¿Quién asesora a los implicados en el caso de Marta del Castillo?
miércoles 18 de marzo de 2009, 23:26h
Para la familia de la joven asesinada, la última versión que ha dado Miguel Carcaño, el asesino confeso de Marta, es tan verdadera como lo podían ser la primera que dio, nada más ser detenido, o la segunda, hace tan sólo un par de días, cuando señaló al menor apodado “el Cuco” como único autor material del terrible crimen. O mejor dicho, tan falsa como las anteriores de cualquiera de los hasta ahora implicados. Para Antonio del Castillo, además, está claro que protegen o temen a alguien de quien aún no se tiene noticia, una o más personas, que estarían también detrás de unos hechos que, por desgracia, cada vez se alejan más del crimen pasional y no premeditado que hicieron creer en un principio.
Pero de lo que ya no le cabe duda a nadie es que al padre de Marta no le faltaba razón cuando empezó a dudar de que el cadáver de su hija apareciera efectivamente en el río donde los implicados aseguraban haberlo arrojado. En general, cuando Antonio del Castillo declaró que la policía no debería centrarse sólo en el Guadalquivir porque era muy probable que los detenidos estuvieran mintiendo, se le escuchó con la lógica empatía hacia a una persona que está viviendo momentos tan duros, pero también con la convicción práctica de que si la policía no lograba encontrar el cuerpo de Marta, era a causa de las dificultades materiales para su complicada localización en las turbias aguas y no como consecuencia de que, confesado el crimen, el autor pudiera ganar algo mintiendo acerca de su efectivo paradero.
A Marta, han empezado a buscarla en el vertedero de Alcalá de Guadaira porque allí se vierten los contenedores en los que Carcaño asegura ahora que tiraron el cuerpo de su ex novia. Otra ingente misión casi imposible y de magnitud aún mayor que la empresa llevada a cabo en el río sevillano. Han pasado casi dos meses del asesinato y los acusados, de momento, ya llevan ganado todo ese tiempo y están dispuestos a ganar más con este nuevo callejón que se adivina, asimismo, sin salida. Porque sin el cuerpo de Marta para “explicar” a los forenses lo que de verdad ocurrió aquella tarde del mes de enero en la que volvió a reunirse con su ex novio, los implicados tienen derecho a cambiar su declaración todas las veces que lo deseen. “Un verdadero cachondeo”, en palabras del padre de Marta, que tiene loca a la policía e indignada a la población.
Como dice Grissom, el famoso científico forense de la serie televisiva sin rival en las audiencias españolas, sólo las pruebas físicas y materiales conducen a la verdad definitiva. En este caso, con más razón. Aquí, ha mentido hasta la inocente y precoz novia de catorce años de Carcaño, quien, junto a su madre y su abuela, se llevaba incrédula las manos a la cabeza delante de los periodistas, explicando, con todo lujo de detalles, el disgusto que se había llevado cuando se enteró de que Miguel había sido capaz de “algo así”. Hace poco ha admitido que él se lo confesó la misma noche del crimen y que fue su abuela la encargada de lavar la ropa que llevaba puesta cuando acabó con la vida de Marta. A mí todavía me parece increíble tanta sangre fría a su “tierna” edad.
No me extraña que la familia de Marta pida que se consideren como agravantes en la futura sentencia todas las declaraciones falsas realizadas ante el juez. Queda confiar en que, por muy bien asistidos que estén por sus correspondientes letrados, alguno de los cuatro implicados acabe por dar al juez y a la policía la pista concluyente para llegar a la verdad y, sobre todo, al cuerpo de Marta.
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Escritora
ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora
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