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Una democracia regenerada. Los políticos no escuchan

jueves 23 de abril de 2009, 20:19h
A los ciudadanos, mal que a algunos les pese, les preocupa la congelación salarial y, aún más, pasar a engrosar la lista de parados; les interesa la disminución de los impuestos y de las cotizaciones sociales.

A los políticos, en cambio, lo que les obsesiona es la financiación autonómica, negociada bilateralmente pero acordada en un Consejo multilateral en el que bajo el frontispicio de la solidaridad se oculta un cuadro de tintes negros que representa aves de rapiña.

En este sencillo silogismo la conclusión es fácil: los políticos no escuchan a los ciudadanos. Los políticos cantan y bailan a su son, con absoluta marginación de las prioridades y deseos de los ciudadanos.

No obstante lo cual los políticos se acuerdan de los ciudadanos cuando se convocan elecciones. Y les hacen promesas que, eso sí, no son jurídicamente exigibles. Y se convierten en cercanos, sonriendo más que nunca con su mejor cara, aunque de inmediato regresan a sus cuarteles de invierno y se limitan al saludo a distancia con la mano blandida levemente inclinada a derecha e izquierda.

Aunque no lo parezca se han convocado elecciones, nada más volver de Semana Santa, al Parlamento Europeo. Se han mantenido en la clandestinidad pues apenas hemos percibido su existencia por algunos anuncios en las televisiones públicas. Están viviendo de tapadillo aunque, a mes y medio vista, se supone que los estados mayores de los partidos políticos nos invadirán de vallas y de mensajes simplificadores. ¡Ah! Y, por supuesto, de promesas incumplibles o que incumplirán; o de promesas sobre cuestiones que en nada interesan ni preocupan a los ciudadanos. Volverán a ser compromisos de políticos con políticos y para los políticos.

Muy lejos de mi ánimo está la crítica a la democracia como sistema y como procedimiento. Por muy imperfecta que resulte en su aplicación, es insustituible. Pero la democracia no puede reducirse a la simple expresión del voto cada cierto tiempo para que el mismo sea utilizado a su libre albedrío por el partido que lo recibe. Hoy es un clamor de los ciudadanos que el Gobierno no ha adoptado medida alguna que genere la mínima confianza para luchar contra la crisis. Hoy es un grito compartido por la inmensa mayoría que los dos grandes partidos deben suscribir un acuerdo general de regeneración institucional y de lucha contra la depresión económica. Hoy a casi nadie importa la memoria histórica, la instrucción por el Ministerio Fiscal o la ley de plazos del aborto.

Conéctate, dicen los internatutas. Escucha, diría un clásico. Escuchad. Una democracia real y auténtica no es aquélla en la que el pueblo se limita a ser la fuente teórica del poder, sino que lo ha de tener de manera efectiva para lo que debe ser oído de forma permanente, continuada, todos los días. Es posible que entonces se vuelva a preocupar por las elecciones al Parlamento Europeo o por cualesquiera otros comicios. Cuando se emiten amargas quejas de la clase política sobre el preocupante descenso de la participación, nunca se oye una autocrítica por el origen de la desmovilización ciudadana que se encuentra en el propio modo de ejercer el poder desde la distancia, desde la falta de inmediación, desde el ocultismo. Hablan para ellos, se escuchan entre ellos, pero son sordos ante las demandas de los ciudadanos. Se lo guisan y se lo comen. ¿Quién vende ilusión?

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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