ETA y el nazionalismo cómplice
martes 23 de junio de 2009, 21:53h
El cruel asesinato de Eduardo Puelles ha puesto en evidencia que no era cierto eso de que las muertes que provoca ETA eran asesinatos inútiles. Algunos llevamos ya demasiados años denunciando que los asesinatos de ETA tenían utilidad política. Son muchos los que han visto con este asesinato que durante treinta años el ritual de la muerte había sido distinto. Siempre equidistante. Como es cierta la relación directa entre la actividad criminal de ETA y los niveles de autogobierno conseguidos por el nazionalismo vasco. Nunca nadie del arco político nazionalista trabajó para derrotar a ETA, a pesar de todos los medios de que dispusieron, a lo largo de estos treinta años.
El cambio en Euskadi se ha puesto de largo con el tratamiento institucional y la reacción política que ha liderado el Lehendakari López con el apoyo total del líder popular Basagoiti. Es terrible pensar que se han necesitado treinta años para que se convierta en llamativo lo que tendría que ser normal. Es indignante que sea motivo de portada que el Presidente del Gobierno Vasco condene rotundamente el asesinato de un ejemplar servidor público. Es espeluznante que hayan tenido que asesinar a Eduardo Puelles para que la Ertzaintza actúe retirando un cartel en recuerdo y homenaje de un terrorista en la plaza de Arrigorriaga. Todo esto es noticia porque lo normal está por fin sucediendo en Euskadi con treinta años de retraso. Treinta años perdidos por el negocio de ETA, el nazionalismo vasco y especialmente el PNV.
En marzo de 1991, Xabier Arzalluz y Gorka Agirre mantuvieron una entrevista con tres representantes de KAS en el país vasco-francés. Durante la entrevista, de la que conocemos el acta, Arzalluz dijo: “No conozco ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan. Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas”. El portavoz del PNV, Joseba Egibar, en septiembre de 1993 en un debate con su homólogo batasuno, Floren Aoiz, espetó a su oponente un argumento irrebatible: “Si ETA y HB existen es porque antes existió el PNV”. También se deben a Arzalluz las perlas siguientes: “ETA es la espuma y nosotros la cerveza”, “No es buena la derrota de ETA, no es buena para el nacionalismo” y “Los vascos somos mucho más directos que los catalanes. Nadie se imagina a un catalán con un arma en la mano. A un vasco, sí, es una cuestión de carácter”. Realmente es una cuestión de delincuencia y de terrorismo político nazionalista. O sea, de mafia con supuestas excusas políticas.
Siempre me ha sorprendido cómo muchos y muy sensatos compañeros periodistas hablaban del “nacionalismo democrático” refiriéndose al PNV o a EA. Un error inducido por un complejo sobrevenido de los tiempos de la dictadura y por un reparto de papeles entre políticos del nazionalismo en donde unos hacían de buenos y otros de duros, pero siempre se actuaba en favor de la permanencia y el bienestar de ETA. Y si era necesario se pactaba directamente con ella. Por mucho que estén en el Parlamento Español y por muy educados y sensatos que aparenten ser, los nazionalistas vascos han sido cómplices necesarios del terrorismo.
Los acontecimientos y discursos del fin de semana son ilusionantes a pesar de haberlos pronunciados personajes que hace siete meses se sentaban en el banquillo por participar en negociaciones torticeras con los asesinos de Puelles. Quiero pensar que las palabras de López suponen una distancia infinita y definitiva con cualquier devaneo de los pronacionalistas de su partido (Eguiguren y compañía) con los Oteguis y la ETA “política”. Espero y deseo que la escalera de los ertzainas retirando el cartelito del terrorista, que el alcalde del PNV de Arrigorriaga mantenía en su plaza, sea la metáfora de la acción política para la desaparición de ANV, los cómplices de los asesinos de Eduardo, de los 42 municipios en los que tienen representación. Cuando se inste desde el Gobierno la disolución de las 42 corporaciones creeré que el Gobierno y el PSOE, por fin, montan la escalera legal para trabajar en la derrota de ETA. Es imprescindible que del dicho se pase al hecho.
No se pueden frustrar las expectativas de tanta gente que ha resistido treinta años de gobiernos nazionalistas cómplices del terrorismo. La memoria de los 827 asesinados por ETA y la de todas las víctimas del terrorismo merece que se hagan realidad todas las esperanzas que muchos ciudadanos albergamos, desde este fin de semana, acompañadas de un profundo y sentido dolor por el asesinato de Eduardo. Puelles se sentirá muy orgulloso si, después de haber colaborado en la detención de 70 terroristas en vida, termina con ellos y sus cómplices tras su muerte.
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Empresario y periodista
ROMÁN CENDOYA es empresario, periodista y colaborador como analista político en distintos medios de comunicación
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