar su inaudita racha de triunfos y accedió a los cuartos de final de la Liga de Naciones con dos jornadas por disputarse. Croacia arrancó muy fuerte y llevó a la lona a una selección española indolente. El gol de Ivan Perisic hizo justicia para un bloque balcánico mucho más intenso, en el que Luka Modric y Mateo Kovacic brillaban. Unai Simón se hizo gigante en este tramo. Sin embargo, cuando los visitantes despertaron, en torno a la media hora, el partido cambió por completo e inició un dominio total del equipo de Luis de la Fuente. Con la pelota y el ritmo controlados, el gobierno español encontró la remontada en un doblete sublime de Mikel Merino que mantiene a la campeona del Mundial en la perfección. 

Croacia volvió a ser Croacia esta noche, por vez primera en este campeonato y casi en lo que va de 2026. Necesitó sentir un KO de dimensiones históricas como el 0-7 recién encajado ante Inglaterra, el peor resultado de todos los tiempos ("Llevo veinte años con la selección y es la primera vez que me siento avergonzado después de un partido", declaró Modric en la previa), para recuperar su mítica competitiva; para recobrar el aura con el que sorprendieron al planeta con las semifinales del Mundial 1998, el subcampeonato de Rusia 2018 y la tercera plaza en la cita mundialista de 2022. Y, además, jugó en esta fecha llevada en volandas por una afición con una capacidad de perdonar tan enorme como su nacionalismo. No en vano, en el estadio en el que se ha jugado este partido, el Poljud de Split, se considera que prendió la mecha definitiva de la Guerra de los Balcanes, cuando los ultras del Hadjuk, denominados 'Torcida' (presentes también hoy en las gradas), quemaron una bandera yugoslava e izaron la croata cuando recibieron al Partizan de Belgrado, el 26 de septiembre de 1990. Ahí entendió la región que las aspiraciones secesionistas croatas iban en serio.  Luis de la Fuente debió sospechar que los croatas iban a usar su orgullo herido para demostrar que siguen siendo grandes y se dejó de rotaciones. El técnico riojano puso en liza a su mejor once (con las bajas sabidas de Fabián Ruiz, Nico Williams y Ferran Torres). El estratega favorito para alzarse con el reconocimiento de mejor técnico del curso quiso combatir el fuego con calidad y devolvió a la titularidad a sus pilares fundamentales. El plan, por tanto, era cristalino: había que dominar la pelota y así irían bajando los humos de la tribuna y los futbolistas locales. Esa parte salió bien en el prólogo, el problema es que la presión y la intensidad no acompañaron. Y por ahí perdieron pie los favoritos, siguiendo la misma ruta por la que se tambalearon en Wembley y, más sorprendentemente, en la segunda parte de Oviedo frente a la débil República Checa.

España se vuelve a dormir

Modric tiene 41 años; Kovacic, 32; y Perisic, 37. Pero los tres poseen una jerarquía futbolística colosal, atemporal, y si se les regala margen para pensar y espacio para crear, estás en dificultades. El veterano Balón de Oro disfrutó de las grietas de una presión ibérica destensada y guió a sus compañeros con una maestría seductora. La de siempre. Al primer toque, zigzagueando, en corto o en largo. Su cerebro fluyó y conectó de manera sistemática con el todoterreno del Manchester City, que hizo trizas al equilibro español con la potencia de sus conducciones. La guinda de este despliegue balcánico la pondría el inagotable extremo, con su exuberancia física y su afilada calidad. Los tres amortizaron la venenosa suficiencia española y se bastaron para encender el entusiasmo en todo el recinto (las tribunas y el césped). Y el escuadrón de Slaven Bilic mandó desde una energía apoteósica, que mordía en cada duelo e incomodó sobremanera al juego de toque visitante. Querían reivindicarse contra el vigente campeón del mundo y lo lograron. La amenaza de un bloque con galones y que huye para que no le atrape del fin de ciclo es profunda. Si no se equipara ese nivel de concentración es imposible controlar el guion. España navegó temprano como sorprendida, tratando de desarrollar su excelencia sin mancharse, y lo pagó. Avisó Kovacic en el minuto seis dividiendo en transición y cediendo para el chut de Perisic que repelió Marc Pubill; en el 14 Unai Simón le taponó con remate franco a Josip Stanisic tras un centro de Perisic facilitado entre Modric y Kovacic; y en el minuto 17 el ganador de seis Ligas de Campeones con el Real Madrid conectó con Nikola Vlasic en una contra engrasada por Mateo y que derivó en el chut de Igor Matanovic que desvió como pudo el meta del Athletic, antes de que Perisic embocase el rechace con un testarazo enrabietado. Los roqueros envejecen pero no dejan de ser roqueros.

 

La selección española mantenía el estilo pero no lo rellenaba con el esfuerzo indispensable. La activación tras pérdida flaqueaba y los locales no pestañearon, fueron a la yugular. Asimismo, Bilic recetó un doble y hasta triple marcaje sobre Lamine Yamal. El fenómeno juvenil tardó poco en sentar a su par, Josko Gvardiol, mas le costó dar continuidad a su influencia en el choque. Su genialidad permaneció descontextualizada hasta la media hora, cuando su delegación dejó atrás la suficiencia y se activó.  Hasta entonces sus colegas no le encontraban fuera de la cárcel descrita porque no había una velocidad de pase adecuada. Aún así, pudo pintar un centro perfecto a la espalda de la zaga hacia Mikel Oyarzabal que obligó a Dominik Livakovic a intervenir -minuto 10-. Y hay que viajar hasta el minuto 26 para localizar una nueva llegada visitante. Ocurrió a balón parado, cuando Álex Baena estrelló en la barrera el lanzamiento directo de una falta señalada a media distancia del arco rival.

Ese era el inesperado escenario y el marcador no sufrió más alteraciones porque la suerte se alió con los ibéricos. En el 21 un córner botado por Modric fue despejado con flacidez por Rodri en una trayectoria que rebotó en Matanovic y no se coló por poco; y de inmediato Unai Simón cometió un error muy peligroso en la salida de juego, el delantero del Friburgo remató con todo a favor, en la frontal del área pequeña, y el arquero vasco supo reaccionar a tiempo para corregir su pequeña debacle. La inestabilidad era casi total, también por la cantidad de imprecisiones y pérdidas acumuladas. Pedri volvió a quedar subrayado en este déficit y en consecuencia Baena y Dani Olmo -ovacionado tras haber jugado durante más de un lustro en la liga croata y por su solidaridad con el pueblo- no recibieron el alimento justo para dañar entre líneas. Sin embargo, a pesar de lo oscuro de los nubarrones la receta para salir del hoyo era la misma: elevar el ratio de las revoluciones y la atención. Y en cuanto que cumplieron, los jugadores españoles se adueñaron del partido.

De la Fuente, Unai Simón y Mikel Merino

En el minuto 31 Lamine asistió para la incorporación de Pubill, que desde la línea de fondo emitió un centro malintencionado que atinó a despejar el destructor Kristijan Jakic. Ese fue el pistoletazo de salida de la abrumadora reacción española. Elevaron las líneas de verdad, presionaron con hambre, aumentaron el ritmo de pase... En resumen, volvieron a ser ellos. Y a los balcánicos de repente les costaba salir de su campo y concatenar cuatro pases seguidos. Y a Livakovic se le multiplicaban las labores. La lógica volvía a su carril. Hasta el descanso, los croatas sólo alcanzaron a estirarse en una transición de Perisic y Gvardiol neutralizada por Unai Simón; y en un robo alto de Kovacic apagado por Pau Cubarsí. Todo lo demás apuntó hacia la portería local. Un centro maravilloso de Lamine al que no llegó de milagro Oyarzabal; otro pase filtrado de la perla azulgrana que Dani Olmo no remató por centímetros; un balón quirúrgico al espacio de Baena que el inteligente atacante vasco leyó y remató demasiado cruzado; el centro venenoso de Marc Cucurella que Olmo conectó sin tino; y un control sublime de Pedri y pase sensacional con el que Lamine chutó al lateral de la red. 

En el último cuarto de hora del primer tiempo brotaron España y la diferencia real entre los dos escuadrones. Ese era el camino pero faltaba algo. Y De la Fuente, una vez más, dio en la tecla. El seleccionador relevó a un Baena tocado y en lugar de suplirle por un extremo que desbordase por fuera, eligió introducir a un llegador como Mikel Merino. Había que poblar el área y dividir la atención de la zaga local, que había vivido cómoda con Oyarzabal como punta único. Ese movimiento recolocó a Olmo, le entregó la banda entera a Cucurella y, lo más importante, forzó a Croacia a un encierro perpetuo. Todo esto maridó estupendamente con el peso de los años que erosionaría el desempeño de Modric. El artista de Zadar resiste en tempos bajos. Si sube el ritmo, queda fuera de cobertura. Le pasó ante los ingleses y le volvió a ocurrir frente a Rodri, Pedri y Olmo. Y a Bilic se le complicó la supervivencia sin su arquitecto ya que sin ese pase lúcido Kovacic tampoco podía despegar. Trató de lanzar presiones agresivas mas el partido ya había pasado esa página.

España pasó a disponer a voluntad de la iniciativa y las oportunidades inmejorables afloraron con naturalidad, con la grada silente. En el 47 Jakic le arrebató el gol a Olmo tras un centro de Lamine; en el 49 Pedri perdonó un tres para tres nítido; en el minuto 53 Yamal desperdició un pase escandaloso de Cubarsí que le dejó en mano a mano con Livakovic (falló en su intento de regatear al arquero); y en el 56 Olmo no cabeceó a las mallas otro centro extraordinario de Lamine por milímetros. Era el momento español y la fuerza de sus argumentos cristalizó finalmente en la remontada merecida. En el minuto 61 el desatado Yamal puso un centro espinoso mal despejado por Stanisic, Olmo capturó el rechace, inutilizó a su par con un control astuto y asistió a Mikel Merino, que anotó con un remate cruzado; y en el minuto 88 el llegador del Arsenal, iluminado en estos días, tomó un pase frontal y bombeado de Martín Zubimendi e hipnotizó a dos oponentes con un control soberbio con el que se labró el hueco para ajusticiar a Livakovic. En un golazo impresionante que redunda en su unicidad en el fútbol español, en su rol un tanto exótico en el balompié nacional y que ha engordado los laureles de la selección con un protagonismo estridente.

Entre una diana y otra Bilic retiró a las leyendas y añadió piernas frescas y jóvenes, pensando que renovar la energía e incluir al talentoso Martin Baturina bastaba para desinflar al inflamado dominio visitante. Y ordenó subir líneas de nuevo. En cambio, sólo un par de errores españoles le dieron aire a su delegación. En el 75 una pérdida en campo propio entregó a Perisic la opción de centrar y Cubarsí salvó al desviar lo justo el cuero antes de que Dion Beljo (1'95 centímetros de delantero centro) festejase el empate; y en el minuto 78 fue Zubimendi el que la pifió en la salida de juego, quedando la pelota franca a Perisic, que descerrajó un trueno al que Unai Simón también respondió. Fue contundente la relevancia de este injustamente criticado portero en este evento. Rescató a sus compañeros durante la marejada y les sostuvo en la bonanza. Cucurella bajó el telón al forzar la expulsión de Perisic (cruzó su conducción delante del jugador del PSV, que le arrolló cuando ya había sido amonestado) y aseguró el aumento de la histórica inercia hasta los 43 partidos seguidos sin perder. La obra de De la Fuente, hipercompetitiva sea cual sea el ecosistema (en Dalmacia, a orillas del Adriático), sigue instalado en la grandiosidad. Suma ya 11 victorias oficiales consecutivas, a una del récord conquistado entre junio de 2009 y junio de 2010. Cuando el país sintió por primera vez lo que significa ser el rey del fútbol.

 

Ficha técnica

1- Croacia: Livakovic; Gvardiol, Vuskovic, Sutalo, Stanisic; Kristijan Jakic, Modric (Petar Sucic, min. 66), Kovacic (Mario Pasalic, min. 87); Vlasic (Baturina, min. 71), Perisic; y Matanovic (Beljo, min. 66). 
2- España: Unai Simón; Cucurella, Laporte, Cubarsí, Pubill; Rodri (Zubimendi, min. 71), Pedri (Yeremy Pino, min. 87); Dani Olmo (Fermín López, min. 71), Baena (Mikel Merino, min. 46), Lamine Yamal (Víctor Muñoz, min. 79); y Oyarzabal.
Goles: 1-0, min. 17: Perisic; 1-1, min. 61: Mikel Merino; 1-2, min. 88: Mikel Merino.
Árbitro: Erik Lambrechts (Bélgica). Expulsó a Perisic (doble amarilla, min. 80) y amonestó a Slaven Bilic (en la banda), Modric, Rodri y a Víctor Muñoz.
Incidencias: partido correspondiente a la 4ª jornada de la Fase de Grupos de la Liga de Naciones, disputado en el estadio Poljud (Split, Croacia).
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