“Me cuesta trabajo soportar que el presidente del Gobierno de mi país diga que el órgano de la...
“Me cuesta trabajo soportar que el presidente del Gobierno de mi país diga que el órgano de la soberanía nacional traicionó a la mayoría”.
Estas palabras no han sido pronunciadas por un derechista radical ni por un liberal conservador. Se expresa así el hombre más prestigioso del socialismo español, Felipe González, considerado por historiadores de máximo prestigio como el gran hombre de Estado del siglo XX, así como Cánovas del Castillo lo fue del XIX.
Felipe González propinó un duro cachete a Pedro Sánchez que, tras su derrota en el Congreso de los Diputados, puso en cuestión la representatividad parlamentaria, enfrentándola con la calle. Felipe González avisó del riesgo democrático que supone cuestionar la representatividad del Parlamento cuando se pierde una votación. “Si el Parlamento está traicionando la soberanía nacional -añadió- no importa que haya elecciones, porque del siguiente Parlamento también se podría decir que no representa la soberanía nacional”.
Felipe González ha dado una incontrovertible lección democrática a Pedro Sánchez y a algunos de los aliados del PSOE sanchista. Con su gran autoridad, con su indiscutido prestigio, el que fue presidente del Gobierno durante catorce años, el político que engrandeció al PSOE, ha puesto las cosas en su sitio. Pedro Sánchez está devastando las Instituciones. Su política arrasa una buena parte de lo que la Constitución de 1978 estableció. Pero negar legitimidad al Parlamento y burlarse de la soberanía nacional es algo tan grave que nadie podía suponer que el sanchismo se atreviera hacer. Sin embargo, así ha sido. Al mejor estilo marxista-leninista, Pedro Sánchez parece dispuesto a arrasar con la significación máxima de la democracia representativa. Felipe González ha hecho bien en llamarle la atención, manifestando el escándalo que en él ha levantado la manifestación de Pedro Sánchez, incompatible con la normativa democrática del mundo occidental.