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EDITORIAL

Después del accidente de Urda, la corrupción asesta el último golpe a la campaña del PSOE

EL IMPARCIAL
viernes 6 de noviembre de 2026, 08:18h

El Gobierno intentó que la Justicia aplazara las investigaciones de la Justicia sobre los casos de corrupción durante la campaña electoral. Pero la Justicia no descansa ni siquiera en vísperas del 29-N. El juez Ismael Moreno de la Audiencia Nacional acaba de ordenar a la UCO registrar la sede de Adif, la casa de José Luis Ábalos en Valencia y detener a 6 presuntos implicados en la trama Koldo, como Cristian Corvillo, exchófer de Pedro Sánchez y conductor del Peugeot que viajó por España para promocionar la candidatura a la secretaría general del PSOE del todavía presidente, coche en el que también viajaron Cerdán, Ábalos y Koldo. De los seis ocupantes, sólo falta el propio Sánchez en ser acusado de corrupción.

Nada más saltar la noticia, el presidente, como siempre, se quitó de en medio. “No tengo nada que ver”, dijo. Se desmarcó igual que cuando Ábalos y Cerdán fueron imputados o cuando Leire Díez fue acusada de tráfico de influencias y de financiar ilegalmente al PSOE. Porque Pedro Sánchez se empeña en aparentar que es ajeno a todos los casos de corrupción que asolan al Gobierno y a su partido. Incluso, a las tragedias ferroviarias de Adamuz o Urda. Todavía se desconoce si llegó a cobrar por los amaños de obras públicas o si conocía el grave deterioro de la red ferroviaria que provocó los mortales accidentes de los trenes. Pero aunque estuviera en Babia, era el máximo responsable de haber nombrado a los ministros que perpetraron los atracos al dinero de todos los españoles y también del abandono de la seguridad de la red ferroviaria.

La tragedia mortal de Urda desvió la atención de los incontables casos de corrupción que afectan a Pedro Sánchez y que han hundido electoralmente al PSOE. Pero el incansable juez Ismael Moreno ha vuelto a dar un golpe a la campaña socialista con los registros en la sede de Adif, la empresa responsable de la Alta Velocidad, de la casa de Ábalos, la mano derecha del presidente en el Gobierno y en el partido y hasta del exchófer del líder socialista que conducía el famoso Peugeot. Y por mucho que rabien en Moncloa, el magistrado se ha limitado a proseguir su investigación. Y ha vuelto a recordar a los votantes de los turbios amaños que se producían en el Ministerio de Transportes y en la sede del Partido Socialista.

Dicen en el PP que “la corrupción mata”. Y no es exagerado, pues, en lugar de invertir en el mantenimiento y seguridad de la red ferroviaria, los corruptos del Gobierno como Ábalos se embolsaron millones de euros por las comisiones de obras públicas o de la compra de mascarillas durante la pandemia. Y por eso, el que fuera ministro de Transportes está encarcelado. Y, por eso, resulta más que sospechoso que todos los que viajaron en el Peugeot para promocionar la candidatura de Pedro Sánchez estén en prisión, imputados o investigados. Sólo falta el líder. Pero no hay que descartar que también termine sentado en el banquillo de los acusados; sobre todo, si, como es previsible, sale triturado de las urnas el 29-N.

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