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el dinero refugiado podría llegar a los 11,5 billones de dólares, según la OCDE

La lucha contra los paraísos fiscales compromete la recuperación económica

sábado 04 de abril de 2009, 22:14h
El G-20 ha estado marcado por las desavenencias entre dos grupos, los liderados por EEUU y Gran Bretaña por un lado y Francia y Alemania por otro. Pero en un punto han coincidido todos: en la lucha contra los “paraísos fiscales”.
Hay algo de épico en el hecho de que los líderes de los principales países del mundo se unan para lanzar una respuesta común, coordinada, contra la crisis económica. Pero detrás de las grandes declaraciones, a las fotografías esparcidas por cualquier rincón del planeta, hay una realidad muy prosaica que es la que aconseja a los dirigentes sus movimientos. Uno de los principales acuerdos de esta cumbre es la lucha, más decidida que nunca, contra los paraísos fiscales. Y es más por el interés de los gobiernos que por el de los ciudadanos.

La OCDE, el club de los países ricos, es la organización que más se ha destacado contra estos países. ¿Por qué es una lucha de Estados ricos, y no de los pobres? Los Estados ricos son aquellos cuyos ciudadanos son ricos y pagan muchos impuestos. Los llamados paraísos fiscales son el verdadero dolor de cabeza de esos estados, por dos razones: ofrecen una fiscalidad atractiva para el capital y facilitan la ocultación tras el secreto bancario.

Una cifra mareante: 11,5 billones de dólares
Según la OCDE, el dinero que podría estar oculto en las cuentas de los refugios fiscales va desde los 1,7 millones de millones de dólares, a los 11,5 billones. Ahora, esa bolsa de pobreza pasaría a ser fiscalizada por el resto de ricos Estados.

La lista de paraísos fiscales incluye países como Liechtenstein, Mónaco, Andorra, Liberia, Panamá u Holanda. A esta treintena de países se le suman otros ocho que están en una “lista gris” de naciones que se han comprometido a sumarse a las normas de “transparencia” de la OCDE, pero que todavía no lo han hecho. Entre éstas están Austria, Bélgica, Suiza o Luxemburgo. Por último, hay cuatro naciones que no se atienen a las pretensiones de la organización: Costa Rica, Malasia, Filipinas y Uruguay.

Decisión política
Este jueves se han congregado en Londres los presidentes de Estados Unidos, Francia, Alemania, Japón, Brasil… todos los representantes genuinos del llamado G-20, más algún invitado, como es el caso del presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. Era la cumbre de los hechos, tras haberse celebrado en Washington la de los propósitos. Y, sobre todo, era la cumbre de Barack Obama, frente a la última presidida por George W. Bush.

Si algo ha destacado en esta reunión es la división, marcada por el bloque anglosajón, EEUU y Gran Bretaña, que apostaban por los planes de expansión fiscal, y el franco alemán, que apuntaba más a un control financiero por parte de autoridades mundiales. Finalmente han creado un esquema mixto, con la inyección de un billón más de fomento fiscal y el fortalecimiento de las instituciones internacionales para el control del mercado financiero mundial. En lo que han coincidido desde el comienzo es en la necesidad de luchar contra los paraísos fiscales. Nicolas Sarkozy declaró en Londres que “los tiempos del secreto bancario han terminado”.

Es todo por los ingresos
Las razones de los grandes y pesados Estados europeos, más Estados Unidos, Japón y otros para luchar contra los paraísos fiscales son claras: el solaz de los capitales en esos otros Estados supone unas vacaciones fiscales que les merman a ellos de unos ingresos muy jugosos. Pero el efecto en la sociedad en general no es tan evidentemente negativo. Por un lado, sin esos ingresos los Estados se ven limitados en sus políticas, lo cual incluye la provisión de servicios públicos. Pero en estos momentos, la pérdida de ingresos limita la capacidad de emprender planes contra la crisis económica.

De hecho, y a diferencia de otros momentos históricos, el crecimiento del peso de los Estados sobre la economía ha llegado a tal punto que su capacidad para emprender nuevos programas de gasto se ve limitada. Y más con una competencia como esta. Pero la sociedad, lo que pierde por la merma en la capacidad de maniobra de sus Estados, lo gana por otro lado. Al fin y al cabo, lo que limita la existencia de paraísos fiscales es, precisamente, que las haciendas de varios países ricos puedan extraer la renta y la riqueza de sus ciudadanos.

Función económica de los paraísos fiscales
El Imparcial se ha puesto en contacto con uno de los más destacados expertos en fiscalidad, Daniel Mitchell, del Cato Institute, para quien “los paraísos fiscales previenen de que los gobiernos creen un cartel fiscal e impongan tipos impositivos confiscatorios, que dañarían el crecimiento económico”. Si esto es así, la lucha contra los paraísos fiscales no sólo no serviría a la lucha contra la crisis económica sino que, a largo plazo, resultaría en un nuevo impedimento a la recuperación.

Ahora bien, la decisión de la OCDE seguramente le acerque a sus objetivos. Según declara Mitchell a El Imparcial, “la campaña de la OCDE de proteccionismo fiscal está diseñada para debilitar lentamente, pero con firmeza, las jurisdicciones de bajos impuestos, hasta finalmente destruirlas. Los paraísos fiscales se enfrentan a un reto muy serio”.

Si esta “OPEP para los políticos”, como llama Mitchell al cartel fiscal que lucha contra los paraísos fiscales, tiene finalmente éxito, “los contribuyentes de todo el mundo acabarán sufriendo. “Libres de la presión de la competencia fiscal, los políticos volverán a los tipos confiscatorios de los 70’”, continúa el experto del Cato Institute. Precisamente, concluye, “el tipo de políticas que mataron el crecimiento económico durante esa década”. Malas perspectivas para la recuperación.
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