¡Suerte, Obama!
viernes 23 de enero de 2009, 23:38h
Los viejos modos de la democracia americana, inadaptados a unos tiempos que corren mucho, hacen que el presidente electo no tome posesión de su cargo hasta dos meses y medio después de su elección. Esta interinidad no parece hoy en día ni necesaria ni conveniente y produce una interinidad problemática, pero el momento ha llegado y mientras escribo estas líneas Obama está tomando posesión de su cargo. Esta ceremonia y las múltiples que la han precedido desde que se convirtió en el candidato demócrata a la presidencia, cargadas todas ellas de mensajes y referencias históricas, han hecho de Obama todo un símbolo y me atrevería a decir que también, y de alguna manera, un mito, del que se esperan milagros, como si estuviera en su mano un uso taumatúrgico de la política; una especie de héroe griego semidivino con poderes extraordinarios, pero, claro está, es un sólo un hombre, aunque ser sólo un hombre puede ser mucho.
El hombre es un animal simbólico. No somos omniscientes y sólo podemos captar y asimilar parcialmente la realidad, por eso necesitamos del pensamiento conceptual para movernos en el mundo y entendernos los unos a los otros. Si pudiéramos nombrar todas las cosas por su nombre no haría falta el concepto, pero eso es imposible a esta mente impresionante pero limitada que es la humana. Nuestro pensamiento conceptual hace necesarios los símbolos y los mitos, mas a los hombres que dirigen la política no les conviene participar de la creencia popular sino pisar tierra.
Obama asume la presidencia de la primera potencia mundial en un momento especialmente delicado, tras un mandato nefasto del ya a estas horas expresidente Bush. Hereda una política internacional que es el máximo exponente del fracaso de la diplomacia occidental, con numerosos frentes abiertos y dos guerras sin cerrar en Irak y Afganistán. Hereda la peor situación económica desde la Segunda Guerra Mundial, que ha roto muchos de los principios esenciales del liberalismo americano, hasta el punto de que más del 50% del sector financiero está hoy en manos del gobierno. Y hereda, por citar sólo tres aspectos, una política social que ha acentuado la separación entre ricos y pobres, impidiendo por condicionantes económicos que muchos ciudadanos estadounidenses puedan siquiera soñar y muchos menos alcanzar el sueño americano.
Las bolsas de pobreza en el país más rico de la Tierra y el ingente número de personas que tienen dificultades para financiarse el cuidado de lo más esencial, la salud, o que directamente no pueden pagarse un seguro médico, muestra las imperfecciones de las políticas de estos últimos años.
Obama tiene algo de predicador en sus discursos, pero ahora ha llegado el momento de dar trigo. ¡Suerte!
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Profesor de Historia del Pensamiento Político
JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.
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