Argumentan (si es que es posible cualquier argumentación), que se han limitado a poner un poco de orden en una situación anterior caótica y que pronto ofrecerán mejores y más eficientes servicios ¡Sólo faltaría! Aunque conociendo la voracidad del organismo, no nos sorprendería en absoluto que ni siquiera fuesen capaces de mejorar la gestión. Al menos, viendo las tremendas colas y retrasos que existen en la mayoría de las Delegaciones Provinciales, nos permitimos sospecharlo.

Los que de verdad sí que han iniciado un proceso de renovación son los chicos de Citroën. La época Satinet se ha dado por concluida y no sólo han cambiado la estrategia a medio plazo, sino que han cambiado hasta el logotipo. Los tradicionales “chevrones” se modernizan y cambian de apariencia. Ya no tienen un diseño plano sino que siguen la tendencia de la inmensa mayoría de las marcas y el logo es ahora tridimensional y en color metalizado; más reconocible. Poca gente sabe que este logotipo lo heredó la marca de la primitiva fábrica de engranajes helicoidales creada por Andrè Citroën en 1919.
Pero más importante que el cambio de logo es el cambio de estrategia. Hasta su fusión con Peugeot en 1976, Citroën se había caracterizado por incorporar soluciones técnicas y mecánicas de gran originalidad y de cierta complejidad. La suspensión hidráulica o la tracción delantera eran elementos casi exclusivos de estos coches, entre cuyos modelos la gama DS constituyó todo un referente de la industria automovilística francesa. Los DS 19, 21 y 23 (que en España se conocieron popularmente con el nombre de “Tiburón”) y su singularidad estética y técnica marcaron el último periodo de Citroën como marca independiente; una singularidad a la que tampoco fue ajena el 2CV.
Pero los aciertos técnicos no siempre se acompañan de los aciertos comerciales y Citroën sucumbió ante el empuje de mecánicas más generalistas, de más fácil mantenimiento y reparación. Cuando parecía que iba a ser fagocitada por Peugeot después de la absorción, la llegada de Claude Satinet a la dirección, supuso todo un cambio en la filosofía de la marca que, en pocos años, se convirtió en una marca de éxito, con productos atractivos y de excelente relación calidad-precio. La gama, definida por la letra “C” es completa y rentable y sus vehículos comerciales son líderes del segmento desde hace muchos años.
La época Satinet finalizó en 2007 y la llegada del nuevo Director, Gilles Michel se plasma ahora en una nueva estrategia cuyas líneas maestras serán desveladas en Ginebra, pero de la que se han conocido algunos detalles. Además del cambio de logo, Citroën va a crear una segunda marca o, con más precisión, una “segunda división” que englobará a una reducida gama de coches... ¡de lujo!
En efecto: regresa la filosofía del “Tiburón”. Hasta el extremo que la nueva gama recibe el nombre de “DS”, como los DS 21 y 23 tan añorados por los citroenistas. Por ahora, la nueva marca DS se venderá en los mismos concesionarios, pero en un “DS Corner” que no es sino el rincón más exclusivo de la exposición. Es posible que en los próximos años se desarrolle una red paralela para la venta de estos DS.
Los DS van a ser coches con una importante carga de innovaciones técnicas y con lineas de un cierto aire “retro”. El primero en ser presentado es el DS1, que es relativamente parecido el Mini de BMW, pero con la plataforma del C3. Verá la luz en Ginebra dentro de 15 días, pero no comenzará a venderse hasta 2010. Posteriormente, a un ritmo de coche por año, aparecerán sucesivos DS hasta 2012 en que se prevé que aparezca un DS “heredero” del DS 23 con el que Citroën quiere retornar a la categoría “premium”.
A priori, el proyecto parece apasionante, aunque hay algunas incógnitas y dudas que esperemos sepan resolver los hombres de la Avenida de la Grand Armée parisina. La primera duda es acerca de si es este el mejor momento de llevar a cabo un cambio de estrategia. La crisis mundial, a la que ninguna marca es ajena, puede hacer naufragar un proyecto tan ambicioso.
En segundo lugar, nos preguntamos si Citroën es capaz de ofrecer coches en el segmento premium después de haber fracasado en intentos anteriores e incluso actuales. El actual C6, un excelente automóvil, no logra competir con las berlinas alemanas como tampoco lo lograron los CX y XM de los años 80 y 90.
Pero lo cierto es que los constructores generalistas europeos tienen que llevar a cabo un profundo cambio de oferta, apostando por la innovación tecnológica y el orgullo de posesión, o acabarán siendo derrotados por los productos de países de economías emergentes, contra los que es imposible competir por precio.
En el salón de Ginebra conoceremos más datos de este “gambito” de Citroën que sin la menor duda, va a ser analizado con lupa por todo el sector automovilístico.
Un salón en el que veremos también algunas novedades importantes, como los nuevos Seat Leon y Altea, el Renault Clio, o el nuevo Volkswagen Golf Plus, por citar modelos de enorme difusión. Pero eso lo dejamos para la semana que viene.
José María Cernuda
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Pregunta: En estos días de nieve he discutido con algunos amigos sobre el modo de conducir sobre hielo y nieve sin que logremos ponernos de acuerdo en algunos detalles ¿Es cierto que conviene conducir en marchas largas? (F. Aizpurúa, Ejea de los Caballeros, Zaragoza).
Respuesta: No es nada fácil dar consejos de conducción por escrito. Ni siquiera tengo muy claro que existan normas de general aplicación sobre la mejor manera de conducir. Hay quien se encuentra más seguro y a gusto conduciendo en marchas más largas y quien prefiere hacerlo en cortas; depende de su coche, del tipo de terreno y de su nivel de confianza.
Pero sí puede decirse que, cuesta arriba, es preferible conducir en tercera que en segunda y en segunda mejor que en primera... si el motor gira con suavidad y sin riesgo que se cale. En una marcha más larga las ruedas giran con menos “par” y es menos fácil que patinen; por el contrario, cuesta abajo, dispondremos de menos retención del motor, por lo que hay que recurrir más al freno y eso complica las cosas porque es fácil calar el motor, que es lo que debemos evitar a toda costa.
Lamentablemente, hay muy pocas ocasiones en las que podamos practicar la conducción en nieve, por lo que a menudo nos encontramos con que tenemos que conducir en estas circunstancias sin ninguna experiencia previa. Y eso es mal negocio. Sería estupendo que un día de nieve, cogiéramos el coche y en una zona despejada y sin peligro, probásemos la manera de conducir con más comodidad y confianza. Una explanada, un campo de deporte, un polígono sin trafico... cualquier lugar donde adquirir alguna experiencia que luego nos vendrá bien cuando vengan mal dadas.