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TRIBUNA

Militar por el proyecto europeo

martes 13 de octubre de 2026, 18:44h

Leo con emoción y placer Aquí me paro, libro póstumo de Javier Marías editado por Alfaguara. El novelista tenía contemplado reunir en un volumen unos artículos, ensayos, discursos y prólogos que escribió entre 2001 y 2020. Ahora, sesenta y seis textos han adoptado forma de libro y quedan juntos a nuestra disposición. Lo celebro íntimamente. Javier Marías afirmó que se había hecho escritor con el deseo de pasarlo bien llenando páginas, pero también con el afán de contribuir “-con suerte, claro- a que lo pasaran bien otros”. Es decir, contaba con atender a sus lectores. No sólo para distraerlos, sino para compartir con ellos sus observaciones y argumentos; estímulos para tener criterio propio, ayudas para manifestar personalidad.

Hace diez años justos, Javier Marias -totalmente ajeno a solemnidades y petulancias- refería una forma de combatir la necedad, la estupidez y la vulgaridad, aliadas para invadir y ocupar cualquier espacio de nuestras vidas:

“En un mundo cada vez más bufonesco y gritón, más impúdico y exhibicionista, quizá sea la impasibilidad lo que más puede atraer y llamar la atención”.

Impasibilidad significa no asustarse y no rendirse. Es hacer prevalecer en nosotros mismos la impavidez y la serenidad, el aplomo y la entereza. Y transmitirlas adonde podamos llegar.

Esta actitud nos conduce al umbral del misterio y a saber cómo enfrentarnos al mediocre desdén por lo extraordinario. Voy a fijarme en una pregunta precisa que sigue vigente y que a todas luces resulta decisiva para nuestra suerte, para merecer nuestro porvenir colectivo:

“¿Cómo es que algo tan extraordinario como la Unión Europea resulta hoy casi indiferente a los europeos, si no detestable para bastantes de ellos?”.

Es claramente observable que, en conjunto, estamos “sin capacidad de reacción ante las formaciones de extrema derecha ni ante las organizaciones demagógicas o ‘comprensivas’ de izquierda (y me temo que por ‘comprensivas’ quiero decir idiotas y suicidas)”.

Me atrevo a dar una interpretación mía que no del genial escritor, pues él no entró en este vericueto que planteo a continuación. Los populistas de derecha y de izquierda son antieuropeístas, contrarios a una Europa sólida y unida; los primeros, por nacionalistas y xenófobos; los segundos, por su mística anticapitalista y por su alergia a todo lo que constituye Occidente. De este modo, los segundos militan ruidosamente por la causa de Hamás “desde el río hasta el mar”, en contra de Israel. Se sienten deslumbrados por los yihadistas, a quienes ven como la fuerza revolucionaria por excelencia, los únicos capaces de poner todo patas arriba. Sucede que los totalitarios islamistas odian todo aquello que no sea su propio mensaje. Y si estos integristas se impusieran sobre nosotros, los ‘anticapitalistas’ occidentales no tendrían otro porvenir que ser aplastados por su adherencia al ateísmo.

Javier Marías no entraba en estas cuestiones que podrían entenderse como inoportunas. Por el contrario, él hacía balance del proyecto europeo, en positivo:

“la democracia, el sistema de libertades, los derechos civiles, la privacidad, la libertad de pensamiento y de prensa y de expresión, la separación entre Iglesia y Estado, el respeto a las minorías, el servicio de los políticos a sus ciudadanos, la independencia de la justicia, las ayudas sociales, la educación y la sanidad pública y universales”.

Éstas son realidades incomparables que potencian la condición humana fuera de etiquetas al uso. Como recalcaba el autor de Mañana en la batalla piensa en mí, no hay lugar en la tierra que haya conseguido todo eso en mayor medida que Europa. Evidentemente, ninguna conquista es definitiva, siempre se ha de revisar y actualizar lo que se pretende. Sin embargo, hay una amenaza real que se cierne sobre nosotros y hace peligrar la expansión universal del proyecto europeo (deseable para todos, porque no distingue entre personas de la procedencia que sea). Es motivo serio de preocupación observar que:

“nos falta la audacia, la convicción, la persuasión, las posturas firmes ante quienes tratan de socavar desde fuera y desde dentro nuestras largas y pacientes y a menudo sangrientas conquistas, ante quienes pretenden vivir entre nosotros con sus propias leyes importadas, como si continuaran en sus países de origen”.

Acerca de todo lo cual, tengo la absoluta convicción de que para desarrollar este proyecto se precisa ir más allá de los políticos convencionales: hacen falta la voluntad, el empeño y la determinación de numerosos ciudadanos. Esta causa no es una causa de derecha ni de izquierda, sino transversal y en pro de cualquier criatura humana, sea como sea y en cualquier orden de la vida.

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