Aritmética postelectoral
martes 24 de febrero de 2009, 22:59h
Son malos tiempos para las incertidumbres. La crisis económica avanza sin detenerse a mirar qué pasa en en el mundo político. La sociedad se ha distanciado de la política desde hace tiempo en algunos aspectos esenciales -o quizá haya sido al revés y sea la política la que se ha distanciado de la sociedad. Es un tema complejo y habría que analizarlo en profundidad para ver quién ha marcado distancias, quién ha tomado rumbos divergentes, hacia dónde ha tirado cada uno de estos dos vectores, sociedad y política, y hasta qué punto la política democrática puede vivir sin tener un apoyo firme y constante en la sociedad. Pero no echemos todas las culpas a lo que la gente suele llamar “política”, el mundo de los políticos, porque la política es un elemento sustancial en una sociedad democrática, y hay que ver también en qué medida la sociedad, los individuos que componen una sociedad hacen una reducción absurda de lo que es la política y se desentienden de ella.
Decía que son malos tiempos para las incertidumbres porque hace falta un proyecto claro con el que afrontar la crisis económica, por debajo de la cual, a poco que rasquemos, encontraremos una crisis social, una crisis de valores y una crisis de modelo (no sólo productivo), de la que se han ido dando explicaciones parciales (sociedad líquida, crisis del capitalismo financiero, muerte de las ideologías, etc., etc.), pero estamos aún lejos de una explicación radical (es decir, que vaya a la raíz del problema) y coherente de lo que está pasando.
Esta crisis afecta a la sociedad española en la misma medida que a todo el mundo occidental, aunque aquí tenemos variantes dignas de tener en cuenta para el planteamiento de las posibles soluciones. Por poner dos ejemplos: 1) el modelo productivo español está mucho menos preparado para hacer frente a la crisis económica y no parece que las medidas del Gobierno permitan augurar que se vaya por el camino correcto (sin llegar al catastrofismo de decir que no se está haciendo nada), por lo que el planteamiento anticrisis tiene que ser mucho más ambicioso, aún a riesgo de tomar medidas no muy populares; y 2) hay una serie de partidos nacionalistas que deslegitiman constantemente el modelo constitucional con el doble juego de participar en el sistema político como piezas claves del mismo, especialmente en algunas comunidades autónomas, y, al mismo tiempo, de establecer políticas que van erosionando el sistema mismo. No es una cuestión de más o menos autonomía, no es una cuestión de más o menos descentralización, no es una cuestión de más o menos identidad, sino una cuestión de consenso en el grado de legitimidad del sistema. Es éste un tema que analizó brillantemente hace ya muchos años Juan José Linz para la Europa de entreguerras y mostró las consecuencias nefastas que la falta de compromiso con el sistema político puede acarrear.
Las elecciones de este próximo fin de semana, cualquiera que sean los resultados, van a servir de poco para aclarar las incertidumbres. Pongámonos en el caso de que el PP no obtuviera la mayoría absoluta en Galicia y el PSOE consiguiera superar en escaños al PNV en el País Vasco. Resultados que parecen posibles en función de las últimas encuestas. Lo primero que hay que decir es que las elecciones se hacen para que la soberanía popular (o ciudadanía, como se prefiere decir ahora) decida quién quiere que gobierne. El resultado puede gustar más o menos, pero es la expresión de la voluntad del pueblo soberano. Con estos resultados, el PP podría pedir gobernar en Galicia a cambio de que el PSOE pudiera gobernar en el País Vasco, pero es seguro que los socialistas gallegos no aceptarían tal acuerdo. Cosa distinta sería si el PP consiguiera la mayoría absoluta en Galicia, pues entonces el Gobierno gallego no estaría en juego, pues sería incomprensible que el PSOE pidiera a un partido que ha obtenido la mayoría absoluta que renuncie a gobernar.
En el País Vasco parece conveniente, si los ciudadanos vascos así lo expresan en las urnas, que después de tantos años de gobiernos nacionalistas se pudieran abrir nuevas opciones, y se vea que es posible que haya un gobierno no nacionalista sin que por ello se desmorone nada ni se pierdan las esencias del pueblo vasco. Es posible que el PP con sus votos pueda propiciar este cambio, pero no es seguro que el PSOE vaya a abrir esta posibilidad porque los votos del PNV son muy importantes en Madrid para lograr mayorías parlamentarias en el Congreso.
Si del resultado de las elecciones y de los acuerdos posteriores el PSOE perdiera el apoyo del BNG y del PNV en Madrid -y teniendo en cuenta la situación en Cataluña y en Canarias-, el Gobierno lo tendría muy difícil para conseguir sumar mayorías parlamentarias en el Congreso, de ahí que el PSOE vaya a tener que medir mucho sus decisiones después del domingo.
Habrá que ver si UPyD, el partido de Rosa Díez, consigue algún escaño en Galicia y/o en el País Vasco, lo que está por ver y en qué medida podría entrar en algún tipo de acuerdo postelectoral, aunque la clave para analizar el papel que este nuevo partido pueda jugar en la política española la darán las elecciones europeas. Ante un Gobierno dubitativo en la manera de afrontar la crisis y una oposición metida en rencillas internas y escándalos de corrupción, UPyD puede obtener en las europeas un resultado positivo, y más teniendo en cuenta que son unas elecciones muy propicias para “castigar” a los grandes partidos. Habrá que esperar, y luego UPyD tendrá que consolidar sus buenos resultados, si los consigue, para lo que tendrá que articular y transmitir públicamente un programa más complejo y ampliar el número de sus caras visibles.
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Profesor de Historia del Pensamiento Político
JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.
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