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Análisis

Barack Obama: bajo la lupa de América Latina

miércoles 21 de enero de 2009, 14:00h
Barack Obama llega a la Casa Blanca con las manos cargadas de proyectos y el peso de las expectativas de millones de personas que desean pasar página a una historia resiente, llena de infortunadas decisiones que han lesionado gravemente la economía y la imagen pública de la principal potencia mundial. Por lo que el nuevo Presidente de los Estados Unidos no sólo debe hacer frente a la demandante esperanza que sus conciudadanos han depositado en él, si no, a la vigilante mirada de sus aliados y no tan aliados dentro de la Comunidad Internacional, que desean que Obama sea un actor que impulse un cambio de estrategia en la forma de hacer política.

Entre ellos sus vecinos de América Latina, socios naturales de EEUU, que han observado a lo largo de estos últimos ocho años, cierto estado de dejadez diplomática por parte del gigante norteamericano que fue distanciándose de una región políticamente clave en la agenda estadounidense, tanto por su cercanía geográfica y los lazos comerciales que los une, como el hecho de que es un país, que según el censo demográfico del Pew Hispanic Center de 2007, posee 45 millones de habitantes hispanos, 10 millones más que en el año 2000.

No en vano, la llegada de Obama al Despacho Oval ha sido vista con buenos ojos por parte de los dirigentes latinoamericanos, ya que promete un refrescamiento de las relaciones EEUU y América Latina, que podrían partir de la consolidación de importantes acuerdos energéticos que potencien la búsqueda de nuevas fuentes de energía,-principal apuesta de la administración Obama-, en el que países como Brasil jugarían un papel importante.

Del mismo modo, se confía en poder revitalizar los tratados de libre comercio en la región, así como otorgarle un nuevo giro a los desgastados planes de ayuda para combatir el narcotráfico y la corrupción tan enraizados en la zona; y que por supuesto, Cuba deje de ser el gran paria de América, a fin de no seguir alimentado un frente ideológico que ha contribuido a profundizar aún más, la brecha que se ha abierto entre las relaciones de Estados Unidos con América Latina.

Efe


Lo que en otrora era una región con una línea diplomática organizada y definida frente a EEUU es ahora un puzle incierto que Barack Obama le toca ordenar prácticamente pieza por pieza.

Sin embargo, dicha responsabilidad no es exclusivamente una tarea que deba recaer sobre los hombros del 44avo presidente estadounidense. Los gobernantes de América Latina deben asumir su cuota de responsabilidad y plantearse qué es lo que desean de la nueva administración y a qué dirección quieren llevar a la región. La excusa que dificultaba la negociación y el acercamiento; el símbolo del neoliberalismo y el imperialismo salvaje, ya se encuentra retirado en su rancho de Texas con el estigma de haber sido el peor gobernante de la historia de su país.