REPORTAJE
1968: La música del año en que se fotografió la Tierra
miércoles 13 de febrero de 2008, 19:05h
Unas semanas después, en febrero, Dylan retornaba a la acción tras el accidente de moto que le apartó de los estudios y escenarios durante dos años. Volvía con "John Wesley Harding", un disco que incluía la tierna "I´ll be your baby tonight" y la apocalíptica "All allong the watchtower" donde anuncia: "Hay mucha gente entre nosotros que piensa que la vida no es más que una broma. Pero tú y yo, ya hemos pasado por eso y ese no es nuestro destino".
Se iban acabando los años sesenta, y su culmen, cenit y ocaso juntaron los grandes trabajos de los mejores artistas de la década que intentó cambiar el mundo. Si Dylan, como clamaba el jurado del Príncipe de Asturias, era el faro de su generación, fueron muchos los que se dejaron alumbrar por él.
En abril de 1968 salía la banda sonora del musical "Hair", Milos Forman hizo la adaptación al cine años después. El musical retrata el movimiento hippie y su lucha desarmada contra la Guerra de Vietnam, un buen dibujo de la América que unos meses después describían Simon y Garfunkel. Tenían veintiséis años cuando retrataban en "Bookends" su largo paseo para mirar a América a los ojos.
Unos ojos que en marzo de 1968 veían a sus tropas en Vietnam protagonizar la Matanza de My Lai. O un mes después morir asesinado a Martin Luther King cuando se preparaba para liderar una marcha sobre Memphis en su lucha por los Derechos Civiles.
El año 1968 fue un año repleto de sucesos en un mundo que cambiaba a una velocidad sin precedentes. Esa velocidad llevó el "Sitting at the dock of the bay" de Otis Redding al número 1, un año después de que perdiese la vida en un accidente de tráfico.
En julio los Doors publicaban "Waiting for the sun", álbum que se convirtió en su primer número 1. El mismo mes Pablo VI condenaba el uso de anticonceptivos, y The Doors cantaban la erótica "Hello I love you", o la antibelicista "The unknow soldier" (El soldado anónimo), también "Five to one", una canción sobre la rebelión y cuyo titulo hace referencia a unas estadísticas que decían que por aquella época, uno de cada cinco americanos era menor de veinticinco años.
Vietnam y el final de los Beatles
En agosto, 200.000 soldados del Pacto de Varsovia invaden Praga y ponen fin a su primavera, el mismo fin que supuso "Wheels of fire" para Cream. Eric Clapton formaría otro grupo, pero dejo a la memoria colectiva un clásico del bluesman Robert Johnson. Un cantó de los años treinta que bien habría valido a los checos. "Fui al final del camino y me puse de rodillas, recé al señor y le pedí que me salvara".
Todos estos acontecimientos influirían en los álbumes que vieron la luz en la segunda mitad de 1968. El 5 de noviembre Nixon ganaba las elecciones y se proclamaba nuevo presidente prometiendo el final de Vietnam, su intención real fue invadir Camboya. Y meses después aparecían dos de los mejores discos del año. El sorprendente "White Album" de unos Beatles en pleno proceso de separación. La portada en blanco y la ausencia de titulo dice mucho de la falta de entendimiento. Treinta canciones que recorren una década musical. Desde la sencilla "Ob-la-di-ob-la-da" a la revolucionaria "Yer Blues" pasando por la locura de "Revolution".
En esos años Lennon y Yoko Ono iniciaban su campaña contra la guerra que les llevo a empapelar varias capitales del mundo con vallas y carteles que rezaban "La guerra se ha terminado (si tú quieres)". La guerra, hasta esa fecha controlada, sufrió un duro revés que prolongó las bajas americanas hasta su retirada en 1973.
Para diciembre los Rolling daban la replica con “The Beggars Banquet”, una vuelta a la música negra y que dejo canciones como “Salt of the Earth” donde proclaman “Levanta tu vaso por la gente que trabaja duro / Bebamos por las incontable cabezas / Pensemos en los vacilantes millones que necesitan lideres que luego resultan jugadores”. O la infinita “Sympathy for the devil”, también la devastadora “Street fighting man” y sus versos, “¡Oye!, he dicho que mi nombre es disturbio, chillaré y gritaré, mataré al rey, insultaré a todos sus criados. ¿Pero qué puede hacer un chico aparte de cantar en una banda de rock´n roll? Porque en la soporífera Londres no hay lugar para un luchador callejero ¡No!”.
El mundo estaba cambiando. En España Massiel ganaba Eurovisión con el insulso “La, la, la”, se miraba de reojo el Mayo Francés, en la Biblioteca Nacional se encontraba un volumen con manuscritos y dibujos de Leonardo da Vinci, y se autorizaba a las escuelas vascas a enseñar euskera. La primera actuación de Formula V coincide con el éxito de Julio Iglesias, que tras su retirada del fútbol inicia en el Festival de Benidorm una carrera que le llevará a vender más de 260 millones de discos. Y así acaba 1968, le seguirían otros años, llenos de historia, de música, de grupos, pero pocos años pueden presumir de semejante eclosión cultural, de resumir lo anterior y marcar los caminos de lo venidero.