Autónomos y reforma
viernes 27 de marzo de 2009, 09:58h
España vive, al unísono con el resto de países, una grave crisis económica. De ello no hay duda. Pero ahora es labor de los expertos desentrañar las causas de nuestra situación. Este miércoles, el empresario y jurista Manuel Pizarro hizo un análisis de nuestra crisis en tres niveles que es ciertamente plausible. El primero, se deriva de la crisis financiera internacional. El segundo, más característico de la situación española, proviene de que el exceso de crédito se ha volcado en gran parte sobre un inmobiliario hasta límites insostenibles.
Pero el tercer plano que afecta a España no procede ya del sistema financiero, sino que aqueja a nuestra economía en sus propias bases. Se trata de un déficit de competitividad que, efectivamente, resulta muy gravoso para España. Nuestras empresas compiten en la misma moneda que utilizan las alemanas, francesas, italianas, pero con unas condiciones institucionales distintas. Invertir en España es más inseguro. Desarrollar un negocio es costoso, a causa de las engorrosas regulaciones. Y a ello hay que sumar que hay 17 administraciones, con las dificultades que ello añade. Todo ello encarece nuestros productos que, al final, se hacen cada vez menos competitivos.
Este es el campo de juego de nuestras empresas. Unas condiciones no menos desiguales para las grandes empresas que para las medianas y pequeñas . Este jueves se han manifestado ante el Congreso las organizaciones representativas de los empresarios autónomos. El gran economista Friedrich Hayek se dolía de que en Estados Unidos la emergencia de las grandes empresas, en detrimento de la tupida red de empresarios autónomos, había sacado a muchos trabajadores del trato diario con el mercado, vetándoles de este modo el funcionamiento del sistema social que nos permite progresar. Lo cierto es que los autónomos son la manifestación más genuina del deseo de muchos españoles de dar salida a su voluntad emprendedora y capacidad empresarial que son notables.
La cuestión no es aprovechar la mala situación que vivimos para pedir dádivas al Gobierno, como hacen prácticamente todos los agentes sociales. Pero sí se le pueden y deben exigir medidas de verdadera reforma que asienten las bases para una economía que vuelva a ser competitiva. Porque esa será la verdadera contribución del Gobierno al progreso de los autónomos. Y muchas de las medidas que podría tomar el ejecutivo (las recomendadas, por elegir una institución entre tantas, por los informes Doing Business del Banco Mundial), no le costarían un euro. Sólo hace falta solvencia, seriedad y decisión política para afrontar la realidad más allá de encuestas y titulares. Pero eso es quizá lo que más falte en este Gobierno.