El Salvador y Colombia. La alternancia en democracia y el derecho a la rebelión armada
Lucía Nieto
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lnietoelimparciales/7/1/7/19
martes 24 de marzo de 2009, 21:27h
Diversas son las formas en que los pueblos escriben su historia. Un mismo mes, marzo, un mismo año, 2009, y dos realidades en América Latina marcadas por más de veinte años de diferencia, me refiero a la historia de dos países que, habiendo compartido pasados violentos, podría estar escribiéndose de manera más acompasada, en lo que al logro de la convivencia pacífica en democracia se refiere.
El pasado 15 de marzo se celebraron en El Salvador elecciones y, por primera vez, luego de 20 años de permanencia en el poder del partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena), partido que logró la firma de los acuerdo de paz, el candidato del frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), Mauricio Funes, ganó por un pequeño margen las elecciones presidenciales. “Guerrilleros al poder” sí, pero luego de que han pasado 17 años de la firma del acuerdo de paz de Chapultepec (México), el 16 de enero de 1992, acuerdo que llega como resultado de un proceso que se había iniciado a mediados de la década de los ochenta, lo que hace que en realidad sean más de 20 años los que han pasado desde que se vislumbró alguna opción para la paz.
El próximo 26 de marzo debería ser una fecha en la que evocáramos la esperanza para Colombia, ya que ese día hace un año murió Manuel Marulanda Vélez, alias “Tirofijo”, máximo jefe de las FARC. Mucho se escribió en su momento en el sentido de la proximidad de un final al conflicto. La realidad nos muestra que pocos avances se han tenido en la búsqueda de la paz y, contrario a lo que quisiéramos estar celebrando, el 26 de marzo se pretende convertir en una apología a la violencia, a la lucha armada como forma de lucha legítima. Con objeto de la celebración del aniversario de la muerte de Tirofijo, esta fecha acaba de ser promulgada en una docena de países como el “Día del Derecho a la Rebelión Armada”, se ha proclamado esta conmemoración como un homenaje a Manuel Marulanda Vélez “gestor de una fuerza que hoy representa la vanguardia en la lucha antiimperialista de los pueblos de Nuestra América”... un claro apoyo a la insurgencia de Colombia.
Sí, estas son las ironías de la historia, mientras en El Salvador se celebran las opciones de la vida en democracia y se deja constancia de la madurez política de una sociedad, para Colombia se sigue insistiendo en la persistencia de la violencia. Más de veinte años han pasado para que nuestros vecinos centroamericanos llegaran a ese punto, ¿Cuantos tendrán que pasar para que en Colombia cese el conflicto, se obtenga madurez política y las FARC, como organización, lleguen al poder por vías democráticas?
Conclusión en clave de tango: “…que veinte años no es nada…” ojala y así fuera, pero visto lo visto, no solo serán los 20 años del proceso salvadoreño, la intransigencia, la negación de opciones, los sueños irresponsables, las quimeras de propios y ajenos, harán que el inicio de esas dos décadas no llegue nunca. Lamentablemente en Colombia falta mucho por escribir en democracia.
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Investigadora de la Fundación Ortega y Gasset
Lucía Nieto es investigadora de la Fundación Ortega y Gasset.
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