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Mujeres de hoy. Reproducción y sofisticación

Mariana Urquijo Reguera
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lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
domingo 19 de julio de 2009, 16:18h
Cuando una piensa en cómo vivían nuestras abuelas, trabajando y ocupándose de la familia y de las cosas de la casa, una se echa a temblar. Si bien antes la vida transcurría a otro ritmo, las ocupaciones eran también más lentas y pesadas. Y entonces, piensas en la tecnología como la salvación, que facilita la vida y las tareas del cuidado, aunque también acelere e imponga nuevas necesidades.

Si hoy, con el ritmo frenético con el que vivimos cada día, entre el trabajo, la familia, los amigos, el poco tiempo que resta a todas estas labores, es poco tiempo para cocinar, limpiar y atender al orden de nuestra casa. Entonces, ¿cómo hacían ellas sin lavadoras, sin lavavajillas, sin todos esos productos que facilitar la limpieza, sin todos los productos que vienen ya elaborados para comer? La única respuesta factible que se me ocurre es que dormían mucho menos.

Parece que gracias a todas estas facilidades de la tecnología y de la técnica aplicada a la limpieza y a la alimentación, nos ahorramos mucho tiempo, ahora bien, ahorro que no implica la eliminación total de estas necesidades. La contrapartida de este ahorro de tiempo de trabajo humano, es, además, como siempre, un mayor uso de energías y de productos químicos de los que no se beneficia nada la Tierra, o en terminología contemporánea, el medio ambiente.

Y por mucho que ahorremos, todo esto no evita tener que hacer todas estas cosas, porque pertenecen a un orden de necesidades que es ineludible. Necesidades básicas si se quiere, a las que se han sumado las necesidades del nuevo ritmo de vida (ritmo que no modo).

Cuando Hanna Arendt distinguía hace ya 40 años entre el trabajo productivo y el reproductivo, proponía algo tan desalentador como enriquecedor. Si bien el trabajo productivo es el que asociamos a cualquier fábrica o empresa, al concepto de progreso, de creación, se trata de una producción que acumula y acumula, siempre más; el trabajo reproductivo sin embargo está asociado a un género, a las mujeres, que se ocupan del cuidado de las necesidades vitales de las personas y de la especie, de la reproducción, al ciclo de la vida, a la repetición.

Se trata de todos aquellos trabajos que hay que hacer cada día, cada tanto, toca volver a hacerlos, y como un volver y volver que cantara un tango, las canas se posan en la sien y la frente se marchita, y por mucha tecnología que produzcamos, no podemos evitar tener que volver a empezar siempre. Empezando por la reproducción de la especie, que siempre hay que empezar de nuevo. Producir el pan, cada día. Limpiar la casa, cada día. Comer, cada día. Asearse, cada día. Cultivar la tierra, cada estación etc. etc.

Pero ¿y cómo se las arreglan hoy las mujeres? Cuando la igualdad en las posibilidades y en la realización de los proyectos vitales ha llevado a multitud de mujeres a formarse, a trabajar, a seguir formándose, a vivir experiencias inimaginables para nuestras abuelas, a vivir en horizontes amplísimos impensables hace tres generaciones. Y habiendo sumado todo esto, ¿nos salvamos de algo? ¿o simplemente hemos aumentado nuestras necesidades?

El otro día bromeaba con una amiga, que después de una carrera, dos Másters, multitud de viajes, hablando varios idiomas y con una carrera profesional rica y compleja, el sábado por la mañana, periódico en mano, una mira a su alrededor y lo que vemos es el polvo acumulado en la semana, el desorden generado, los papeles revueltos y la nevera vacía y así, dejamos el periódico y... toca limpiar. Como cada mujer durante toda la historia, antes o después, toca volver a lo de siempre.

Y después de tanto estudio y una mañana limpiando, una siente un cierto desconsuelo y se identifica inevitablemente con la mujer como género, con la inevitable obligación de volver y volver. Y mientras fumas un cigarro intentando encontrar la máscara de modernidad que vistes durante la semana, te preguntas ¿y dónde queda tu sofisticación? Te entra un escalofrío y ves delante de tí la película de tus paradojas, entre la modernidad y la necesidad de la reproducción, entre las exigencias de los roles femeninos contemporáneos y los de siempre (y no olvidamos que los hombres se incorporan cada vez más a estas paradojas contemporáneas). Pero entonces, piensas en tu abuela y te invade una admiración visceral.

Mariana Urquijo Reguera

Filósofa, profesora e investigadora.

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