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TRIBUNA

Bloc de otoño (II): Paseos

domingo 8 de noviembre de 2026, 19:17h

Espera las indicaciones. moderato. Según avanza el camino, uno va sintiendo ese desapego inusual que recibe con gusto y hace mirar todo con mayor interés, aunque el espacio haya cambiado lo justo o nada. accelerando. Poco a poco, cierta gracia lo anima y quiere despreocuparse con total ligereza. El escenario sigue y sus tonalidades embriagan por el vistazo rápido que marea de no poder asimilarlas. a tempo. Uno vuelve al ritmo primero, se da cuenta de que está perdiéndose algo, que está dando por minucias lo que en realidad contiene bastante que desentrañar, también sobre sí mismo, como todo lo que anda encerrado en su celda de fascinación. 

Como una de las tantas hojas secas que ahora nos pululan, de ser tomada en las manos y estrujada hasta las trizas, lo interesante sería volver a recomponer los trozos para saber si conocemos tan bien como creemos su forma, su estructura y filamentos. De realizar tal acción con lo representativo de un país, tendríamos la dificultad de su recomposición si no hubiésemos pasado antes por la exhaustiva etapa de la observación, en la que muy pocos consiguen demostrar la debida paciencia. Pensemos en Italia, por ejemplo, por salir de uno de esos países que suelen estar más hermanados con los placeres sensoriales y pictóricos de lo otoñal. Es un país al que le sobran argucias sensoriales, pictóricas, gastronómicas, sensuales, de todo tipo conocidas y explotadas y exportadas al mundo. Mil ojos, durante siglos, han ido posando su vista en lo italiano y sacado lo más apetecible o detestable a su parecer. Una mirada nómada, en cambio, sabrá aportar una equidistancia sobria para abordar sus conceptos y maravillas. 

Lo hizo, la tenía, Gregor von Rezzori. En el compendio Passeggiate. De viaje por Italia, con la traducción, edición y selección de José Aníbal Campos, y el epílogo firmado por Jan Wilm y él, se hace posible esa renovación de los votos que declaran nuestro amor por el país ‘con forma de botín de dama de vida licenciosa que emerge del arco de pliegues montañosos de los Alpes y de la llanura fluvial del Po’. Un trabajo que recupera diversos artículos, escritos entre finales de la década de los sesenta y mediados de los noventa del siglo XX, pero de los que las fechas importan menos que la transmisión del tiempo plegado sobre el tiempo; el nuestro, cada vez más norteamericanizado y cubierto de cemento físico y moral. La Italia de Gregor von Rezzori se lee desde su reconocimiento en los cambios que hicieron puente entre su lado más sofisticado y el más pedestre, tanto en el campo como en la ciudad, donde recrea situaciones hilarantes —como en el capítulo Dolce vita en el campo— o disecciona el abuso turístico en convivencia con la imagen que mantener o que ya apenas se tiene en pie —los textos dedicados a Roma y Milán—. 

Passeggiate es de los libros que reconcilian el denostado nivel culto al que conviene llegar para con el oficio literario, y el sarcasmo que impide que la gravedad del mismo inmovilice cada una de las frases. Es un libro que busca, entre su humanidad, la verdad, el esquema completo o el bosquejo de la misma, pero siempre a través de la sublimación de lo anónimo y lo conocido. 

Hay una Italia y una Europa perdidas en estas páginas. Desde su mesa de trabajo, el escritor austrohúngaro intentó las formas adecuadas de pensar y expresarse para que otros sintieran, no nostalgia, pero sí una punzada benigna que recordase lo pasajero de nuestra cultura y civilización, la sencillez con la que todo ello desaparece, quién sabe si hasta la próxima venida, con viejos colores que resistan los asaltos del sol.

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