www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

La tentación proteccionista

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 02 de febrero de 2009, 21:47h
El signo de la unidad nacional con el que ha empezado Obama su presidencia ha sufrido su primer contratiempo con motivo del voto en la Cámara de Representantes de su paquete contra la crisis, que totaliza más de 800.000 millones de dólares. Ni un solo republicano votó a favor e incluso once demócratas se les sumaron. Lo curioso es que los republicanos no culpan al presidente por el contenido del paquete sino más bien a sus colegas demócratas de la Cámara a los que asignan la responsabilidad de haber empeorado los planes iniciales de Obama. Otros republicanos se quejan de que no se les ha consultado el plan ni se les han aceptado enmiendas. Todo esto prueba que el prestigio de Obama está intacto y que unos y otros prefieren atribuir sus desacuerdos a las habituales querellas parlamentarias. Ahora se espera que en el Senado –que discutirá el plan esta semana- los demócratas hagan algunas cesiones que permitan que algunos republicanos puedan sumarse al proyecto. Ese el objetivo primordial de Obama que quiere que su mandato esté presidido por el signo de lo que los americanos llaman la “bipartisanship”. Las cosas son siempre más fáciles en el Senado que en la Cámara de Representantes pues dado el peculiar sistema americano, que somete a los representantes a reelección cada dos años (a diferencia de los senadores que tienen un mandato de seis años) los miembros de la Cámara Baja están en permanente campaña electoral y tratan continuamente de diferenciarse de sus rivales del otro partido.

Uno de los principales puntos de discrepancia es que los republicanos piensan que las bajadas de impuestos que contempla el plan son insuficientes, lo que incidirá negativamente en el consumo y en el ahorro. En el fondo, a los republicanos les molesta el desaforado aumento del gasto público y tienen muchas dudas de que esa sea la vía adecuada para afrontar la crisis. En la polémica entre Hayek y Keynes de los años treinta del siglo pasado -recordada recientemente por el economista José Luis Feito- los republicanos se inclinan por el primero, aunque en aquella ocasión el vencedor absoluto fuera Keynes. Lo cierto es que tanto Bush como los otros gobiernos de los diferentes países se han volcado en el gasto público como primer remedio contra la crisis. Aunque solo fuera para evitar el desplome del sistema financiero, columna vertebral del sistema Pero ya son muchos los que se preguntan qué están haciendo los bancos con el dinero público que han recibido y que sigue sin llegar a las empresas pequeñas y medianas y a las familias. El otro día un periódico americano iniciaba un artículo sobre la crisis con esta frase: “¡Muchachos! Aunque os parezca mentira hubo un tiempo en que los bancos prestaban dinero a la gente y no la gente a los bancos como está sucediendo ahora”. La confianza interbancaria no se ha restablecido, el dinero no circula (Brown acaba de hablar de “mercantilismo financiero”) y los empleos no se crean. Al tiempo, el endeudamiento público está aumentado espectacularmente y la carga sobre las generaciones futuras es ya excesiva.

Lo peor del plan Obama son los atisbos de un proteccionismo excesivo que en si mismo es negativo e insostenible en un mundo globalizado como el presente. Es el viejo “buy american” al que tan aficionados son los demócratas y que nunca ha terminado bien. El plan aprobado por la Cámara de Representantes obliga incluso a contratar con empresas americanas. Un desastre si el Senado no lo arregla. Esta semana recordaba The Economist que en 1929 dos proteccionistas americanos que en aquella ocasión eran republicanos, Hawley y Smoot, lograron que se aprobara una ley proteccionista que elevó las tarifas aduaneras a su más alto nivel histórico, lo que produjo, según la revista, “un desastroso colapso en el comercio internacional”. Algo parecido podría decirse de las “invitaciones” a consumir productos españoles y a no salir de España lanzadas por aquí por el ministro Sebastián, que parece soñar con una especie de autarquía imposible y siempre fracasada. Si todos los países aplicaran las mismas reglas proteccionistas imaginen adónde podríamos llegar, aparte de que tal política iría frontalmente en contra de los acuerdos a los que la inmensa mayoría de los países ha llegado en el seno de la Organización Mundial del Comercio. No se trata tanto de “comprar nacional” como de ser capaz de “venderlo”, es decir aumentar competitivamente la capacidad de exportar. La crisis está obligando a los Estados a un nivel de intervencionismo que parecía totalmente superado y puede que resulte indispensable un mínimo y temporal nivel de proteccionismo. Pero incluso con esos condicionantes la tentación proteccionista es siempre peligrosa y lo deseable es evitar caer en ella, porque el proteccionismo es siempre pan para hoy y hambre para mañana.

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios