Obama es querido en español
jueves 22 de enero de 2009, 00:52h
Como era de esperar, la clase política mundial no ha tardado en hacer declaraciones sobre el flamante presidente norteamericano. Por lo que respecta a sus vecinos de continente, desde México a Argentina, la práctica totalidad de América, de norte a sur, le ha recibido con los brazos abiertos. Gobiernos -hasta que ganó las elecciones reticentes por la política proteccionista del entoces candidato demócrata- de signo tan diferente como México, Argentina y Colombia celebran hoy el ascenso de Obama a la Casa Blanca. Hasta Cuba, por boca de Raúl Castro, se ha mostrado esperanzada en la senda que el ya ex congresista de Illinois vaya a seguir.
Por lo que respecta a España, el sentir ha sido unánime. Eso sí, dentro de la tónica común laudatoria se aprecian ciertos matices. A Zapatero, Rajoy y Llamazares les ha gustado el discurso, si bien cada uno se ha quedado con lo que ha estimado oportuno, efectuando en algunos casos exégesis sorprendentes. Pero mientras que Llamazares, sin entrar demasiado en el personaje Obama, prefiere fijarse en la vertiente social del mandatario estadounidense, en el PP y el PSOE sí que se ha entrado, y de qué manera. Los unos, desde la sede socialista de la calle Ferraz, se esfuerzan en componer absurdos paralelismos entre los presidentes de España y Estados Unidos, cuando lo único que tienen en común es su fecha de nacimiento.
Mientras, en la calle Génova, las cabezas pensantes del PP sienten -y así lo manifiestan públicamente- envidia del mandatario norteamericano. Normal. Un líder carismático, que domina a la perfección los resortes de la comunicación política, que sabe llegar a su electorado, que cautiva, y que además gana las elecciones…Obama tiene todo lo que le falta a Rajoy. Por eso gusta en el PP. Por eso, y porque es lo que toca. Nadie osaría hablar mal de Obama. A decir verdad, tampoco tendrían demasiados argumentos; no le ha dado tiempo aún a hacer nada, ni bueno ni malo. Pero esa aureola de mesianismo con que le ha rodeado la izquierda española tiene mucho que ver con la desaparición de su icono del mal, el saliente presidente Bush. A falta de alguien a quien odiar, alguien a quien amar. Pero quizá todos, izquierda y derecha, deberían de fijarse algo más en lo que Obama representa. Y aprender. En el PP, teniendo claro que Rajoy es la antítesis de lo que quiere la gente. Y en el PSOE, tomando nota de su “fair play” para con sus adversarios. A veces no está de más escarmentar en carne ajena.