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La gran ratonera de Madrid

miércoles 07 de enero de 2009, 22:10h
Para dar a luz a “Los abrazos rotos”, cuenta Almodóvar que se inspiró en la imagen de una pareja que aparecía abrazada en una de las fotografías que el director manchego tomó de la Laguna Verde, en la mágica Playa del Golfo de Lanzarote. El misterio que esa pareja le transmitió fue el acicate para crear la trama de su último filme, aún sin estrenar. Y es que no hay nada mejor para alimentar la imaginación que pasear entre la gente e incluso sentarse a observar, interpretando gestos e inventando conversaciones que no podemos escuchar. Recuerdo que a las pocas semanas de vivir en Roma, pensé que Fellini no sólo era un genio, sino, sobre todo, un buen observador que trasladaba, con arte, a sus películas lo que ya estaba en la calle. Personajes, acciones y tramas que superaban con creces cualquier surrealista ficción.

Estas navidades, el aeropuerto de Barajas se ha convertido, tristemente, en una gran cantera para quien buscara historias rocambolescas llenas de desesperación, comprensible cabreo y cansancio, mucho cansancio. Ya durante todo el mes de diciembre, los pasajeros de la T4 sufrieron de grandes retrasos y de cancelaciones que Iberia achacaba a una huelga de celo encubierta llevada a cabo por sus pilotos, quienes, por supuesto, siempre lo negaron. Pero si el 2008 acababa mal en el aeropuerto madrileño, el nuevo año empezaba mucho peor, con pasajeros atrapados, la mayoría intentando volver a casa después de las vacaciones, entre la huelga, que no se sabe si es huelga, de los pilotos de Iberia y la contagiosa gripe, que no se sabe si es gripe, de los controladores aéreos, mosqueados por el recorte de las horas extra. Y encima, la niebla y el temido overbooking.

Así es que historias surrealistas de personas que guardaban interminables colas para embarcar en un avión que acumulaba horas y horas de retraso y que más tarde acababa por cancelarse, las encontramos en todos los idiomas. Hemos visto pasajeros que han llegado a pasar cuatro noches en un hotel cercano a Barajas, sin saber cuándo podrían viajar y que mostraban, incrédulos, hasta siete y ocho tarjetas de embarque que no les habían servido para nada. Horas, días enteros perdidos de estar con la familia o de volver al trabajo. También a usuarios, simplemente de escala en Madrid, que no podían cambiarse de ropa ni tomar sus medicinas, porque éstas viajaban bien guardadas en las maletas que, igual que los vuelos contratados, tampoco aparecían por ningún lado. Con este ambiente de caos tercermundista, no es extraño que la Guardia Civil tuviera que intervenir para atajar los tímidos conatos de rebelión que estallaron en algunas de las puertas de embarque de esta inmensa ratonera en la que se había convertido el aeropuerto de la capital y en el que, por desgracia, a quien, desde luego, no se ha visto, en los momentos más críticos, ha sido a ninguna autoridad para interesarse en persona por la suerte de los afectados. No, claro, estarían de vacaciones.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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