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Derroche de oportunidad de la terna con corrida asequible de Los Recitales

lunes 11 de mayo de 2009, 09:42h
Curro Díaz es del gusto de Madrid. Aquí se descubrió como un torero de filigrana y pellizco, de cosas bonitas. Además, luego, le probó el valor y el coraje. Nadie olvida la Puerta Grande de hace dos años; curiosamente con un toro de la ganadería anunciada par su compromiso de 2009.

Iván Vicente es torero de Madrid. Nacido ¡vamos!. Por lo cual handicap.

Ambel Posada, torero de dinastía, sabe lo que es ganar premios en S.Iisdro, aunque solo por el torero de capote. Llegaba cuajado y en su irregularidad para adaptarse a los animales reside su encanto.

Y sonó el ta-rar-rí. Cuarta de feria. Y sirvió la corrida y los toreros no se enteraron en diferentes grados. Seis silencios.

Se volvió a llenar la plaza. Con el viento habitual que condicionó toda la lidia durante toda la tarde.

Abrió festejo un toro de Los Recitales tan noble como flojo por lo que se defendía, rebrincado, a la hora de tomar la muleta. Curro Díaz le fue construyendo una faena de buen corte, con muletazos de calidad pero sueltos, por el problema del toro apuntado, el viento y obligarle en demasía con la mano muy baja. Labor correcta que no se agradeció más por pinchar dos veces e irse a los bajos en la estocada, siendo reprobado.

No hizo cosas buenas, de salida, el cuarto. Noblote, pero sin clase en la embestida, compuso bien Curro Díaz pero se dejó enganchar mucho al principio para luego resolver muy templado con medios pases con sabor. Lo tuvo que poner casi todo. Cabeza, valor y calidad torera. Pero pinchó.

No sobrado de fuerzas llegó el segundo, pero tenía viaje brioso que la inercia de su acometida prolongaba. Tenía el problema de abrirse y ser sensible a cualquier toque para afuera, cayéndose. Iván Vicente pegó muletazos limpios –los menos-, mejor embrocados que resolviendo; lo hacía desplazando, por lo que costaba un mundo ligar y que el trasteo cogiera vuelo. Quedó la sensación de acoplamiento insuficiente en faena muy larga, hasta sonar aviso, luego dos, tras demorarse con la espada. Pasó a la enfermería resentido de su mano operada este invierno.

El quinto lucía hierro de Fernando Peña. Grande, cuajado. Repetía el toro en la muleta, algo descompuesto, y que se acrecentaba, tal defecto, por la falta de gobierno en la muleta de Iván Vicente. Frío, compuesto sí, pero sin cruzar el rubicón, como cumpliendo un trámite, con corrección, pero lo que había en ésta tarde era una gran oportunidad de emerger.

Ambel Posada no pudo lucir con el capote en su primero como antaño. No se definió el cinqueño de Los Recitales. Sí lo hizo en el caballo donde se empleó. Rompió en la muleta, viniéndose alegre y humillando, repitiendo. Posada le dio sitio y aguantó, templado, la embestida del animal. Lo llevaba por el derecho, sin molestar y todo con mucho gusto. Dosificando los pases de las series y rematando airoso. La izquierda fue un trámite: el viento, el toro más broncote y el torero menos firme. Volvió a la diestra y, con los mismos parámetros, remontar en tarde en que pocas cosas levantaban pasiones. Pinchó.

A poco se lo lleva por delante el sexto cuando quiso recibirle de rodillas, en el tercio. Muy decidido se fue a los medios. Buen empiece, esperando y llevándole por el pitón derecho. Luego el animal no terminó de romper, Posada hizo el esfuerzo, un desarme deslució, y sobrepuesto se justificó con la decisión de inicio y las buenas maneras de siempre.

Pedro J. Cáceres

Crítico taurino y Periodista

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