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Krásis 2th

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 23 de enero de 2009, 23:44h
El perfil de la crisis económica en España reviste las características propias de un país que hace tiempo no pinta ya nada en la “economía tangible” o de “producción de bienes”, de “entia realia”, sino que es sólo un “país de servicios”, un inmenso balneario o asilo, dependiendo de si el cliente viene del norte o si viene del sur.

España es la prueba del nueve de la famosa teoría del atraso de Gerschenkron, según la cual el sistema bancario funciona como un sustitutivo del empresariado en los países moderadamente atrasados. Después de la Guerra Civil, el Estado franquista, reconstruyó el tejido industrial, productor de bienes, de tangibilidad civilizatoria, convirtiéndose primero en generador de empresas públicas y rebajando, después, los derechos laborales del trabajador a los viejos derechos del siervo cristiano ( v. gr. los salarios de nuestra Revolución Industrial ). En aquella época los bancos funcionaban como los pulmones del cuerpo industrial, y a mediados de los Años 60 ( happy 60s! ) España comenzó a tener una considerable importancia en el mundo por su industria pública y privada. Pero con la reconversión industrial del compañero Solchaga las entidades financieras dejaron de ser colaboradoras de la audacia industrial y de constituir ancilariamente la munición de los grandes capitanes de empresa, para tener como únicos referentes enriquecedores ( “Enriquecéos” o la vuelta al “rey ciudadano” de Luis Felipe de Orleans” ) los puros servicios a una ciudadanía clientelar, parecida a la ciudadanía de la ciudad de Roma en la época del Imperio. El Estado dejaba de gastar dinero en crear y mantener el aparato productivo, y lo comenzaba a gastar pagando a las empresas de servicios para los ciudadanos. No siendo ya este balneario la Metrópoli de ningún Imperio colonial, bienes que antes producía el aparato productivo nacional comenzaron a venir de fuera, porque se pensaba que resultaba más “económico” comprar que producir, pagar parados y ciudadanos ociosos que poco rentables ( a la corta ) obreros altamente cualificados ( el neorleanismo sólo puede mirar futuros muy próximos ). Se comenzó a mirar el ocio como una inversión altamente rentable a la corta, y el trabajo como una inversión de muy lenta rentabilidad. El motor económico del turismo – único sostén ya de nuestra economía “real” - convirtió también en turistas al ciudadano nacional. Los efectos de todos estos cambios en nuestra infraestructura son muy variados. Así, por ejemplo, gracias a ellos, España sea probablemente ahora uno de los países del mundo con mayor porcentaje de ciudadanos inútiles ( es decir, que no son competentes en nada, ni conocen el espíritu del esfuerzo y del trabajo ni están habituados a ser responsables de sus actos ). Ni están preparados para subir al hombro los ladrillos al andamio, ni saben hacer máquinas que ayuden a subir los ladrillos.

En este tipo de crisis no existe memoria colectiva sobre el impacto del desastre que se avecina, porque nuestra imagen económica es completamente inédita en nuestra Historia, como inéditas son las imágenes de nuestras nuevas mujeres políticas sebastocratorisas o satrapesas en los modernos divanes que exigen un Ingres. La estacionalidad en las necesidades de crédito de un país de servicios, inmenso balneario o asilo, será muy diferente a las de un país industrial, un país eminentemente agrícola, o un país de exportación de sus reservas naturales. En todo caso, Dios nos pille confesados.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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