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TRIBUNA

El despotismo de los zotes

martes 27 de octubre de 2026, 19:25h

España está viviendo una especie de sonambulismo colectivo, donde los protagonistas se dedican con insistencia a acabar con el orden y a reducir todo lo posible las libertades y propiedades de la población. El Gobierno Sánchez está pasando por la historia como un modelo de falsedad antidemocrática, ejerciendo un activismo ideológico que se opone a lo que pueda beneficiar a la sociedad. Desde su instalación en el sistema, su principal interés ha sido aprovechar y acrecentar los privilegios del poder político. Este activismo se caracteriza por ser un progresismo sin principios que busca la utilidad personal sin reparar en daños. En su degradación, el progresismo actual representado en sus partidos políticos y sindicatos de clase, ansía imponer en la sociedad un caos despótico y convertir la política en un negocio explotador, con el afán de arruinar a la mayoría de la gente e implantar servidumbres efectivas, aunque otorgando todo tipo de derechos subjetivos, tanto para los que desean tener un alma engañada, como para los que defienden las libertades fundamentales. Los que se conforman con la opresión nunca dejarán de defender al gobernante despótico. Siempre secundarán el ejercicio del poder más perjudicial para la sociedad. Un gobernante tiránico estará mutualizando con estos individuos al carecer ambos de una buena figura animi, cuya relación dentro del cinismo institucional podría ser relativamente sincera, pues nunca podrán objeciones a los perjuicios que ocasiona. Un gobernante tiránico podría manifestar a su chusma el deseo de robar, silenciar por cualquier medio a los opositores, --incluso recurriendo a la actividad más criminal--, llevarles a la miseria, y cualesquiera otras acciones por muy disparatadas que sean, porque siempre le seguirán rindiendo pleitesía, siempre habrá un número no menor de gente que desee participar en los estímulos violentos del poder –no solo los profesionales pagados ocultamente--. Todos estos individuos que niegan la democracia son los que desechan la convivencia, rechazan la libertad, la solidaridad, la fraternidad, por lo que nunca querrán un Estado caracterizado por ser un modelo de justicia. 

A partir de la llegada al Gobierno de Sánchez, el sistema español se ha deslizado hacia una combinación de autocracia y despotismo logrando extender ampliamente la irracionalidad y la estupidez extrema. Desde las concretas instituciones se propicia el delito, por ejemplo, con la legislación –legislación delictiva--, se defiende a los criminales, incluso haciéndoles héroes –el héroe terrorista—, se justifica el robo y por añadidura todo propietario pasa a ser explotador. Por el contrario, el vago se convierte en un modelo a seguir y se glorifica a los que se liberan de las obligaciones comunitarias. --los que apoyan la tiranía justifican hipócritamente el incumplimiento por no querer estar sujetos a lo que reduce la libertad--. De este modo ha sido fácil generar una corrosión interna que debilita grandemente la cohesión social. 

La estrategia del progresismo del PSOA(mor)y fuente principal de violencia política ha consistido en desnaturalizar todas las instituciones y gestionarlas con la máxima ineficiencia. Así, saltándose las reglas constitucionales que ponen límites al ejercicio del poder, le resultaría más fácil orientar las instituciones hacia un centro orgánico, quedando su función controlada por un acaparador órgano principal. El resultado sería lo previsible, la soberanía del pueblo quedará usurpada por el Gobierno y la partidocracia colectivista. 

Es decir, que el Gobierno ha ido desfigurando y desplazando a las instituciones del Estado de sus competencias. De esta suerte, asumirá un poder suficientemente fuerte con el que podrá a su vez reprimir o subyugar a la sociedad. Al tener tanta capacidad está superando las barreras de los poderes internos e intermedios que preservan a la sociedad, y consecuentemente disminuyendo fuertemente la libertad y aumentando la injusticia y el desorden social e institucional. Al provocar la disfunción de las instituciones se degradará sumamente el sistema No es difícil percibir que España tiene un enemigo político en su interior –y, como mínimo, amigo del enemigo exterior--, concretado en gran parte de sus elites y en una amplia fracción de sus habitantes. La población colectivista sigue a las élites por confluencia ideológica. En España coincide en esa porción de la población, la postmodernidad nihilista y la adopción de una visión muy deformada y negativa del pasado, a partir del cual se ha creado un disparatado sentido de inferioridad, a su vez efecto de un autodesprecio y de una ridícula soberbia. Creen poder superarlo desprendiéndose de su ser histórico, haciéndose globalistas, lo que les llevará inevitablemente a la niebla mental por el desenraizamiento. Así, el español universalista, en realidad un apátrida, pretende separarse de sus raíces para convertirse en una especie de nenúfar planetario. Uno de cuyos efectos será la consiguiente pérdida del instinto de supervivencia, al tener que poner su cerebro en el lado contrario de la racionalidad, de la ciencia, del buen entendimiento y en muchos casos, cronificando su imbecilidad.

Cuando un partido sinceramente democrático toma el poder, su mayor interés será hacer prosperar las condiciones de la población, mejorar lo que funciona y reducir las situaciones que provocan malestar en la población. Esto es, le moverá la voluntad de progresar. En cualquier caso, un ejercicio político tiene que valorarse por sus resultados positivos. No es éste el propósito del Gobierno progresista llegado al poder en 2018 tras el voto de censura al presentarse con dos aspiraciones: Primero, situar a los militantes en todos los puestos de la Administración, en los cargos públicos y hacerse con un amplio capital y conseguir distinciones y tomar las medidas necesarias para mantenerse en el poder, incluso llegar a recurrir a la violencia extrema. Segundo, al formar parte del doctrinario progresista postmoderno, su propósito será acabar con la Nación y el Estado Social. La estrategia para lograrlo ha consistido en conseguir que el PS monopolice el poder en las Comunidades Autónomas y en las instituciones locales, deslegitimando a cualquier partido político que no pueda controlar. Actitud corriente en el Partido socialista al ser monolítico y monocéfalo, radicalmente antipluralista. Además de utilizar las artimañas delincuenciales que se han extendido por todo el tejido estatal, politizando todos los aspectos de la vida social, además de aniquilar “las energías espirituales” (M. Hauriou). De resultas lo ha degradado casi todo, tanto por su deseo como por su incapacidad de hacer una buena gestión. Para depauperar las instituciones y la sociedad, el progresismo en la sombra sabe que debe ponerse al frente de las instituciones a los más zotes e inmorales –sobre todo los que tienen vicios privados, susceptibles de hacerse públicos--, porque son los que mejores resultados ofrecerán para destruir la Nación. Es decir, que, entre mayor número de gente incapaz para gestionar, mayor depauperación para las instituciones que afectarán a la sociedad por el efecto negativo de degradar al máximo el ámbito público. 

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