El cabeza de lista de ERC al Congreso, Gabriel Rufián, hace en su nuevo libro, "Cómo ganar a los fachas" (Now Books), un llamamiento al soberanismo catalán, vasco, gallego, valenciano y andaluz a "involucrarse en la gobernabilidad del Estado" y "someter al PSOE" para forzar cambios estructurales.
"Sí. Yo aspiro a someter al PSOE en un Gobierno del PSOE", afirma en su libro, que se pondrá oficialmente a la venta este martes.
Según Rufián, el soberanismo lleva "un siglo esperando a una izquierda estatal que le comprenda y ayude. Y no existe".
"La izquierda española ha demostrado sobradamente que no quiere y que, además, ni siquiera puede. Pues yo digo que seamos nosotros esa izquierda de izquierdas. Instrumental y electoral. Sin manías", asegura.
Un Gobierno del PSOE "sometido a fuerzas soberanistas", subraya, "avanzaría en derechos" y solucionaría el conflicto territorial, con un referéndum de autodeterminación como propugna el independentismo catalán y también un plebiscito sobre "monarquía o república".
Frente de izquierdas
Publicado a escasas semanas del inicio de la campaña de las elecciones del 29 de noviembre, el libro profundiza en la propuesta de Rufián para "armar un frente instrumental y de cooperación mutua entre las izquierdas soberanistas y la izquierda española basado en confluencias que maximicen resultados provincia a provincia".
Deberían compartir, en su opinión, puntos programáticos sobre vivienda, seguridad, migración, impuestos o autodeterminación.
Un programa para que "la izquierda haga de izquierda"
Su obra incluye un apartado programático, donde desgrana propuestas para que "la izquierda haga de izquierda", bajo la premisa de "trabajar menos para trabajar todos, producir lo necesario y redistribuirlo todo".
Apuesta por "intervenir el mercado (el laboral, el urbanístico y el alimentario), aplicar impuestos a la riqueza y no al trabajo e invertir masivamente en educación, transporte y sanidad".
Reducción de la jornada laboral, renta básica universal, prohibir o gravar "ferozmente" la compra especulativa de vivienda, impuestos sobre las viviendas vacías o una cesta básica de 20 alimentos esenciales con precios reducidos son algunas de sus ideas.
Que Junts deje de imitar a Orriols y vuelva a Pujol
En el capítulo sobre Cataluña, denuncia que durante el 'procés' parte del independentismo ligado a la antigua Convergència "repartió carnets de pureza y de buen catalán": "Un error que nos hizo perder", sentencia.
Según Rufián, Junts es un partido "profundamente tóxico al que solo le interesa arrinconar lo que no considera puro", por lo que espera que caiga "en el más absoluto ostracismo", para que sus liderazgos y mensajes "dejen de imitar" a Aliança Catalana y vuelva "una Convergència más normal" inspirada en Jordi Pujol.
"El pujolismo se basó en la integración y en la aceptación de una Cataluña diversa, con un deje clasista, pero integrador", destaca Rufián, que no entiende "la relación freudiana de amor/odio basada en el miedo" de ERC hacia Junts, concluye.
"Yo vivo del conflicto en política"
En las 224 páginas del libro, Rufián también explica sus orígenes y expone su enfoque político: "Yo vivo del conflicto en política".
"Creo que somos guerreros y comerciales de ideas. Me da igual cómo suene. Guerreros y comerciales. Si no luchas y aburres, no convences; y si no convences, no vences", razona.
"Vengo de la mierda"
Con un lenguaje coloquial y directo, el libro arranca con una explicación sobre sus humildes orígenes: "Yo vengo de la mierda", afirma Rufián, que relata cómo en su primer trabajo le "pegaron": "Un judoca que trabajaba ahí. Le toqué el hombro por detrás y me atenazó el cuello. En mitad de una planta de El Corte Inglés. No podía respirar. No recuerdo más".
Cuando su nómina era de apenas 1.100 euros, confiesa que llegó a "robar papel higiénico en el trabajo y latas en el supermercado".
"Yo fui un cabrón con Tardà"
Rufián tiene palabras de elogio hacia quien fue su mentor en sus inicios como diputado en el Congreso, Joan Tardà, de quien dice que "si hubiera tenido un solo gramo de ambición en su cuerpo habría sido president".
Y hace un acto de contrición: "Yo fui un cabrón con Tardà. Fui un adjunto nefasto. Fui egoísta y soberbio. Me aguantó cosas inaguantables. Porque yo no sabía nada y me creía que sí", señala Rufián, que muestra su visión heterodoxa y alejada de los aparatos de partido, con frases como esta: "Nos pagan para pensar y escuchar a la calle, no para estar todo el día reunido y acabar leyendo un argumentario escrito por otro lleno de frases vacías".