La costra y la pústula
Jordi Canal
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jcanalelimparciales/7/1/7/19
lunes 16 de febrero de 2009, 22:29h
Durante el pasado mes de enero se habló bastante, en los medios políticos y periodísticos de Cataluña, de la “costra nacionalista”. El tema no era nuevo. Ya a finales de 2007, el diputado autonómico socialista Joan Ferran declaró que “hay que arrancar la costra nacionalista de las emisoras de la Generalitat”. La acusación se dirigía a TV3 y a Catalunya Ràdio. Falta de objetividad y de pluralidad, amén de sesgo partidista, eran algunos de los reproches explicitados. Entre los ejemplos destacaban la insistencia sobre los “Países Catalanes” y la total ausencia de la palabra “España” en los medios, la abundancia de tertulianos soberanistas, el papel de algunos gurús mediáticos o el independentismo manifiesto del inefable Miquel Calzada (a) Mikimoto. Ferran no ocultaba la importancia en todo ello de la inercia del pasado, esto es, de la herencia pujolista. Las declaraciones de Joan Ferran dieron lugar a polémicas y a algún que otro rifirrafe parlamentario. Las descalificaciones en la sala de plenos del Parlament catalán, en verano de 2008, entre Oriol Pujol y algunos diputados socialistas, entre ellos Ferran, con alusiones a la costra y a la mierda resultaron, sencillamente, peripatéticas.
Los enfrentamientos en torno a esta cuestión se vieron espoleados por la aparición, el pasado mes de enero, del libro de Joan Ferran, Maleïda crosta [Maldita costra]. Se trata de una novela ligera, en algunos pasajes ingeniosa y entretenida y, según sostiene el autor, superrealista. Ficción y realidad se mezclan. Entre la dialéctica política y el ansia copulativa de los protagonistas -el portavoz del grupo parlamentario socialista en la cámara catalana (supuesto alter ego de Ferran, actual portavoz adjunto, en la realidad, del mismo grupo), Manuel Serrats, y Iolanda, una joven licenciada en ciencias políticas-, reaparecen las pullas a la persistencia de la costra nacionalista y a lo nacionalmente correcto. Las críticas explícitas al periodista Antoni Bassas y los dardos envenenados –y vengativos- contra Oriol Pujol (Oriol Puigdueta en la ficción) no faltan en la novela. Tampoco algunas dosis de realidad, acompañadas de los tópicos y tics del sesentayochismo ramplón que la generación progre o ex progre que nos gobierna no consigue superar. Los socialistas salen bastante bien parados, como no podía ser de otra manera si tenemos en cuenta la filiación del autor, en relación con los otros grupos políticos, en especial los populares o los convergentes.
Resulta más que evidente que la supuesta costra nacionalista –o algo de ese mismo estilo, aunque pueda tener otro nombre más adecuado- existe en la realidad catalana. Denunciarla, como ha hecho el diputado socialista Joan Ferran, resulta sin duda elogiable. Tengo algunas dudas sobre los medios usados, pero no sobre el mensaje final. Sin embargo, en este caso, no puedo dejar de pensar en que Ferran es un alto cargo de un partido, el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), que para poder gobernar en la Generalitat y en algunos ayuntamientos y diputaciones no ha dudado en regalar insensatamente puestos sensibles y de gran responsabilidad a los independentistas de ERC (por no hablar de los ex o no ex comunistas de Iniciativa per Catalunya). Algunas consejerías, por ejemplo, y también altos cargos de los que dependen la cultura, la educación, la proyección exterior o la radio y las televisiones de Cataluña. La irresponsabilidad socialista es, en este punto, flagrante. Criticar la costra nacionalista mientras que, desde la formación política a la que uno representa en primera línea en el parlamento catalán, se está contribuyendo no solamente al mantenimiento parcial de esta costra sino, mucho más grave aún, a la formación y desarrollo de una peligrosa pústula nacionalista no parece demasiado serio ni creíble. La costra es preocupante, sin ningún lugar a dudas, pero la inflamación y la imparable acumulación de pus en el cuerpo es, llana y simplemente, alarmante.
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Historiador
JORDI CANAL es doctor en Historia y profesor en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París
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