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Encerrando en el armario a Largo Zapatero

Laila Escartín Hamarinen
miércoles 07 de enero de 2009, 22:22h
Los columnistas solemos escribir sobre cosas feas y estamos constantemente quejándonos; para no ser pesada, y porque es la primera semana del nuevo año, hoy escribiré sobre cosas bonitas y agradables, para que no sea la misma cantinela lamentosa de siempre. Lo triste es que no es igual de fácil escribir sobre cosas bonitas que sobre cosas feas, porque el mundo está más lleno de porquería que de flores. Después del discurso por el año nuevo que dio nuestro presidente Largo Zapatero (hasta en eso hemos ido a peor, antes teníamos un Largo Caballero, ahora no es más que un Zapatero), y que cada día se muestra más majadero (¡me ha salido un pareado sin haberlo preparado!), estoy más disgustada que nunca: su última majadería es no hablar de Hamas como lo que es, un grupo armado terrorista islámico, sino igualarlo a un país democrático como es Israel. A casi nadie le gusta la guerra (hmmm, aunque cuanto más estudio historia y cuantas más películas veo, más me convenzo de que el macho varón de todas las especies animales ama ferozmente la guerra), pero tampoco me parece incomprensible que una nación democrática se defienda con las armas de la presión violenta de un grupo terrorista. Creo que los únicos que daban la otra mejilla para ser abofeteada eran Cristo y Gandhi; los demás estamos hechos de otra madera más burda. En fin, que hoy me quedo en el País de lo Bonito y arrullo nuestras almas, olvido activamente el Medio Oriente y meto en el armario para no verlo a Largo Zapatero, y me concentro en el Museo del Prado, en el Thyssen-Bornemisza, en el Reina Sofía, en las fundaciones March, MAPFRE y Caja Madrid, y en las estupendas exposiciones y actividades que ofrecen a los ciudadanos (¡viva Madrid!); cierro los ojos a la basura y contemplo únicamente la maravillosa poesía de nuestro ingenioso y genial escritor Ángel Guache, los inteligentes artículos de los pensadores Manuel Ruiz Zamora y Fernando Rampérez, las divertidísimas columnas de Arturo Pérez-Reverte, las burbujeantes esculturas de Alex Mitchell, los retratos sublimes de Ramón Sanmiquel, los dibujos feroces de Toño Camuñas, los vídeos hirientes de Alberto García-Alix, los dibujos magistrales de Pedro García-de-Leaniz; además, me niego a oír las mentiras de los políticos y sólo oigo la música de Vera Domínguez Goñi, de Christina Rosenvinge y de Héctor Tuya; y cómo no, me empapo de la belleza de mi pequeña inocente hija, escucho sus palabras de inmensa sabiduría y procuro ser como ella: pura y verdadera.
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