La cultura del fracaso
sábado 28 de marzo de 2009, 16:37h
No fui a la universidad (empecé a trabajar en un periódico de provincias en el Reino Unido con 19 años) y tal vez no soy la persona más apropiada para comentar la reciente noticia de que el Gobierno planea devolver el dinero a los universitarios que aprueben a la primera el curso completo. Tal vez se trate de un mero globo sonda. Pero, en cualquier caso, me parece una medida desmesurada, aún en circunstancias tan dramáticas: en la actualidad el 90% de los alumnos matriculados no se presenta o suspende todo el curso (los 60 créditos docentes) en la primera matrícula y tardan de media dos años más en acabar la carrera de lo que deberían.
Apremiar a estudiantes para cumplir con sus obligaciones (están en la universidad para estudiar, supongo) establece un mal precedente. ¿Se va a premiar también a alumnos para terminar la ESO, donde la tasa del abandono es uno de cada tres? España es el único país de la Unión Europea donde crece el abandono escolar.
Esta “bonificación por buenos resultados” no es en sí mismo mala, pero ha de ser parte de una reforma profunda de las universidades. La pregunta clave es por qué tan pocos universitarios aprueban el curso completo en el tiempo debido. En mi país, la proporción del fracaso es muchísimo menor. ¿Es que los alumnos españoles son mucho más tontos que los británicos? No lo creo. Sospecho que tiene que ver con el sistema de aprender a fuerza de repetir y memorizar, en lugar de mediar un análisis critico, y con la calidad generalmente baja de los profesores. En cambio, este nivel altísimo de fracaso es un buen negocio para las academias, donde acuden muchos universitarios para complementar sus estudios y algunos profesores para complementar sus salarios.
En el Reino Unido los universitarios pueden suspender alguna asignatura en el primer año y repetirla, pero los que no se presentan a los exámenes, o suspenden demasiadas asignaturas, no pueden seguir sus estudios. Y me parece bien. Esto es un incentivo mejor que devolver el coste de la matricula. En España hay seis convocatorias más la extraordinaria. ¡Vaya incentivo para estudiar!
Los universitarios británicos entran el mercado laboral con 21 o 22 años, y no con 25 años o más como en España. Además, en el caso español, muchos encuentran empleo de nivel de cualificación inferior al título obtenido o incluso en puestos de trabajo que no tienen nada que ver con sus títulos. Según un estudio del OCDE, un 22% de los universitarios españoles empleados está sobrecualificado para su puesto, muy por encima del promedio (13,2%).
El modelo universitario en España es poco eficiente y costoso para el Estado. Llama la atención que no hay ninguna universidad española entre las primeras 150 en el listado que confecciona cada año la Universidad Jiao Tomg de Shanghai.
En la actualidad, los alumnos pagan de media alrededor del 10% del coste real de sus estudios, la segunda matricula les sale por un 30% más que la primera y la tercera y sucesivas por aproximadamente un 50% más. Prácticamente en toda Europa los estudiantes pagan poco por sus matriculas. Tony Blair, el antiguo Primer Ministro del Reino Unido, subió las tasas a un máximo de 3.000 libras (unos 3,200 euros) a partir del 2004, pero no ha resuelto la grave crisis financiera de la mayoría de las universidades. De hecho, el Gobierno británico está pensando en subir las tasas a un máximo de 7.000 libras. Otra cosa es el ejemplo de Estados Unidos, donde el sistema de ayudas, fuerte para estudiar en una universidad, está claramente ligado al rendimiento (gracias a lo cual Michelle Obama, de familia pobre, pudo estudiar en Princeton y Harvard).
Alguno lector podría pensar que soy elitista y que solo los hijos de los ricos tienen derecho de ir a una universidad. Todo lo contrario. Creo firmemente en becas para hijos de familias de bajos recursos. No seria justo devolver el dinero a un alumno de familia rica que aprueba todo a la primera mientras otra de familia pobre no puede aprobar los 60 créditos de cada curso académico porque tiene que trabajar a la vez. Afortunadamente, el Gobierno prevé crear una excepción para los alumnos que trabajen.
Donde más se pierden por el camino los estudiantes de estratos bajos es justo antes de la universidad, en el Bachillerato. Basta ver la tasa de abandono. Es allí donde el Gobierno tiene que actuar.
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Escritor
WILLIAM CHISLETT es escritor y colaborador del Real Instituto Elcano
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