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El capote de Morante se cobra una oreja con fuerza.

jueves 21 de mayo de 2009, 23:15h
En tarde de bronca continua se volcaron con Morante, quisieron ignorar a Manzanares y exigieron demasiado al confirmante Pinar´.

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid (1ª categoría) 15º festejo de abono. Lleno de no hay billetes en tarde muy calurosa, sofocante.

Sobre el papel una de las tres corridas “estrella” de San Isidro. Pero ya vimos que pasó el martes.

La corrida de Juan Pedro muy desigual de hechuras con un tercero impresentable y de juego noble con dos toros más que notables.1º buen son pero poca fuerza. 2º y 3º devueltos 4º muy bueno, 5º noble, 6º gran toro en la muleta. El primer sobrero de José Vázquez, bajo y bien hecho, serio por delante, sacó mucho temperamento para rajarse. El segundo, cojo, defendiéndose.

Volvía Morante que el pasado festejo no gozó de suerte pero dejó, además de su aroma, su versión mejor de capacidad y valor. Su primer oponente blandeó de salida perdiendo, al hacer un quite el de La Puebla, las manos siendo muy protestado y, por lo tanto, devuelto.

El sobrero, con el hierro de José Vázquez, apretó mucho de salida y, suelto, sorprendió al picador colándosele dos veces, por el derecho, a Morante. Abrió faena como se terminan, con pases por bajo y molinetes de recurso ante el descompuesto agobio del animal que pedía toreo de firmeza. Luego: “toma y daca” que no “tiki, taka”, y el personal “tragó”. Lo pinchó, cuatro veces, a paso de banderilla para dejar media estocada y necesitar de un descabello. Sonó el aviso antes de ser, su labor, silenciada.

El cuarto Salió “al paso”, enterándose. Morante fue en su busca, a la misma boca de riego, y le pegó cinco lances y una media, mecidos para que brotaran los ¡oles! más profundos de todo lo que llevamos de feria para reproducirse, sin solución de continuidad en un galleo por chicuelinas y varios lances a una mano para llevarlo al caballo y otro tanto a la verónica, más despacio todavía, con una media de frente para cerrar. Sublime. Para hacerlo necesitó del toro ideal de son y temple, y, hasta ese momento el de Juan Pedro lo tenía. “Usurpó” el quite correspondiente a Manzanares, fue por chicuelinas flamencas y recorte: el delirio. Brindó su faena a Paz Vega, la actriz e hija del banderillero “Campitos”. Se jalearon los estatuarios, llevándole, y la trincherilla de apertura. En los mismos medios planteó el trasteo por la derecha, el toreo en redondo fue templado, a compás y sutilmente mandón; dos, la segundo más elaborada. Al natural, citando de frente, tuvo que ser al “unipase” porque el toro ya no repetía y no le ayudaba cruzándose un poco más. Corolario pinturero y ¡a matar! A toro encogido, por agotamiento, lo pinchó, luego vino una estocada algo desprendida y afeada por breve derrame pero de efectos rápidos.

Otro sobrero de José Vázquez cupo en suerte a Manzanares para su primer turno. Chico, igualmente, tapándose por muy ancho de sienes y dos “leños”, también cojito; lo disimulaba por pegar oleadas. Dos pares buenos de Trujillo calmaron, momentáneamente, el “guirigay”. No podía, el toro, en la muleta, defendiéndose mucho. Se justificó el alicantino con buena técnica y apostura por largo tiempo, tanto que tuvo que desistir ante la reprobación de la caricatura de lidia para al menos matarlo de una estocada desprendida pero ovacionada.

En el quinto Manzanares se tomó su venganza. Apuntó con el capote, pero fue con la muleta con la que a un toro bueno, noble, pero de embestida no muy largo y algo cabeceando, le dio series empacadas y de impecable técnica. El animal se fue apagando y el torero lo exprimió no sin aguantar a los intolerantes. La estocada merecía la oreja. Fue muy ovacionado.

El toro de la confirmación de Rubén Pinar, primero de la tarde, es era alto, largo, cuajado, con pitones; irreprochable. Tan sólo las fuerzas, justas al emplearse en el caballo y capotes eran su hándicap y la excusa para la protesta. Pinar tras la ceremonia brindó al público y se quedó en el platillo donde con muleta templada pasó, probando, al toro, no menos templado pero acusando los desplazamientos hacia afuera y algún tirón para caerse. Pulcro trasteo, que en ningún momento cogió vuelo, no manejando mal la muleta, pero se le contestaba con frecuencia la colocación, sobre todo en los segundos pases. Finiquitó de media estocada y fue silenciado.

El sexto era grande y basto. Resultó noble en la muleta de Pinar que lo pasó suave de inicio. Luego rompió el animal con fijeza y prontitud, repitiendo y el toricantano lo trajo y lo llevó, con cabeza y sin dejarse presionar por los que le recriminaban, otra vez, la colocación y el torear algo por fuera…según decían, vamos. Lo mató de estocada defectuosa.

Pedro J. Cáceres

Crítico taurino y Periodista

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