Violencia en el Cáucaso
martes 18 de agosto de 2009, 00:42h
El atentado perpetrado en la ciudad de Zarzán, en Ingushtesia,-república caucásica perteneciente a la Federación Rusa y fronteriza con la conflictiva Chechenia-, nos recuerda cuán extendida y arraigada está la pandemia del terrorismo, sobre todo en aquellas regiones con países con problemas étnicos, en algún caso, poderosamente agravados tras la ruptura de ese estado multinacional que fue la Unión Soviética.
Tras el colapso del comunismo en 1989, la región del Cáucaso ha sido como un barril de dinamita para un territorio predestinado al conflicto. El factor étnico y religioso presente en una región con fuerte arraigo islámico, así como la presión constante que ejerce Rusia sobre las ex repúblicas soviéticas, ha contribuido a la germinación de grupos guerrilleros de corte yihadista a lo largo de la región euroasiática. En este sentido, el caso del terrorismo chechenio es uno de los ejemplos más delicados y representativos de un fenómeno que paulatinamente se ha ido extendiendo por la zona en los últimos veinte años.
Ingushtesia, que hasta el 2 de junio de 1992 formó parte de Chechenia, no está exenta de la violencia que padece buena parte de la región caucásica. El coche bomba que se cobró la vida de 19 personas este lunes y que dejó un total de 69 heridos, es el resultado de la expansión del conflicto chechenio más allá de sus bordes. Este atentado es el segundo que sufre Ingushtesia en un mes. El primero, que tuvo lugar el 22 de junio pasado, casi le cuesta la vida a el presidente de ese país, Yunus-Bek Yevkurov.
El Cáucaso es una región proclive a la incubación de conflictos internacionales y tan peligrosa como la de Oriente Medio, Asia Central o algunas zonas de África. Por ello, debe ser cuidadosamente analizada por la comunidad internacional y no, como se ha hecho hasta ahora, interpretándose siempre en función exclusiva de la coyuntura rusa. No debe olvidarse que ese territorio, tan vasto y a la vez desconocido por muchos, está colocado en un cruce de caminos y alberga una considerable concentración de recursos minerales y energéticos, como el petróleo y el uranio. Situación estratégica y recursos convierten la región en un lugar muy polarizado y en terreno proclive al terrorismo y a la guerra. Lo que ocurrió en Osetia del Sur y Asbajia, así como los lamentables incidentes ocurridos en Zarzán, son una prueba de ello.