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Lina Morgan, la alegría necesaria

Juan José Alonso Millán
domingo 17 de febrero de 2008, 19:14h
Con frecuencia se olvida que cuando los griegos inventaron el teatro en Atenas, unos 180 años antes de que naciera Jesucristo, el logo para publicitarlo fue dos carátulas: la de la risa y la del llanto. A veces los jóvenes, o los intelectuales, desdeñan la importancia de que el público ría en el teatro y así lo vienen padeciendo gentes como Aristófanes, Plauto, Terencio, Ariosto, Cervantes, Lope, Tirso, Mollière, Goldoni, Wilde, Shaw, Ionesco, Muñoz-Seca, Jardiel o Mihura, entre otros.


Lina Morgan es la cómica más espectacular que en los últimos tiempos ha dado España. Verla en un escenario era una fiesta. El público que la seguía con fervor, disfrutaba de dos horas de risa desternillante, que es expresión de alegría. Eso, alegría, es lo que echo de menos en la actual cartelera de nuestro teatro. Por los años sesenta, estrené una de mis primeras comedias, con una jovencísima Lina Morgan, siendo a la sazón su hermano José Luis el empresario. Como decimos en el teatro, no pasó nada. Lina se percató de que para triunfar en la escena había que hacer muchas cosas, menos comedias mías, y así le fue.


En la etapa que yo regentaba el teatro Barceló, formó compañía con su inolvidable hermano José Luis. Estrenó obras de Manolo Baz y García Segura; conjunto de chicas bellísimas, primeras figuras; Florinda Chico, Antonio Ozores, Juanito Navarro, Marisol Ayuso, lujo en decorados y vestuario, es decir, jugándose una pasta sin ayuda ni subvención alguna. Por suerte para ella, sucumbió a una proposición de Coslada, que la ofreció el teatro de La Latina para actuar y más tarde vendérselo. Vendérselo en una condiciones leoninas, esperando que Lina no pudiera recuperar su inmueble. El éxito de la cómica fue tal que no sólo le pudo pagar el teatro, sino que pudo afrontar una reforma que transformó el viejo caserón del antiguo barrio de Lina en uno de los mejores y más modernos locales de Madrid. Un mal día, José Luis, su hermano, desapareció de este mundo y Lina se aburrió de echar salud y el resto sobre el escenario y abandonó, dejando el local en pleno funcionamiento.


Ha pasado el tiempo y estoy seguro de que pronto Lina reaparecerá dispuesta a repartir alegría, que buena falta hace. Dejemos la crispación para los políticos y los dramas sociales, para la sección de sucesos. Lina tiene un deber con su público. Debe volver a su teatro y a olvidarse de que el oficio está politizado, que manda la "cultureta", que depende de las Comunidades y los Ayuntamientos y que, como todo el mundo sabe, la cultura es de izquierdas.


¿Quién lo duda? Pero, el respetable, que no traga caramelos, espera a Lina. Y yo, como loco, me pongo manos a la obra, a escribirle a su medida.

Juan José Alonso Millán

Comediógrafo

JUAN JOSÉ ALONSO MILLÁN es comediógrafo

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