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Cabo San Vicente: Finis Terrae

viernes 14 de agosto de 2009, 19:25h
Al final del Algarve, donde Portugal se acoda, los vientos azotan las rocas que caen sobre el mar y las turbulentas aguas del océano baten los espectaculares acantilados del Cabo San Vicente. Uno de los Finis Terrae de la antigüedad aguanta impertérrito los chubascos, las olas que con fuerza y bravura chocan contra las viejas piedras que sostienen el faro que, desde el siglo XVIII alumbra, noventa y cinco metros mar adentro, a quienes viajan hacia el sur, hacía la lejana América, hacia el Cabo de Buena Esperanza, o simplemente se adentran en el Mediterráneo.

En el Cabo San Vicente todo impresiona: la majestuosa vista, la altura de los acantilados, el vértigo ante la grandiosidad e inmensidad del mar, el permanente sonido del viento, el embate de las olas, y los bellos atardeceres, excepcionales, en los que un sol naranja se difumina en el Atlántico, se apaga al fundirse lentamente con el agua, de tonalidad grisácea la mayor parte de los días.

Una hermosa experiencia llegar hasta el punto más al oeste peninsular, un lugar de mitos y leyendas. Su nombre actual deriva de la leyenda cristiana que asegura que hasta allí llegaron los restos de San Vicente tras ser martirizado en Valencia en el siglo IV. Loa restos estuvieron en estas tierras durante dos siglos, hasta que unos cuervos los condujeron en barco hasta Lisboa, donde arribarían en 1173.

A este singular accidente geográfico, con sus setenta y cinco metros de paredes verticales despeñándose sobre al mar, se le conocía en tiempos romanos como Promontorium Sacrum, lugar dedicado al Dios Saturno. Estrabón, el gran geógrafo e historiador griego de la época romana, nacido en el 64 a. C., gran viajero, que recorrió las regiones orientales del Imperio, desde el Mar negro a Etiopia y que visitó el Nilo hasta Asuan, escribió un compendio geográfico bajo el título Geographiká. Esta gran obra consta de 17 volúmenes y en la misma se da una descripción detallada del mundo tal como se conocía en la antigüedad, al tiempo que profundiza de forma pormenorizada en las costumbres, gentes e instituciones de la Roma Republicana. El tercero de los libros lo dedicó a la Península Ibérica y el geógrafo, que nunca estuvo por estos lares, incluyó el Cabo San Vicente como el lugar que “no era el punto más occidental de Europa, sino de todo el mundo habitado”. Una sensación que hoy permanece viva.

Frente al cabo se produjo la conocida Batalla del Cabo San Vicente, un combate naval que tuvo lugar el 14 de febrero de 1797 entre España, aliada en aquel entonces a la Francia revolucionaria merced al Tratado de San Ildefonso, e Inglaterra en el marco de las guerras revolucionarias francesas. La batalla, en la que participó Nelson acabó con la derrota de la escuadra española.

En el sur de Portugal, en el turístico Algarve, tras pasar Faro, Albufeira, Portimano y Lagos, la costa se encamina hacia Sagres, el último punto sudoccidental europeo habitado, desde donde parte la carretera que seis kilómetros después termina en el Cabo San Vicente. En este pequeña ciudad casi todo permanece intacto. Aquí todavía no han llegado las turbamultas turísticas, ni los rascacielos ni campos de golf. Sagres y sus espectaculares playas, donde el viento azota sin compasión, es la gloria de los windsurfistas. Como consecuencia de los numerosos y frecuentes movimientos sísmicos, en la zona quedan pocos testimonios de su brillante pasado: restos de la fortaleza, construida en el siglo XV, parcialmente destruida por Francis Draque en 1587 y por el terrible terremoto que en 1755 asoló Portugal. Actualmente se conserva la muralla, la iglesia de Graca y la Venta da Rosa, una enorme rosa de los vientos de 43 metros de diámetro. Se dice que este lugar, fue construido para albergar la famosa Escuela Náutica de Don Henrique el Navegante que atrajo a los mejores astrónomos y científicos y cartógrafos del mundo. Fernando Magallanes, Vasco de Gama y hasta el propio Cristóbal Colón adquirieron en este centro los conocimientos necesarios que les llevaron a cambiar el mapa del mundo y a iniciar la navegación astronómica.

A la muerte de Don Henrique, la escuela se trasladó a Lisboa y desde entonces Sagres y el Cabo de San Vicente permanecieron envueltos por el viento, por la lluvia, por soledad. Hoy, cuando se visita el faro se siente la misma sensación, sigue siendo el Finis Terrae.

Isabel Sagüés

Periodista

Isabel Sagüés es periodista y MBA en Administraciones Públicas y Master en Comunidades. Ha dirigido entre otras entidades culturales sin ánimo de lucro la Fundación Canalejas y la Fundación ICO

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