Chávez, Moratinos y el Pino Puente
viernes 07 de agosto de 2009, 20:34h
Mientras la Vicepresidente Primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, emprende su quinto periplo agosteño por Iberoamérica, el Ministro de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos disfruta de sus primeros en casa tras su estancia en Venezuela con “llámame Hugo”. El Presidente bolivariano imparte lecciones de democracia fraudulenta a partir de una reescritura de la historia. Según el antiguo sargento, el proceso de la independencia de América Latina no concluyó conforme a los principios invocados y ahora se reactiva de nuevo bajo su égida mayestática para alcanzarlos, eso sí en la forma del mercandillismo atemporal incompatible con la tríada de la libertad, la igualdad y el pluralismo. A nuestro Presidente también le place releer la historia y entender la transición como un tiempo perdido, frustrado, lastrado por los débiles espíritus conciliadores, abogando por abrir fosas, recuperar memorias y completar la obra de la república de los trabajadores de todas clases.
“Llámame Hugo” defiende al hondureño Zelaya que “ganó unas elecciones limpias y lo sacaron a empujones con la punta de los fusiles”. Oculta, sin embargo, que el tal Zelaya se mantuvo en el poder gracias al petróleo gratuito de Chávez que necesitaba contar con nuevos soldados en su cruzada del neopopulismo de gritos y consignas. Zelaya se sumió a la pretensión de eliminar el nuclear freno a la perpetuación en el poder que es la limitación de los mandatos, impulsada también por Daniel Ortega en Nicaragua y por el cocalero Evo Morales en Bolivia. Chávez ya abolió y, aunque saca las normas cada cierto tiempo a pasear, renueva su mandato sin dificultad auspiciado por la marea roja. El aprendiz chavista de nombre Zelaya se encontró con la reacción de las instituciones que frenaron la llamada “cuarta norma”, la que decidiría si el estandarte del constitucionalismo latinoamericano- la prohibición de reelección inmediata- pasaba a mejor vida. A partir de aquí probablemente cundió el pánico y los errores se fueron sucediendo en Tegucigalpa aunque no se ajusta a la realidad la calificación del de Micheletti como “gobierno de facto”. Lamentablemente no resulta factible, de acuerdo con la Constitución hondureña, el adelanto electoral y habrá que esperar hasta noviembre para oír la voz de los ciudadanos del pequeño país centroamericano. Pero Zelaya no será candidato. Ya, ciertamente, no podrá repetir y sólo le cabrá resucitar encarnado en su mujer (al modo de Kirchner) o en algún sosias manejable (al modo del priísmo histórico) que aplique la democracia con sordina.
Que se nos ponga como ejemplo a España por “llámame Hugo” por la firmeza en relación con Honduras es patético. Que aceptamos que “llámame Hugo” otorgue certificados de democracia es humillante. Que soportemos sin rechistar que “llámame Hugo”, según su mejor o peor humor, nos insulte o nos permita tutearle, nos expropie sin indemnización o nos cante un merengue desafinado, es sencillamente para llorar o para borrarse. En fin, entiendo perfectamente que la política exterior es posibilista y que las alianzas estratégicas se justifican por el superior principio del interés nacional, pero de ahí a participar en pantomimas o reír las gracias al amigo del Irán nuclear de otro gran demócrata que es Mamad Ahmadineyad, hay una gran distancia que la dignidad no debe permitir recorrer. Pero ya se sabe que a nuestros políticos les encanta ir al gimnasio y además de sudar la camiseta en las máquinas correcaminos, no les importa lo más mínimo, y sin descalzarse, hacer el pino puente..... y lo que haga falta.
Tampoco en este lado del charco imperan las reflexiones mínimamente sostenibles. El recientemente investido Presidente de la Junta de Andalucía, el heredero del otro chavismo, siempre tenido por culto y abierto, se rompe los sesos y asegura que: “El proceso de negociación de la financiación autonómica ha sido muy conflictivo”. No lo dudamos, Sr. Griñán, pero lo realmente insostenible es el modelo configurado, a la carta de las presiones del momento. Traerá pan para los insaciables tesoros autonómicos pero hambre para el futuro de una España disociada e invertebrada. Y todos lo saben.
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Catedrático y Abogado
ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial
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