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VIOLENCIA EN LAS CALLES VASCAS

jueves 14 de febrero de 2008, 23:22h
A lo largo de los últimos días estamos asistiendo a un preocupante rebrote de la violencia callejera en el País Vasco. Éste tuvo su culminación ayer en los graves incidentes registrados en Bilbao y San Sebastián, como consecuencia de la jornada de huelga ilegal decretada por los simpatizantes de ANV y PCTV en protesta por los procesos judiciales contra ambas formaciones. En Bilbao decenas de protestantes trataron de impedir el tráfico tanto vial como ferroviario instalando barricadas en las carreteras y vías de tren. La capital guipuzcoana, por su parte, fue testigo de altercados entre la Ertzaintza y los huelguistas, algunos de los cuáles trataron de obligar por la fuerza a muchos comercios a cesar su actividad -resulta irónico que aquéllos que dicen salir a la calle en defensa de las libertades, se vean obligados a recurrir a la coacción y la violencia para movilizar a la mayor parte de ese pueblo vasco al que dicen representar-. En total, la jornada de huelga y movilizaciones convocada por la parte violenta de la izquierda abertzale se saldó con más de una veintena de detenidos entre Guipúzcoa y Vizcaya, cuantiosos daños materiales y una incómoda sensación de deja vu en la conciencia colectiva.

Y es que es un hecho innegable que este problema estaba bajo control gracias al Pacto Antiterrorista y por las Libertades y que la división de los demócratas no ha hecho otra cosa que ayudar a su resurgimiento. Por más que ahora la firmeza contra ETA por parte de las autoridades policiales y la Fiscalía sea evidente, también lo es para cualquier analista mínimamente imparcial, que el Gobierno desmontó o congeló en su día -con la esperanza de cerrar un trato que acabara con la violencia- los instrumentos que tenían a la banda terrorista y a su entorno acorralados.

Es innegable que la división de los partidos que inició Zapatero y que ha secundado Rajoy durante muchos meses, ha dado a ETA la esperanza y el aliento para continuar con "la ganzúa de la violencia". Hasta Zapatero no había fisuras, pero a partir de 2004, los que se dedican al negocio del crimen han podido pensar que había una oportunidad de tratamiento político distinto -que no policial- al de los socialistas de antes y los populares de hoy. Con independencia de la actuación policial, que siempre y con todos los gobiernos -también el de Zapatero- ha sido sistemática, la Ley de Partidos y el Pacto Antiterrorista –éste, precisamente, una feliz iniciativa, del propio Zapatero- abrían el horizonte de una victoria democrática. Lamentablemente, Zapatero ha preferido firmar una alianza estratégica con los nacionalistas -PNV, ERC, CIU, BNGA, etc.-, que no quieren el fin de ETA por derrota, sino por acuerdo. Los aliados nacionalistas de Zapatero no buscan una victoria democrática, sino un "abrazo de Vergara", como el que en el siglo XIX terminó con las guerras carlistas pero no con el problema. Este método es lo que alimenta la esperanza de los profesionales de la violencia.

VELTRONI: NOVEDADES EN LA POLÍTICA ITALIANA


Ayer se hacía público de manera oficial que en las elecciones italianas que tendrán lugar el 13 y 14 de abril, el líder del Partido Democrático (PD), Walter Veltroni representará el principal obstáculo de Silvio Berlusconi en su "tercera vuelta" al poder. A pesar de no ser un "homo novus" de la política italiana, Veltroni, popular ex alcalde de Roma, es considerado así por muchos italianos.

Representante de los moderados, Veltroni ha rechazando una alianza con la izquierda radical, prefiriendo dialogar directamente con el centroderecha las reformas necesarias para superar la crisis. Su campaña electoral ha arrancado con la promesa de reducir los impuestos ("pagar menos, pagar todos"), aumentar los sueldos y acabar con la vieja clase política italiana y su manera de actuar, hecha de insultos y pactos subterráneos; su slogan es el "Yes, we can" de Barack Obama, esperando representar el mismo la novedad de la escenario político nacional.

Veltroni, nuevo líder del centro-izquierda italiano, ha sido elegido secretario del PD, formación creada por la fusión del Partido Democrático de Izquierda y de La Margarita, partido de los católicos de izquierda, el pasado octubre. La creación del PD y las decisiones de su líder representan una de las novedades más importantes de la campaña electoral: de hecho, Veltroni ha decidido romper con la tradición de alianzas electorales y comparecerá solo al voto, sin una variopinta y fragmentada coalición. La novedad representa un intento de renovar el modelo clásico italiano y resulta bastante arriesgada teniendo en cuenta que la actual ley electoral premia únicamente a la coalición más votada y concede gran poder a los pequeños partidos parte de la misma.

Frente a la aprobación general, la decisión de Veltroni de presentarse en solitario ha generado un inmediato cambio de estrategia en la derecha italiana: Silvio Berlusconi está intentando reunir los partidos de centroderecha en el Pueblo de la Libertad, lista única creada para la ocasión. A las ya confirmadas adhesiones de Alianza Nacional, de la Liga Norte y de Acción Social de Alessandra Mussolini, Berlusconi aún no ha conseguido sumar la de los democristianos, que no quieren abandonar su símbolo y su propio partido. La decisión del PD resulta valiente, aunque probablemente no le dará la victoria a las próximas elecciones. Berlusconi mismo se ha dado cuenta de su valor innovador y por lo tanto ha "obligado" a los partidos de centroderecha a postularse en una lista única. Los sondeos indican que el Cavaliere goza con una ventaja de 10-12 puntos, pero él sabiamente sabe que a la hora de votar las estadísticas cuentan poco. Veltroni ha preanunciado: "¿Cuántas veces no gana el que va por detrás en los sondeos?". Sea como sea, la candidatura de Veltroni es una nueva noticia desde el momento en el que representa una inyección necesaria de nuevas ideas y nuevos modos en la anquilosada y carcomida política italiana. Renovarse o morir.

MICRÓFONOS TRAICIONEROS


Los micrófonos son como las pistolas. Nunca hay que fiarse de ellos porque los "carga el diablo". Y si no, que se lo pregunten a los políticos, que de vez en cuando muestran su lado más humano, ése que tratan de esconder tras las luces del marketing y los discursos grandilocuentes, traicionados por ‘alcachofas’ con más mala idea que la peor oposición. La última perla ha sido el comentario del presidente Zapatero a Iñaki Gabilondo, tras la entrevista que mantuvieron en Cuatro. El líder socialista, creyendo que sólo se confesaba ante un periodista afín, levantó las faldas de la estrategia electoral socialista, dejando al aire las vergüenzas de la política.

La metedura de pata de Zapatero no debería sorprender a nadie mínimamente informado de los tejemanejes políticos. Los estrategas de cada partido saben bien cuáles son las armas con las que juegan y los del PSOE, en concreto, son conscientes de que la apatía de su electorado les puede jugar una mala pasada. Así como el PP confía en un voto más disciplinado, los socialistas temen -y hay encuestas que lo avalan- que el índice de movilización de sus electores es considerablemente menor. En otras palabras, pocos electores populares se quedan en casa, mientras que los potenciales apoyos del PSOE pueden abstenerse si no se sienten empujados a las urnas. Ello fue, precisamente, lo que ocurrió en los comicios de 2004 y es por eso por lo que el PSOE cree necesitar "tensionar" al electorado.

Aunque el destino y la imprudencia se han aliado para mostrar las cartas socialistas, sería ingenuo pensar qué los populares no tienen las suyas propias. Sin embargo, nuestros políticos no pueden ni deben olvidar que sus discursos y estrategias tienen un impacto social más allá de los resultados electorales. El precio -a veces excesivo- de su maquiavelismo lo pagamos todos.


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