La comisión del espionaje
viernes 06 de febrero de 2009, 09:10h
Este viernes ha sido el día elegido para que quede constituida la comisión de investigación que, en el marco del parlamento autonómico, determinará si hubo o no espionaje promovido desde la Comunidad de Madrid. Durante un mes comparecerán ante sus miembros destacadas figuras de la política madrileña y nacional, en un intento de aclarar la supuesta trama de seguimientos ilegales y elaboración de informes secretos. Como en toda comisión que se precie, surgirán tensiones por ver quién viene y quién no, aunque en este caso, las desavenencias han surgido antes incluso de su puesta en marcha. Lo cual, por otro lado, no augura nada bueno. Y es que si los distintos grupos políticos de la Asamblea de Madrid no se ponen de acuerdo siquiera en los mecanismos de funcionamiento de dicha comisión, parece aún más difícil que lo vayan a hacer en su desarrollo cotidiano. Qué decir ya de las conclusiones finales.
En este sentido, dos son las posibilidades a considerar. Si se prueba que hubo espionaje, y que la Comunidad de Madrid estaba implicada de algún modo, habrá que depurar responsabilidades hasta donde proceda. El espionaje queda fuera de la ley y debería estarlo de las costumbres de una sociedad libre y abierta. Además, sería totalmente inadmisible que una administración emplease recursos públicos en espiar. La seguridad jurídica quedaría en entredicho si quien debe garantizarla es el primero en violentarla. Pero si no es así y la comisión no logra demostrar la responsabilidad del equipo de Esperanza Aguirre, alguien tendrá que responder por ello. Cuando se destapó toda esta situación, la Presidenta de la Comunidad de Madrid hizo lo que debía: poner el asunto en manos de la justicia. Ahora, ha aceptado la creación de una comisión de investigación para aclarar lo que proceda. Correcto por partida doble. Otra cosa es la arrogante actitud de alguno de los altos cargos de la Comunidad, mucho menos clara. Tampoco lo es tanto la actitud de miembros de su propio partido que, desde el consistorio madrileño, se apresuraron a hacer suyas las acusaciones más o menos veladas que implicaban a Aguirre en la trama. Por no hablar de la organización nacional del PP, quien actuó tarde y mal y ve ahora cómo los sondeos en intención de voto le pasan factura. Por lo que respecta al PSOE, es lícito que la oposición intente desgastar al gobierno -que tome nota el PP-, pero no a cualquier precio. Con todo, a los socialistas les ha venido de perlas una cortina de humo que distraiga de la crisis. Y a Rajoy tampoco le viene mal que quien es a día de hoy la única en hacer algo de oposición en su partido sufra una furibunda campaña de acoso y derribo extramuros e intramuros.