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30 Años después: la garantía está en la globalización

Juan José Laborda
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martes 20 de enero de 2009, 22:58h
¿Cuál es la causa del éxito de la Constitución de 1978, en comparación con las anteriores? Se han sostenido explicaciones tautológicas, es decir redundantes, del tenor “el proceso constituyente fue pacífico y racional porque la sociedad así lo quería”. A este tipo de argumentos, siempre se acompañan nociones sociológicas, del tipo “existía una clase media que moderó la evolución de los acontecimientos”. Sin embargo, si los hechos hubiesen sido distintos, si la tragedia se hubiese repetido, ese tipo de análisis hubiera encontrado en “la debilidad de una clase media democrática”, los motivos del fracaso. Y en los años 70, con la crisis económica mundial, diversas autoridades tenían un diagnóstico sombrío. Pierre Vilar, un hispanista muy influyente, escribía en 1971 en el último capítulo de su “Historia de España”: “desde que el preludio del gran conflicto se ha producido en su territorio, España ha vuelto a ser uno de los puntos sensibles del mundo. Ya no queda un solo hombre, que no se sienta un poco solidario de su destino”.

Pero si aplicamos un enfoque sociológico más científico, con la “neutralidad axiológica” que pedía Max Weber, podemos sostener que el éxito del proceso constituyente de 1977-78, se debió a que España, contrariamente a ocasiones anteriores, quiso hacer su cambio político insertándose en el contexto internacional. Por utilizar conceptos de hoy, España quiso integrarse voluntariamente en la globalidad. La autarquía ideológica del nacionalismo del Régimen del 18 de Julio, por reacción, hizo que se volviera la mirada a Europa, “al extranjero”, con una intensidad que no se dio en 1812, 1868, 1876 o 1931. Resumo una experiencia personal: a principios de 1978, cuando no teníamos aún Constitución, todos los Grupos parlamentarios del Congreso y del Senado, desembarcamos en Estrasburgo, para explicar en el Consejo de Europa que necesitábamos ingresar en ese organismo, sin cumplir todavía las exigencias de poseer una legislación y una organización política democrática. Entonces, lo formalmente democrático eran tan sólo los 350 diputados, y los 208 senadores electos el 15 de Junio de 1977. Lo demás, incluyendo el Gobierno de Adolfo Suárez, que había sido designado por las normas franquistas, no superaba los mínimos democráticos que se exigían en el Consejo de Europa. Nuestro compromiso unánime con los ideales de ese organismo, hizo que ingresáramos a continuación, bajo palabra de honor. La búsqueda de una homologación en el exterior, respondió a una voluntad política. La explicación de una necesidad económica, no aparece como algo automático, pues en aquellos años, nuestra economía no estaba internacionalizada como hoy, y como se decía entonces, muchas empresas exportaban lo que no vendían en el mercado nacional.

La “neutralidad axiológica weberiana”, sirve para explicar cómo el Régimen franquista adoptó medidas para su supervivencia, que hicieron inviable la misma. En 1959, los tecnócratas de Ullastres, sacaron del marasmo económico a un Régimen autárquico, con organizaciones productivas de cuño corporativo-fascista. Es una experiencia conocida. Enrique Fuentes Quintana dijo que a partir de entonces, España se integró en la economía europea, sin que Europa se integrase en España, algo que se lograría después con la democracia. Para adaptar nuestra economía a las europeas, los tecnócratas hicieron una operación contradictoria: mantener la dictadura todo lo necesario y liberalizar la economía todo lo posible. La democracia liberal seguía siendo la anti-España, y cualquier operación con capital extranjero, necesitaba la autorización explícita del Consejo de Ministros. Sólo a partir de 1983, los españoles pudieron invertir su dinero en el extranjero, sin control previo de su Gobierno.

Durante los 15 años finales de la Dictadura, en España se produjo un interesante fenómeno: existía un Estado con derecho, aunque para nada se había logrado un Estado de Derecho. La Dictadura ya no operaba como un régimen totalitario. La propiedad, las operaciones económicas, etc., estaban garantizaban por leyes que eran trasposiciones de normas de la CEE. A diferencia de Estados como los de dependencia soviética, o la mayoría de las dictaduras africanas o asiáticas, las personas opuestas al gobierno franquista, no estuvieron discriminadas en su acceso a las oportunidades del libre mercado. Después de nuestra experiencia, se produjo la de Chile. ¿Será también el caso de China?

Entonces no se tenía tan claro como hoy, la idea de que la democracia se corresponde con la economía de mercado. En eso se basa el paso del Estado con derecho, al Estado de Derecho. Tal vez intuitivamente, la sociedad española asoció la CEE, no sólo como un éxito económico, sino como un proyecto político. El Mercado Común, obra de socialdemócratas, liberales y cristianodemócratas, se convirtió, así, en la base de un gran acuerdo nacional, algo sin precedentes en los momentos constituyentes de 1812, 1868, 1876 o 1931.

En las actuales circunstancias, recordar que el éxito estuvo en la apuesta por la globalización, no es una antigua historia, conmemorada en una simpática exposición al uso.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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