Termina la legislatura con una pregunta clavada en el corazón del debate público: ¿Cómo es posible que con la mayor recaudación de impuestos de la historia, con los fondos europeos fluyendo a chorro, el “cohete económico” que pilota el Gobierno de Sánchez se traduzca en servicios públicos depauperados y familias a las les cuesta llegar a fin de mes?
La economía “que más crece en Europa”, según el mantra del Gobierno, vive en un constante sobresalto. Nada parece funcionar como debería. Especialmente, si el Estado está por medio. Las infraestructuras están obsoletas, después de la inyección de fondos estructurales de la Unión Europea. Tras un pavoroso accidente de tren que dejó decenas de víctimas mortales, el caos se extiende por toda la red ferroviaria. Un apagón que fundió España durante horas continúa inexplicado y amenaza con volver a repetirse. Las fronteras están desprotegidas, al punto de que 72.000 personas no identificadas pueden cruzar a Ceuta en un solo día. Los impuestos están más altos que nunca, pero la recaudación de récord no alcanza, y la deuda pública no para de aumentar.
La fotografía no es más halagüeña si bajamos a la realidad de la calle. Basta con acercarse a un supermercado para comprobar el roto que la inflación desbocada supone para los bolsillos de los españoles. El Gobierno sigue empeñado en subir el Salario Mínimo Interprofesional, pero esos incrementos no tienen ningún efecto de arrastre en el resto de los salarios. De hecho, lo que ha ocurrido es que el SMI se ha convertido en el salario más habitual en España. El propio Ministerio de Economía reconoce que el 20% de los hogares en España tienen dificultades para llegar a fin de mes. Datos de Eurostat muestran que El 11,2% de los trabajadores en España se encuentra en riesgo de pobreza laboral.
La vivienda es uno de los grandes temas que el Gobierno ha elegido como leitmotiv de su campaña electoral. Algo que llama la atención, porque se trata de uno de los más evidentes fracasos de su gestión. Los datos muestran que los precios de la vivienda no paran de subir y los alquileres están disparados. Frente al relato de que todo es culpa de unos pocos especuladores, de ‘fondos buitres’ extranjeros, de un enemigo convenientemente difuso y abstracto, lo cierto es que faltan casas en España. El Banco de España calcula un déficit de 750.000 viviendas entre 2021 y 2025. Desde 2021, se han formado 1,16 millones de hogares y solo se han terminado 465.000 viviendas libres. Un ‘shock’ de la oferta, asfixiada por los impuestos y la burocracia de la Administración.
Así las cosas, a Pedro Sánchez le valdría más no hablar del ‘cohete’ económico. El hartazgo comienza a ser evidente. Los españoles se han dado cuenta de que nunca han pagado tantos impuestos a cambio de tan pocos servicios. Lejos de solucionar los problemas económicos, el Gobierno parece empeñado en agravarlos más y más.