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Novela

Alicia Giménez Bartlett: Bajo el cielo infernal

lunes 12 de octubre de 2026, 00:13h
Alicia Giménez Bartlett: Bajo el cielo infernal

Destino. Barcelona, 2026. 448 páginas. 22,90 €. Libro electrónico: 11,99 €.

Por Carmen R. Santos

En 1996 se publicó Ritos de muerte, donde nació uno de los personajes más celebrados de la novela española: Petra Delicado. La inspectora de Policía, creada por Alicia Giménez Bartlett (Almansa, Albacete, 1951), acompañada por su inseparable subinspector Fermín Garzón, llegó para quedarse e ir sumando seguidores en cada nueva entrega. Así, tras un primer caso en el que deben enfrentarse a un violador en serie, siguieron otros en títulos como Días de perros; Serpientes en el paraíso; Nadie quiere saber; Crímenes que no olvidaré (relatos); Sin muertos; La mujer fugitiva…, hasta el que ahora podemos disfrutar, Bajo el cielo infernal. Se cumplen treinta años del primero que apareció, y con este motivo, además de esta nueva entrega, se impulsará la saga.

En las postrimerías del franquismo y la época de la Transición, la novela negra vivió una eclosión, empezando con el “padre” del género en nuestro país, Manuel Vázquez Montalván y su detective Pepe Carvalho, y luego en la década de los noventa se asienta con nombres como Lorenzo Silva y su pareja de la Guardia Civil, formada por Bevilacqua y Chamorro, Eugenio Fuentes y su Ricardo Cupido, y la propia Giménez Bartlett -ganadora precisamente del Premio Pepe Carvalho-, en buena media pionera de esa consolidación. Hasta el momento actual, de auténtico boom, en el que se han ido incorporando nuevos autores, como, entre otros, Juan Gómez-Jurado, Dolores Redondo; Eva García Sáez de Urturi; Carmen Mola (seudónimo del trío Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero); César Pérez Gellida; Susana Martín Gijón y Víctor del Árbol.

Titulada con un oxímoron, Bajo el cielo infernal, como el nombre de Petra Delicado, un personaje con el que su creadora incorpora de lleno el protagonismo femenino en el noir español, tras las esporádicas Bárbara Arenas y Lónia Guiu, de la mano, respectivamente de Lourdes Ortiz y Maria Antònia Oliver, y figuras extranjeras como, entre otras, Maud Silver, de Patricia Wentworth; Cordelia Gray, de P. D. James; Kinsey Millhone, de Sue Grafton; y la forense con labores detectivescas Kay Scarpeta, de Patricia Cornwell.

En el último caso de Petra Delicado -una mujer independiente, culta, enganchada al trabajo, pero sin olvidar un lado hedonista-, encontramos las características de la serie, toda escrita en primera persona en la voz de Delicado, llevadas a su perfección, en las que destaca un logradísimo uso de la ironía y el humor, sobre todo en las conversaciones entre la inspectora y Fermín Garzón, y a una inspectora en tristes horas personales, tras el reciente fallecimiento de su tercer marido, el arquitecto Marcos Artigas, muerto repentinamente en un accidente de coche, tras una discusión de pareja, con lo que al dolor se une un cierto sentimiento de culpa. Pero Petra Delicado ha de volver a la tarea: “En aquellos días turbulentos, meterme de lleno en faena era lo único que me proporcionaba cierto consuelo”, revela.

Y, sin duda, mucha, y compleja, es la “faena” que le espera a ella y a su subordinado, con quien mantiene una singular relación profesional y personal que es uno de los aciertos de la serie. Petra Delicado y Fermín Garzón han de descubrir quién es el culpable de la muerte del jesuita Lorenzo Santos, salvajemente asesinado a navajazos y dejado tirado en la calle del barrio de La Mina, uno de los más conflictivos de Barcelona. El sacerdote trabajaba en un centro parroquial de acogida y rehabilitación de jóvenes vulnerables y con problemas. Al principio se sospecha que el criminal podría ser uno de ellos.

Pero los resultados de la autopsia muestran que Lorenzo Santos era alcohólico, un dato que les desconcierta, y que les arrastra a un panorama inquietante.  A las complicaciones de toda investigación, se suma que no es precisamente transparente el entorno eclesial -que ya abordó Giménez Bartlett en El silencio de los claustros- con elementos como el secreto de confesión, que Petra Delicado considera un inaceptable obstáculo para las pesquisas. Un asunto que propició un fascinante dilema en el filme Yo confieso, de Alfred Hitchcock.

En Bajo el cielo infernal vemos a una Alicia Giménez Bartlett -durante el proceso de escritura vivió una situación de duelo personal, como le ocurre a su personaje, al quedarse viuda de su pareja, tras cuatro décadas de matrimonio- al cien por cien.

 

 

 

 

 

 

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