Paro masivo frente a engaño masivo
sábado 25 de abril de 2009, 09:35h
Uno de los dichos más bellos e ingeniosos, falsamente asignados a Abraham Lincoln, es aquel de que “se puede engañar a una persona todo el tiempo, se puede engañar a todo el mundo en un momento, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo”. El señor Rodríguez Zapatero, cuyos conocimientos de historia están todavía por descubrir, podría al menos quedarse con la enseñanza de esta frase apócrifa. Recordemos que hace menos de dos años, en julio de 2007, el presidente Zapatero declaró solemnemente ante el Pleno del Parlamento que la siguiente legislatura, si ganaban los socialistas, sería “la del pleno empleo”. Tuvo el valor de presentarse a las elecciones con un cartel en el que, entre su rostro sonriente, aparecían las leyendas: “Por el pleno empleo” y “motivos para creer”. Hasta ese momento, todo lo que ofrecía el Gobierno socialista eran, efectivamente, motivos para situarnos más allá de la realidad, en sucesivas y constantes apelaciones a los sentimientos de los españoles y a sus creencias. Su política ha sido un permanente acto de prestidigitación, una distracción constante de los hechos.
Pero, como suele ocurrir, la realidad que se ha querido soterrar para maquillar encuestas preparaba entre tanto su venganza. Y esa realidad está emergiendo implacable, estallándole al Gobierno en las manos, al punto de erosionar hasta las mismas encuestas que se habían convertido en el objetivo de la política. Entre el discurso y la realidad se ha abierto un abismo que imaginería y teatro ya no son capaces de salvar. Pleno empleo. Cuatro millones de parados. Tras someter promesas y afirmaciones rotundas a un sencillo contraste empírico no hay, en efecto, motivos para creer. Porque un gobierno que vive para el teatro, que sólo mira la realidad para disfrazar encuestas, no está preparado para atender los problemas reales de los españoles. No es ya que no sepa, es que su propio discurso “buenista”, con el que ha construido el falso relato sobre lo que acaece, le impide tomar las medidas necesarias para atajar la sangría de empleos que estamos viviendo. Nueve mil desempleados diarios hasta los cuatro millones. Dos mil seiscientas familias al día se quedan sin ningún empleado, hasta rebasar el millón. Y lo único que dicen el Presidente y su coro de incondicionales es que, como por ensalmo, la situación se enderezará en breve.
De nada sirven las llamadas, constantes, por parte de instituciones públicas y privadas, nacionales e internacionales, para que adopte reformas estructurales profundas y serias, para empezar liberalizando el mercado de trabajo. El Gobierno ha quedado atado a su propio discurso, que piensa le permite avanzar. Mientras tanto, imparable, la que avanza es la cifra del paro.