El mundo entero contra Puntland
miércoles 22 de abril de 2009, 20:33h
Más concretamente contra los piratas que desde aquella ancestral tierra de incienso, provincia de Somalia autoproclamada Estado y uno de los puntos geográficos más estratégicos del Mar Rojo y el Océano Índico, en el Cuerno de África, tienen en jaque a las autoridades del resto del mundo. Por fin, han visto que lo que parecían delitos puntuales contra las embarcaciones que surcaban las aguas vecinas son, en la actualidad, una auténtica plaga terrorista movida por poderosos intereses económicos. Porque lo que empezó como una defensa en forma de ataques para disuadir a los barcos extranjeros que acudían a los caladeros somalíes y saqueaban sus aguas con una pesca excesiva y continuó como una represalia por no haber recibido ayuda internacional tras el tsunami de diciembre de 2004, pronto se reveló como una fuente millonaria de ingresos y los piratas ya no necesitaron excusas para seguir con su lucrativo y brutal negocio.
Se autodefinen como una mezcla de Rambo y Robin Hood y, seguramente, ni los propios bucaneros se esperaban que los gobiernos, apoyados por las poderosas navieras y respaldados por las compañías de seguros, resultaran tan fáciles de convencer a la hora de pagar un rescate que, al principio, solía ser de unos cientos de miles de dólares y ahora se cotiza, en la mayoría de los casos, en no menos de un millón. Claro, que los gobiernos tampoco podían imaginarse que aquellos “muertos de hambre” utilizaran la mayor parte del dinero obtenido en ampliar el negocio, adquirir armas, ordenadores portátiles y sistemas de GPS tremendamente sofisticados, a la altura de los ejércitos de cualquier país desarrollado. Lo cierto es que, a pesar de que las autoridades de Puntland niegan las acusaciones de conspiración con las redes piratas, la comunidad internacional no se fía demasiado de los buenos propósitos que han anunciado para poner fin a los secuestros. Y está comprobado que, aún cuando el número de piratas que toman parte directa en el ataque es relativamente bajo, la industria de la piratería involucra a mucha gente y se ha convertido en la principal fuente económica de la zona, a pesar de que quienes mueven realmente los hilos se construyan grandes villas en países lejanos como Canadá, duerman en hoteles de cinco estrellas y viajen con pasaportes falsos por todo el mundo.
Independientemente de la asombrosa imagen del sonriente pirata al que los tribunales de Nueva York juzgarán, después de más de un siglo sin enfrentarse con un delito que en nuestros días parecía más literario que otra cosa, lo que ya nadie duda es que el problema es sumamente grave. Se extiende cada vez más lejos, porque los osados piratas conocen muy bien su mar y no tienen miedo. Más aún, han conseguido una unidad impensable en una zona en la que los inmutables clanes somalíes habían luchado entre sí durante décadas. Ahora, muchos de estos terroristas del mar afirman que han superado recientemente el problema de los clanes porque han descubierto que trabajar juntos es lo mejor para los negocios. Igual que tendría que hacer el resto del mundo, tarde o temprano, para enfrentarse a un enemigo que hasta la fecha había sido subestimado y que ahora exige, en mi opinión, que no haya tantas flotas con comandantes diferentes, si no que se constituya una sola y contundente fuerza bajo la autoridad de la ONU.
|
Escritora
ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora
|
|