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Madrid, la gran zanja: trampa de comerciantes y castigo de transeúntes

sábado 18 de julio de 2009, 00:02h
Comunidad y Ayuntamiento de Madrid andan a la greña por la paralización de las obras de la calle Serrano. El motivo son los restos arqueológicos de una cerca construida durante el reinado de Felipe IV, y cuya relevancia histórica es escasa. El consistorio echa la culpa al gobierno autonómico y no ha tenido mejor ocurrencia que poner carteles en los que acusa a la Comunidad de Madrid de la interrupción de dichas obras. Como en el título de Uderzo, “Asterix y la gran zanja” la capital se halla horadada no por una zanja, la de la calle Serrano -bastante grande de por sí-, sino por cientos de socavones y acometidas que convierten a Madrid en una ciudad sumamente incómoda. Cierto es que todos los veranos se aprovecha para realizar imprescindibles reformas pero, como dijo Danny DeVito en una reciente visita, “Madrid estará mejor cuando encuentren el tesoro”, en clara alusión a la enorme cantidad de obras.

Obras, por otro lado, que bien están si son para realizar mejoras. Quizá la necesidad de algunas no es tan imperiosa como podría pensarse, pero estando detrás el “Plan E” del gobierno central, se asume que sus frutos sean tanto para el común de la ciudadanía como para los trabajadores a los que emplean. Entre tanto, los comerciantes de las zonas afectadas se quejan, y con razón, de que la pugna entre dos administraciones les esté suponiendo un lucro cesante al que muchos no podrán hacer frente. Y eso es inadmisible.

Conviene recordar que la ley que obliga a mantener in situ los restos arqueológicos fue aprobada siendo Alberto Ruiz Gallardón alcalde, como proyecto personal suyo. En base a dicha ley, si hay que retranquear algún resto arqueológico o disminuir una pocas plazas de estacionamiento, se hace y punto, pero de ahí a paralizar unas obras de tal magnitud media un abismo. Por eso, la Comunidad de Madrid responsabiliza al Ayuntamiento del parón. Ante este caos, todos los ciudadanos se ven perjudicados pero, en el caso de los comerciantes, los daños pueden resultar letales. Es un hecho que las arcas del consistorio están vacías y que obras tan impresionantes como el soterramiento de la M-30 (inacabado por falta de liquidez) o el oneroso e injustificable traslado de la Casa de la Villa al Palacio de Correos no ayudan precisamente a reponer la tesorería del Ayuntamiento. Que el señor Gallardón haga lo que tenga que hacer y, si no puede, que busque soluciones, en lugar de peleas. Fundamentalmente, con su propio partido.
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