Al curioso comisario protagonista de la historia, no le gusta la primavera. Tiene dos razones para desconfiar de todos esos signos que anuncian el retorno de los días hermosos, la primera, que su prometida se ha ido cuando más la necesitaba y la segunda, que empiezan a aparecer extrañas señales en las puertas de los edificios de París, hasta que llega lo que más se temía, la aparición de un cuerpo ennegrecido con la cara descompuesta y signos de haber muerto a causa de la peste.
Parece que la terrible plaga ha vuelto, pero esta vez alguien controla la enfermedad y la lleva donde quiere.
