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caída de popularidad

La crisis amarga el segundo aniversario de Sarkozy en el Elíseo

miércoles 06 de mayo de 2009, 14:11h
La llegada al Elíseo de Nicolas Sarkozy, ganador de las presidenciales hace este miércoles dos años, despertó expectativas que los franceses consideran ahora mayoritariamente minimizadas y que la crisis económica aún pondrá a prueba.
Pasado el "período de gracia" que otorgó al nuevo presidente la presidencia francesa de la Unión Europea (UE) y el "interregno" estadounidense hasta la llegada de Barack Obama, Sarkozy afronta el resto de su mandato con la declarada insatisfacción de buena parte de sus concuidadanos.

Instalado en el palacio presidencial y con la responsabilidad de llevar las riendas europeas en 2008, el período inicial del mandato Sarkozy se vio efectivamente agraciado por iniciativas comunitarias múltiples que pudieron confirmar al ciudadano galo la impresión de un presidente omnipresente.

La transición hacia el demócrata en Washington permitió a Sarkozy brillar en una escena internacional en la que ya dejaron hace tiempo de lucir estadistas con capacidad de iniciativa o con ganas de tenerla. Pero el sondeo del lunes en el diario gratuito "Metro" -el tipo de publicación que ahora muchos trabajadores orientados al desempleo se podrán permitir para no hundirse más en los "números rojos"- ha traducido el impacto real de la crisis sobre el inquilino del palacio de la calle Faubourg Saint-Honoré.

"La primacía de la economía -para lo peor más que para lo mejor- conduce a los políticos a una mayor humildad, comenzando por el primero de ellos", escribió hoy Eric Fottorino en "Le Monde" algo así como para recordar al presidente aquel lema estadounidense que con fortuna esgrimió Bill Clinton contra George Bush padre: "es la economía, estúpido".

El vespertino resumió además en un titular, como es por otra parte su obligación, una sentencia definitiva: "Un ejercicio inédito del poder, sin reforma emblemática"; que es casi lo peor que se podría decir del ambicioso Sarkozy. Este y otros diarios se han prestado al ejercicio de analizar por qué a Sarkozy la historia le está poniendo difícil entrar en sus libros, porque la realidad del sondeo de "Metro" es sólida: seis de cada diez franceses consideran que el balance de la presidencia es "más bien negativo".

Sólo su predecesor, Jacques Chirac, se había tenido que tragar el sapo de sondeos tan poco positivos dos años después de llegar al poder y "Le Monde" martillea: "la revolución está en otro lado: se llama Nicolas Sarkozy y reside en un ejercicio inédito del poder". Porque del activísimo presidente no se puede aún mencionar una gran reforma de calado, como la legalización del aborto (Giscard), la abolición de la pena de muerte (Mitterrand) o la supresión del servicio militar (Chirac), tal como refiere el prestigioso diario.

El manejo de la gestión inicial e internacional de la crisis financiera, la reunión del G-20 y su "plante" ante otros líderes si no se anunciaban medidas concretas o la intervención en la crisis de Georgia en pleno verano de 2008 son algunos pasajes de esta historia de 730 días que ahora marca el calendario, pero pasajes sin calado.

Y el presidente obstinado en dar dinamismo a Francia, quitarle el lastre de un funcionariado difícil de adaptar a las necesidades de la economía globalizada y que "contamina" las estructuras empresariales y de toma de decisiones se ha encontrado de tope con la crisis económica.

A pesar de que la economía podría decrecer "solo" un 2,5% en 2009 -al matiz obliga la comparación con los países vecinos- la crisis inesperada ha hecho de Sarkozy un impulsor de medidas intervencionistas en la industria (automóvil) que además completa con planes de relanzamiento que le alejan de posiciones ideológicas de partida, le reprochan sus críticos.

Una crisis que resuena en las calles, en las que millones de franceses se han manifestado ya tres veces masivamente y para protestar por el paro y la pérdida del poder adquisitivo de cuyo mantenimiento Sarkozy había hecho bandera.

Ante el reto de levantar el tono presidencial para lo que quede de mandato, se antojan casi anecdóticos los intentos de convertir su matrimonio con la ex modelo-cantante Carla Bruni en un tema prolongado de debate de Estado, que sí dieron de sí durante meses pero que ahora parecen ocupar más a cierta opinión pública de otros países que a la propia.

Y casi premonitorias pueden considerarse ahora algunas letras de la primera dama-cantante, que en "Quelq'un m'a dit" susurraba en 2002 y seguramente aún no al oído de su futuro esposo: "Me dicen que el destino bien que se burla de nosotros; que no nos da nada y nos promete todo".
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